Opinión

El peligroso capricho de Dos Bocas

El presidente López Obrador ha demostrado ser un hombre autoritario y caprichoso. Le gusta que las cosas se hagan a su manera y defiende sus “verdades” desestimando las opiniones de quienes contradicen su forma de pensar.

Lo ha demostrado ya en varias ocasiones y los efectos han sido palpables: ahí está la caída de ocho posiciones de México en el ranking de confianza de Inversión Extranjera Directa (IED) de la consulta norteamericana AT Kearney, producto de la cancelación del aeropuerto en Texcoco.

Hoy el nuevo capricho del titular del Ejecutivo se llama Dos Bocas, un proyecto que de acuerdo con el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) tiene únicamente el dos por ciento de probabilidades de éxito, luego de un análisis de 30 mil escenarios financieros, ¡sí, leyeron bien, 30 mil escenarios y sólo 2% de posibilidades de éxito!

A lo anterior se suma que luego de la pifia en la que las empresas invitadas a la licitación para la construcción de la refinería dieran un paso atrás por la inviabilidad del proyecto, el presidente decidiera encargar a Pemex la titánica encomienda, ¡sí, leyeron bien, a Pemex!

Y es que hoy la empresa creada por iniciativa del presidente Lázaro Cárdenas atraviesa una profunda crisis que puede resumirse a dos aspectos de su estructura y cadena de valor:

  1. La deuda que arrastra. Se trata de la petrolera más endeudada del mundo (incluso por encima de la brasileña Petrobras). Calificadoras internacionales calculan que la cifra asciende a 95 mil 609 millones de dólares y 130 emisiones de deuda.
  2. Su debilidad estructural e improductividad. El 36% de los ingresos totales del Estado mexicano dependen de Pemex, por lo que la pesada carga fiscal de 67% sobre sus ingresos totales han impedido una reinversión estratégica que le permita contar con mayor capacidad técnica y tecnológica.

La caída en la producción petrolera, derivada del agotamiento de yacimientos como Cantarell, han afectado notablemente sus finanzas internas, lo que ha vuelto prácticamente insostenible el pago de esa misma deuda.

Sin embargo para el presidente López Obrador lo anterior no parece no importar. ¡La refinería va a pesar de todo!, simple y sencillamente porque se trata de la obra que mejor expresa su visión de la política energética: autosuficiencia y una fuente de empleos en una de las regiones más pobres del país.

Pese a que los organismos financieros, el último de ellos la calificadora Moody´s, calculan que la construcción de Dos Bocas tardará al menos 8 años y se llevará entre 12 y 15 mil millones de dólares, es decir casi el doble de los recursos contemplados por el gobierno, el capricho de la nueva refinería sigue en pie.

El presidente ha renegociado ya la deuda de la paraestatal en 2 mil 500 millones de dólares con los bancos HSBC, JP Morgan y Mizuho, quienes otorgaron además dos líneas extra de crédito revolvente por 5 mil 500 millones de dólares.

Por donde se vea la decisión es arriesgada y peligrosa. La deuda sigue aumentando y heredándose de administración en administración y somos los mexicanos quienes pagaremos los intereses de esos millones y millones de dólares que siguen sin arrojar un modelo rentable.

 

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Fernando Herrera

Fernando Herrera

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