Opinión

El derecho a la salud / Análisis de lo cotidiano

El Artículo 4º de la Constitución Mexicana dice a la letra: “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud. La ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y establecerá la concurrencia de la Federación y las entidades federativas en materia de salubridad general”. Y hasta aquí todo suena bien ya que se le concede al Estado mexicano la autoridad y capacidad para procurarnos la salud a todos los connacionales. El problema comienza cuando se establece que el Gobierno Federal junto con los gobiernos estatales verán la manera de que la salud se cuide y se procure a través de las instituciones que los mismos gobiernos crearán, mantendrán, supervisarán y harán crecer. Porque el Estado no ha tenido nunca una situación clara y definida sobre quién es el responsable de cuidar nuestra salud. La historia comenzó en 1943 (hace apenas 76 años) cuando el presidente Manuel Ávila Camacho creó la Secretaría de Salubridad y Asistencia que se encargaría de crear hospitales y centros de salud por todo el país. Sólo que se vio que sostener esa enorme tarea de darle salud a todo el país sería tan costoso que, por ello, al mismo tiempo se creó el Instituto Mexicano del Seguro Social, en 1944, que garantizaba su existencia porque sería pagado por tres partes. Una tercera porción por el trabajador, otra tercera por el patrón y una más por el mismo Estado. Y funcionó. Rápidamente fue evidente que el IMSS tenía dinero y la SSA no. El Seguro Social podía adquirir los mejores equipos, pagar mejor a sus médicos y personal de salud y construir los mejores hospitales. Ello quedó demostrado con la inauguración del impresionante Centro Médico Nacional Siglo XXI en 1961 por el presidente López Mateos. Un verdadero prodigio de modernidad en ciencia y tecnología al servicio de la Medicina. Desde el principio hubo confusión y dispersión de los recursos, porque al mismo tiempo se estableció que los empleados del gobierno tendrían su propio sistema, que se llamó Issste. Y así empezó el desorden porque cada institución trabaja por su cuenta, con lo cual se fomenta la separación más que la unión. El asunto se complica más cuando el Instituto Nacional de Protección a la Infancia que se creó para servir los desayunos escolares, se transformó en Instituto Mexicano de Asistencia a la Niñez en 1975, con su propio hospital y sistema de salud dirigido a los niños, sin conexión alguna con el Hospital Infantil de México que ya existía. Dos años después se transforma nuevamente, ahora se llama Sistema DIF y tiene una gran ingerencia en salud en las áreas de rehabilitación, fisioterapia, pediatría y salud mental. Sólo que la meta inicial de cobertura social en salud gratuita no se ha alcanzado. Esto sólo existe en pocos países y son europeos como Alemania, Holanda, Noruega, Suecia, Finlandia y Dinamarca, curiosamente en cinco de ellos conviven la monarquía y el sistema socialista. Los servicios de salud son de altísima calidad y totalmente gratuitos. Nuestros vecinos del norte, los Estados Unidos tienen la medicina más costosa del mundo. La calidad de la Medicina es excelente, pero el gasto en salud suele ser catastrófico para muchas familias e incluso aseguradoras. Actualmente y de acuerdo con el informe de nuestra Secretaría de Salud a nivel federal, los servicios de salud tanto de la misma secretaría, como del IMSS, Issste y DIF estén en quiebra. Y además desapareció este año el Seguro Popular que se había creado como una opción para los desempleados o con economía informal. En nuestro país la protección a la salud nunca ha sido gratuita y se ve muy lejano el día que esto se consiga.

 

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Héctor Grijalva

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