Opinión

Enriqueta Ochoa / Café Fausto

Recuerdo que fue por gestión del maestro Víctor Sandoval que se organizó más o menos en el año 1992, un taller de creación literaria coordinado por la Maestra Enriqueta Ochoa para elaborar un libro de poemas colectivo con los que entonces éramos un grupo de jóvenes poetas en esta ciudad.

Llega a mi memoria esto porque el jueves 2 de mayo pasado, la poeta nacida en Torreón, Coahuila en 1928 cumpliría 91 años. Enriqueta Ochoa a quien le debo mucho como mi maestra desde esos años de formación como escritor ayudó también de manera generosa a un grupo de poetas con los que crecí en la primera mitad de la década de los noventa en Aguascalientes.

Enriqueta Ochoa es una poeta de extensa trayectoria y una sólida obra poética, autora de los libros “Las urgencias de un Dios” (1947), “Los himnos del ciego” (1969), “Cartas para el hermano” (1973),”Testimonio” (1978), “El retorno de Electra” (1978). “Canción de Moisés” (1984), “Bajo el oro de los pequeños trigos” (1984), “Antología” (1994), “Asaltos a la memoria” (2004), “Enriqueta Ochoa para niños. Que me bautice el viento” (2004) y “Poesía reunida” (2008). Sus poemas abordan temas como la religiosidad, el misticismo y los sueños con un estilo íntimo, con profunda sencillez. Son textos entrañablemente humanos.

Recuerdo que en esos días de 1992 nos citaron en el entonces salón Manuel M. Ponce de la Casa de la Cultura y ahí llegamos un martes por la tarde los poetas Rubén Chávez, Óscar Santos, Jorge Antonio Villalobos Martínez, Alberto Domínguez, Rodolfo Meza (Víctor Lucién Kano) y yo para reunirnos a trabajar con la poeta.

Amable y sencilla entró al recinto y después de una breve conversación introductoria acordamos las sesiones que serían de una semana corrida cada mes durante un año en el que ella viajaba desde el entonces Distrito Federal para realizar un taller de creación y corrección de poemas que se convertiría en un libro colectivo con varios poemarios individuales que posteriormente publicaría el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Durante ese año trabajamos cada mes en nuestros poemarios y nos dio la oportunidad de conocerla, tuve el privilegio de hacerme su amigo, de recibir sus generosos consejos para mejorar la calidad de mis poemas, recomendaciones de lectura que han sido invaluables en mi formación y de recibir también sus consejos personales profundamente humanos.

Con casi todos los participantes de ese taller conformaríamos en su momento el Grupo literario Tangente que duraría muchos años más, sin duda esas reuniones formativas con Enriqueta Ochoa contribuyeron a consolidarnos como grupo estrechando nuestra amistad y en lo personal fue de mucha ayuda para lograr concretar mi voz como poeta en mi primera etapa creativa.

De esos meses recuerdo las largas charlas con la maestra Enriqueta Ochoa, las agradables cenas después de las sesiones y sobre todo su disposición siempre amable y educada para sugerir lecturas y mejoras en nuestros textos.

Al terminar el libro colectivo, del que no recuerdo su título, firmamos los contratos para su publicación con el INBA, sin embargo a punto de realizarse la edición de esa obra se canceló su impresión en el primer trimestre de 1994 y el libro quedó inédito.

Cada uno de los participantes después publicó individualmente esos poemarios, en mi caso lo incluí dentro de mi libro de poemas “En la niebla de los parques” editado por el Instituto Cultural de Aguascalientes en 1998.

Desde esos años continué en contacto con la maestra Ochoa a quien de vez en cuando visitaba en su departamento en la colonia del Valle en el Distrito Federal y frecuentemente le llamaba por teléfono para conversar con ella. Extraño su amabilidad y sus comentarios siempre acertados.

Recuerdo que al nacer mi hijo le envié una foto en una carta por correo postal para que lo conociera, meses después la visité y la foto la tenía muy cerca entre sus cosas en la estancia, eso me conmovió.

Mis actividades y los años me alejaron un poco de las visitas a su departamento, hasta que me enteré el uno de diciembre del 2008 de su fallecimiento, entonces ya vivía en Guadalajara y mis circunstancias personales me impidieron ir a despedirla a la capital del país, me dolió no hacerlo.

Con los años, más extraño a la Maestra Enriqueta Ochoa por esa bondad y generosidad suya, a veces me llega a la memoria y pienso en poemas o momentos de mi vida que me hubiera gustado contarle. Tengo mucho que agradecerle, pienso que quienes tuvimos el privilegio de ser sus alumnos le debemos mucho a ella.

Considero que el mejor homenaje es leer su obra, ahora recuerdo su poema “La eternidad”:

“La eternidad mece, ondula, / abre de par en par su túnica de viento; / en el espacio de su seno esplende / una constelación de luz acumulada. / El Padre la detiene. Un instante / mete su mano turbulenta hasta la entraña / y la abre sobre la piel del mundo. / Un alud de semillas cae, parpadeando. / Se fecunda la tierra. Cada segundo se fecunda. / El hombre entra a la prisión de su cuerpo / doblada la cerviz / y vuelve a tirar de sí, uncido al yugo de la vida, / hasta que aspira el Padre / y volvemos al seno de la Madre”.

Refill: Hace unos días, el paleontólogo aguascalentense Rubén Guzmán Gutiérrez realizó una estancia de investigación como asesor de National Geographic (NG) en Sucre, Bolivia, para la realización de un reportaje para la revista sobre huellas y restos fosilizados de dinosaurios en esa región.

En una breve conversación, mi amigo Guzmán Gutiérrez me comentó que junto con un equipo de especialistas viajó a Bolivia para recorrer la zona de Cal Orck’o e indagar sobre los posibles restos fósiles localizados en esa región, especialmente en su Parque Cretácico.

.El paleontólogo ha participado en al menos dos números de la revista estadounidense al informarse del hallazgo que realizó de restos fósiles de dos especies de dinosaurios endémicos del estado de Coahuila y a partir de entonces desarrolló actividades como asesor en ese campo de conocimiento para National Geographic.

Felicito a Rubén Guzmán Gutiérrez por su trabajo realizado en Bolivia y los logros alcanzados a lo largo de tantos años de investigación y esfuerzo, es un ejemplo de talento y perseverancia.

 



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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

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