Opinión

El día que Arturo Ávila sepultó su campaña / La columna J

“Dime con quién te juntas y te diré quién eres”.

Arturo Ávila es un empresario que decidió participar en la elección a la alcaldía de Aguascalientes, aparentemente es un hombre de negocios exitoso, quien tuvo un considerable crecimiento en la administración del exgobernador priista Carlos Lozano. Esto no refiere ninguna acusación, puesto que el que acusa debe de comprobar lo propio.

Hace ocho meses era un nombre poco conocido en el ámbito de la política, sin embargo, con una interesante campaña de posicionamiento logró ser el perfil más rentable de Morena, situación difícil dado el posicionamiento que tuvo el partido en las pasadas elecciones.

El inicio de su campaña fue verdaderamente controversial, puesto que hubo diversos medios jurídicos en los que tumbaban su candidatura, de manera paralela un grupo de radicales de su partido tomaron las instalaciones, hasta hace tres semanas lograron hacer una especie de operación cicatriz. Desde mi punto de vista demasiado tarde.

Su campaña cada vez se ha hecho más polémica, desde la ocurrencia de llevar una “A” gigante a la plaza principal sin los permisos correspondientes y después declarar que el H. Ayuntamiento atropelló y afectó su campaña, hasta el modo grosero e impertinente de decirle gordo a Iván Sánchez Nájera, candidato del PRD. Esos son síntomas de inmadurez política y de soberbia, las pasiones son las grandes debilidades de un político.

“La corrupción se convirtió en la principal función del poder político. Si me piden que exprese en una frase el plan del nuevo gobierno, respondo: acabar con la corrupción y la impunidad”, Andrés Manuel López Obrador.

Arturo Ávila quiso enfocar su campaña en el combate a la corrupción, sin duda alguna, la corrupción es uno de los males que más han azotado a nuestro país. Pero considero que fue un verdadero acto de incongruencia y el mayor error de su campaña, el haber realizado una rueda de prensa con el político más desprestigiado del era moderna después de Javier Duarte, René Bejarano.

Cuando los videoescándalos estallaron en las pantallas de televisión en marzo del 2004, las ondas expansivas cimbraron al país entero, desbordando los márgenes del ámbito político y poniendo en entredicho los mecanismos sistémicos de control de daños y de ajustes tras bastidores.

“Muchos de ellos, por complacer a tiranos por un puñado de monedas, o por cohecho están traicionando y derramando la sangre de sus hermanos”, Emiliano Zapata.

El segundo video que fue dado a la luz pública el 3 de marzo, en el programa noticioso matutino de Brozo en esa misma cadena, René Bejarano -el principal operador político del entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, Andrés Manuel López Obrador- aparece guardándose, con una avidez desfachatada, fajos de billetes que recibe del empresario Carlos Ahumada. El diálogo que sostiene deja en claro que el dinero recibido compromete a Bejarano a hacer gestiones con su jefe.

Ahumada puntualizó después que estaba siendo extorsionado por Bejarano, quien le exigía dinero para aceitar los engranes y lograr así liberar los pagos que le debían a las empresas de Carlos Ahumada por obras de construcción realizada para el Gobierno del Distrito Federal, en aquel entonces.

Es decir, René Bejarano es el máximo símbolo de la corrupción y lo traen a dar una rueda de prensa en la que avala y apoya el candidato que enfoca su campaña en la lucha anticorrupción, vaya ironía. Es un acto fuera de toda proporción de inteligencia, es un acto de desvergüenza y de burla a los aguascalentenses, sólo falta que traigan a un narcotraficante y lo nombren encargado de la seguridad pública del municipio.

La semana pasada referí que las encuestas dan 30 puntos de ventaja a Tere Jiménez, no es una encuesta, son demasiadas, creo que las campañas políticas deben tener congruencia. Morena jugó muy mal sus cartas. Me canso ganso que la justicia nos alcanza a todos, a René Bejarano lo expulsó de toda credibilidad política, esa mancha no es una estadía en la cárcel la cual tiene fecha de vencimiento, su estigma lo cargará por el resto de su vida. Arturo Ávila vera será su propio testigo de que a la gente no se le puede engañar, y que un político si quiere crecer debe tener congruencia entre lo que dice y hace.

IN SILENTIO MEI VERBA.

 

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Roberto Valdés Ahumada

Roberto Valdés Ahumada

1 Comment

  1. venado
    28/05/2019 at 17:58 — Responder

    Cierto. Debe haber congruencia, pero si Arturo Ávila la riega, tenemos PRESIDENTE que observa y corrije.

    En cambio si la riega tere jiménez….recibe apapacho…o no?

¡Participa!