Opinión

En busca de la estabilidad estratégica / Taktika

Rovaniemi, Finlandia. 6 de mayo de 2019. El canciller ruso Serguéi Lavrov, cuyo rostro ajado y carente de emoción simula el de un mastín napolitano, comenta sobre la reunión sostenida con su contraparte estadounidense, el secretario de Estado Mike Pompeo: “Discutimos tópicos relacionados con la estabilidad estratégica. Creo que tomamos un muy buen paso, dando seguimiento a la conversación telefónica que tomó lugar entre el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, hace varios días”.

Por su parte, el rechoncho Mike Pence interpreta: “Tuvimos esa conversación y comenzamos a hablar sobre cómo nuestros intereses podrían encontrar una manera de avanzar. No sé si llegaremos al lugar correcto, pero tendremos más conversaciones”.

La escena arriba descrita sirve como prólogo al presente artículo, el cual pretender explicar por qué y cómo pretenden las tres principales potencias geoestratégicas del planeta -China, los Estados Unidos y Rusia- encontrar la estabilidad estratégica.



En 1991, tras la demolición del Ejército iraquí por parte de los Estados Unidos y sus acólitos en la Operación “Tormenta del Desierto” y la desaparición de la Unión Soviética, los estadounidenses se encontraron con unas “vacaciones estratégicas”. Es decir, por primera vez desde 1945 no había un rival que les disputara la hegemonía global.

Las naciones que, como Alemania, China, o Rusia, pudieran contender la supremacía estaban enfrascadas en problemas internos: Alemania absorbía los costos de la reunificación; China apenas tenía una década de haber implementado las reformas económicas de Deng Xiaoping; y Rusia se encontraba desmoralizada por la desaparición de su imperio en Europa Central y Oriental. Además, de enfrascarse en una guerra contra los militantes islámicos en Chechenia.

El entonces mandatario estadounidense, Bill Clinton, pudo imponer, con la excepción de Somalia, la voluntad de su país a lo largo y ancho del orbe: Bosnia-Herzegovina, el estrecho de Taiwán, Haití, y Kosovo presenciaron la primacía del puño de hierro estadounidense. Por su parte, la firma de los Acuerdos de Oslo, los Acuerdos de Dayton y el Tratado de Libre Comercio de América del Norte atestiguaron la sofisticación y la sutileza de la diplomacia norteamericana.

Ello condujo a que el ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Hubert Vedrine, popularizara, en 1998, el término hyperpuissance (“híper-potencia”, en francés). Es decir, en la óptica del diplomático galo solía había una híper-potencia (los Estados Unidos) y siete potencias con influencia mundial -Alemania, China, Francia, India, Japón, el Reino Unido y Rusia-.

El inicio del siglo XXI parecía presagiar el inicio de un nuevo siglo estadounidense. Sin embargo, los hados tenían otros planes: las invasiones fallidas de Afganistán e Irak y la crisis financiera de 2007-2009 ensombrecieron el éter de los descendientes de Washington, Lincoln, Grant y Roosevelt.

Asimismo, China, merced al éxito de las reformas económicas y de su ingreso a la Organización Mundial del Comercio, surgió como una potencia geo-económica de primer orden. La jauja en las arcas chinas propició el auge de su arsenal, convencional y nuclear. Por otra parte, Rusia, gracias al liderazgo de Vladimir Putin y de los altos precios de los hidrocarburos, resucitó y se embarcó en un programa de modernización de sus fuerzas armadas.

La nueva confianza adquirida por China y Rusia y el relativo declive de los Estados Unidos ha producido una inestabilidad estratégica. Esta oscilación se manifiesta en diversos y variados lugares del orbe: desde los helados páramos del Ártico hasta las tropicales calles de Venezuela; desde las verdosas aguas del mar de la China meridional hasta los desolados desiertos de Siria, pasando por las empresas dedicadas a producir la tecnología del futuro y las firmas dedicadas a la logística y el transporte.

Para tratar de calmar las aguas, los rivales dialogan para buscar la resbaladiza estabilidad estratégica: el viceprimer ministro de China, Liu He, viajará a Washington para conducir pláticas sobre la guerra comercial que libra su país con los Estados Unidos. En la capital estadounidense sus contrapartes serán: el representante Robert Lighthizer y el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin.

Las pláticas comerciales ocurren en momentos de tensión en el mar de la China meridional, pues dos destructores estadounidenses “mostraron la bandera” en una zona que el gobierno chino considera suya. Asimismo, la agencia Reuters ha mostrado las fotos tomadas vía satélite del tercer portaaviones chino.

En la relación bilateral Moscú-Washington intentan, a pesar de las diferencias, lograr la estabilidad estratégica: Lavrov y Pompeo conversaron el 1 de mayo, un día después de que el autoproclamado “presidente interino” de Venezuela, Juan Guaidó, fracasará estrepitosamente en su intento por derrocar al régimen de Nicolás Maduro, un protegido de Rusia.

El 3 de mayo Donald Trump y Vladimir Putin conversaron, a iniciativa del mandatario estadounidense, vía telefónica. Tras intercambiar puntos de vista sobre Corea del Norte, Ucrania y Venezuela. Ambos líderes “afirmaron compartir un compromiso para aumentar el diálogo en varias áreas, incluyendo los asuntos de estabilidad estratégica”1. Por último, Pompeo sostendrá conversaciones con Lavrov, en la ciudad de Sochi, en el mediodía de Rusia, el 14 de mayo. Igualmente, no se “descarta que Pompeo será recibido por el presidente ruso tras esas negociaciones”2.

El escribano concluye: la reciente belicosidad del águila calva estadounidense en varios lugares del globo terráqueo ha logrado que el dragón chino y el oso ruso formen una alianza de largo aliento. Sin embargo, la tríada en cuestión no ha encontrado el modo para lograr una estabilidad que acomode sus intereses estratégicos.

Aide-Mémoire. La decisión del secretario de Estado, Mike Pompeo, de cancelar su reunión con la canciller de Alemania, Angela Merkel, es una muestra del desagrado estadounidense ante asuntos tales como: la red 5G de Huawei; el gasoducto Nord Stream 2; y la crítica persistente de Donald Trump a la política de defensa de Alemania.

1.- Telephone conversation with US President Donald Trump, https://bit.ly/2ZVQbY8.

2.- Putin may receive Pompeo in Sochi on May 14, https://bit.ly/2WqZL3a.

 

 

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Soren de Velasco Galván

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