Opinión

¿Es importante la ética en la política? / Matices

Jesús Rodríguez Zepeda afirma que la ética es una guía normativa para la rectitud de las conductas individuales y, mediante ella, el logro de la virtud y la felicidad. La ética pública, por ende, es esa guía normativa aplicada en los asuntos públicos a través de las acciones de los funcionarios públicos. Dicta el comportamiento responsable y comprometido de las personas que se ocupan de los asuntos públicos. El mismo Jesús Rodríguez afirma que “la ética pública se hace posible cuando toma como objetos de reflexión y decisión la justicia, las leyes, la publicidad, la privacidad, y otros valores y problemas de sentido colectivo”.

En ese sentido, a la ética le corresponde “cuestionar el actuar de los funcionarios públicos y orientar la rectitud y justificaciones morales de las acciones públicas y respecto de las capacidades de las personas para discernir sobre la política de manera crítica a la luz de la prudencia y el buen juicio”. Estos dos elementos resultan fundamentales para la vida política y pública: la prudencia y el buen juicio.

Algunos críticos podrían afirmar que la ética está relacionada con comportamientos religiosos, espirituales o con asuntos de alma. Sin embargo, ésa es la lectura sencilla para escudarse de un actuar ético en la vida pública. Nuestra cultura política señala a quienes promueven acciones éticas como “santurrones o persignados”, sin embargo, corresponde a las y los actores de la vida pública y política y más a los funcionarios públicos actuar de manera ética, es decir, es natural de la política, actuar de manera ética.

Los actos corruptos, por ejemplo, están vinculados con cometer actos ilegales o actos carentes de ética. Puede darse el caso, de hecho, desde mi perspectiva, con más frecuencia que los actos ilegales, actos corruptos vinculados con la ética. Los actos corruptos que tienen que ver con usar para beneficio personal los recursos públicos son muy frecuentes, de hecho, Ricardo Jiménez de Cimtra afirma que nuestro sistema político e institucional está diseñado para cometer esos actos de corrupción y no para evitarlo, porque nuestras instituciones tienen en su naturaleza múltiples espacios que dan espacio a la discrecionalidad.

Adela Cortina, filósofa española, afirma que la ética sirve para orientarnos en no dañar a los demás y eso implica en no dañar los recursos públicos, pero no solo es eso, sino también en no defraudar la confianza. La confianza es fundamental en la democracia, hacia nosotros mismos para construir tejido social y hacia las instituciones para fortalecerlas y consolidar la democracia.

ICMA define ética de la siguiente manera: “La Ética para el sector público constituye uno de los pilares que sustenta el espíritu de todo buen gobierno, ‘el interés público’. Sólo así se puede promover la procuración del interés público con justicia y equidad”. Todos los días, en todas las oficinas públicas, en todos los espacios públicos y privados, se toman decisiones que definen la conducta de los actores y que afectan a la ética pública y para muestra algunos botones:

  1. Un candidato miente sobre las promesas de campaña a su electorado con la finalidad de ganar una elección;
  2. El alcalde ordena que su tesorero sea su compadre, quien no tiene idea de finanzas, que el encargado de transparencia sea su chofer y que el encargado de obra pública sea su amigo el constructor;
  3. El director de obra pública le entrega información privilegiada sobre una licitación a su amigo el ingeniero buena onda;
  4. El asistente de la tesorera imprime el trabajo de sus hijos en la oficina utilizando papel y tinta del gobierno municipal;
  5. La directora de innovación tiene bajo su resguardo una camioneta y un vecino se la pide prestada para realizar una mudanza.

En estos cinco casos hay algunos que ameritan faltas administrativas, otros que no cometen ninguna irregularidad más que su conducta no es regida bajo estándares éticos. Pero de esos casos, apuesto a que alguno de ustedes ha escuchado historias peculiares y algunos otros más exagerados. Por ello Ricardo Jiménez acierta cuando afirma que la cultura política y nuestras instituciones están diseñadas para tener más actos de discrecionalidad y poco éticos que actos íntegros y éticos.

¿Por qué es importante que en la vida política y pública actuemos con ética?, porque las instituciones públicas buscan el bien de la sociedad y su fin es colaborar en construir el bien público, cuando no lo hacen, pierden su esencia, se corrompen, ya no son puras. Porque en una crisis histórica de las instituciones y de confianza como en la que vivimos, funcionarios y actores públicos y políticos que actúen con ética reivindican la vocación de las instituciones y de los procesos políticos. Para ello es recomendable que las instituciones públicas cuenten con un código de ética y con una infraestructura ética mínima.

 



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Carlos Aguirre

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