Opinión

¿Dónde quedó la cultura? / El peso de las razones

El gobierno tiene la obligación no sólo de administrar adecuadamente los recursos en beneficio de sus ciudadanos sino de velar por el crecimiento humano y promover la excelencia íntegra de los individuos. Un factor olvidado suele ser la cultura. Ésta se caracteriza esencialmente por fomentar nuevas perspectivas y ampliarlas, además brinda al sujeto la capacidad para relacionarse de manera más completa y rica con su entorno: tanto con el mundo como con los demás seres humanos. Un entorno hostil suele y puede generar personas hostiles, un entorno estético y ético, personas íntegras y buenos ciudadanos. El gobierno debería proporcionar el entorno adecuado para el desarrollo de sus gobernados. Aquí algunas claves:

La gratuidad de la cultura. Todo lo que tenga que ver con la cultura suele relacionarse con la elite. Sólo algunos cuantos tienen los recursos para acceder a las letras y a las manifestaciones artísticas y culturales. Y no sólo eso. Sólo un puñado de personas tienen la formación que se requiere para entenderlas y valorarlas adecuadamente. Es tarea de las instituciones públicas proporcionar la formación necesaria a sus ciudadanos, así como poner la cultura en sus manos, sobrepasando la distancia que la hace ver como algo destinado sólo a un grupo privilegiado. Para ello, un punto de vital importancia es el carácter gratuito de la cultura. El gobierno debe luchar por implantar la gratuidad tanto de los cursos y talleres, como de las exposiciones, conciertos y manifestaciones culturales de todo tipo.

Colaboración de las instituciones públicas y privadas. También es necesario que el gobierno se ponga a trabajar codo a codo con instituciones privadas. El esquema peso por peso es una buena medida. Por cada peso proporcionado por una institución privada, el gobierno debe comprometerse a dar otro peso. La intención es atraer movimientos culturales de peso y envergadura. Los gobiernos deben luchar por traer no sólo movimientos culturales periféricos sino centrales tanto en su importancia como en su calidad. Para lograrlo es necesario el trabajo conjunto. Además, es necesario que este punto no sea una excepción, sino una constante.

La cultura en el espacio público. Una medida implantada ya en muchas ciudades europeas y latinoamericanas (y que poco a poco empieza a suceder en Aguascalientes) que ha traído excelentes resultados es la llamada “invasión del espacio público”. La cultura no debe estar destinada sólo al museo. Los museos pueden asfixiar al arte y a la cultura. Invadir el espacio público con exposiciones pictóricas, fotográficas y escultóricas y conciertos al aire libre, brinda a la cultura de un aire general, accesible a cualquier persona. El museo a veces anquilosa y fosiliza. En vez de resguardar, aleja. Siempre es necesario un poco de aire fresco.

La ciudad: un monumento. Otra medida que ya ha visto muy buenos frutos es la conservación del patrimonio cultural que encarna la misma ciudad, tanto en sus construcciones como en sus monumentos. Conservar fachadas y restaurar centros históricos no es una patente de las ciudades de corte colonial. La ciudad por sí misma encarna historia, sus paredes y sus calles deben emanar cultura. Traer a los ciudadanos en cada rincón a un encuentro con su pasado es una manera fructífera de ponerlos en contacto con una cultura que puede perderse en la industrialización. La otra cara de la moneda es el futuro. La ciudad debe proyectar su pasado hacia el futuro. La creación de nuevos espacios para la cultura no va en detrimento de las instituciones y espacios establecidos.

Creación de espacios para la cultura. Es de vital importancia que el gobierno fomente la apertura de espacios para la cultura y las letras. Las revistas, las gacetas culturales, las ediciones patrocinadas por instituciones públicas son sólo un primer paso. Aquí es necesario cuestionarse, ¿por qué no existen secciones culturales en los diarios? Sólo porque no es del interés general de los lectores, o porque es poco lo que hay que decir al respecto. La tarea del gobierno es que, al menos, haya algo que decirse.   

Por mi parte, sólo espero que el nuevo gobierno no se olvide de una tarea que suele dejarse de lado cada sexenio. Por el momento se contenta con exhibiciones cercanas a la cínica propaganda (véanse los nuevos programas de Canal 11, John & Sabina y La maroma estelar; así como los diversos planes editoriales del Fondo de Cultura Económica). Veamos qué pasa.

 

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Mario Gensollen

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