Opinión

Iré Habana / Café Fausto

Había un intenso calor húmedo de julio en La Habana, con la playera bañada en sudor y un dolor de ojos de estar saliendo de una inesperada conjuntivitis aguda, me fui a toda prisa de la biblioteca del emblemático edificio de la Casa de la Américas para andar dos cuadras sobre la Avenida de los Presidentes para reunirme en el bar del Hotel Roc Presidente con el compositor cubano José María Vitier.

Lo había visto anteriormente en dos ocasiones, la primera en la década de los noventa cuando presentó su obra Misa Cubana en el Templo de la Compañía de Jesús de Guanajuato en el marco del Festival Internacional Cervantino un evento que entonces cubría como parte de mi labor como corresponsal, luego recuerdo que fue brevemente en la Ciudad de México, sin embargo fue muchos años después gracias a las redes sociales y a amigos comunes que poco a poco nos acercamos más, lo que llevó a ese encuentro para conversar un poco en La Habana y recibir orientación suya de contactos de escritores y académicos de su ciudad durante mi estancia académica por mi investigación como estudiante del Doctorado en Humanidades por la Universidad de Guadalajara.

Hijo de Cintio Vitier y Fina García Marruz dos grandes poetas cubanos a los que tanto admiro y hermano de Sergio Vitier, un destacado músico al que recuerdo por su participación en el Grupo de Experimentación Sonora y fundador del grupo Oru, José María Vitier es un compositor y músico de una larga y productiva trayectoria con obras que a mi consideración ya son clásicos contemporáneos en Nuestra América. Entre sus obras más recordadas están la musicalización de series de televisión cubana como “En silencio ha tenido que ser”, sus obras “Misa Cubana” y “Salmo de las Américas” así como la musicalización de películas como “Fresa y chocolate” y “Salón México”, así como producciones discográficas entrañables como “Canciones del buen amor”.

Cuando llegué al lugar de la cita, José María Vitier ya me esperaba. Amable, sencillo y generoso me orientó sobre algunos escritores que podrían ayudarme a encontrar información útil para mi investigación. Al final me obsequió dos de sus entonces más recientes producciones: “Canción de Otoño” en el que Pablo Milanés interpreta temas de poemas de diversos autores musicalizados y acompañados al piano por José María Vitier producido en 2014 y el disco “Iré Habana”, realizado en 2006 en el que conforma un cuarteto para interpretar un hermoso canto a la capital de Cuba.

Fue hasta regresar a México cuando escuché con calma “Iré Habana” y disfruté un mágico viaje a la capital de Cuba a través diez piezas compuestas por Vitier o con arreglos de piezas de otros autores y de la música popular de su país con los que logra acertadamente darles una unidad temática para así obtener una obra que evoca la identidad de lo cubano y me atrevería a decir, del ser habanero.

Acompañado por la voz de Bárbara Llánes, el bajo acústico de Jorge Reyes, la percusión y voz de Yaroldi Abreu y José María Vitier al piano, la producción cuenta con invitados especiales como la cantante Miriam Ramos, la flautista Niurka González y Alejandro Rodríguez en el cello.

“Iré Habana”, que en lengua yoruba se traduce como “bendición a la Habana”, es un canto, un recorrido sonoro y sobre todo un homenaje a esa ciudad. En ella logra transportarnos con diversos ritmos y atmósferas a tiempos y lugares de esa ciudad. Vitier nos lleva a andar, a amar a La Habana en esta travesía musical.

En el texto de presentación de la obra, Silvia Rodríguez Rivero comenta que en esta obra, La Habana es una vez más el marco existencial de las búsquedas de José María Vitier, con momentos a veces vibrantes y otros nostálgicos sin perder jamás su esencia cubana.

Iré es la expresión de un voto de alegría y salud espiritual, una invocación al goce y a la plenitud de La Habana donde la alegría ha sido sustancia intrínseca y el dolor, la amenaza o la desesperanza se doblegan cada día ante la creatividad y la infinita capacidad de ilusión de su gente”, expresa en el texto Rodríguez Rivero.

La obra se compone de diez piezas que inician con “Tiempo Habanero” compuesta por José María Vitier, le sigue el tema “Quiéreme mucho” en una versión lograda por Vitier, posteriormente logra una versión propia de la pieza clásica “Comparsa” de Ernesto Lecuona.

Vitier nos lleva después de Lecuona a “Canción de cuna (Yemayá)”, un tema tradicional yoruba sobre lo que es al parecer un canto de Yemayá a su hija Oshún en una hermosa versión de Vitier.  Luego, con un texto de José Adrián Vitier interpreta “Lluvia de cristal”, para andar después el tema “Beroní”, un tema anónimo de la música popular de su país, en tanto que compuesta por José María Vitier le sigue “Son nocturno”.

Con un texto de Silvia Vitier, basado en una tonada anónima de la música popular cubana, la obra sigue con “Guacanayara”, posteriormente con la pieza compuesta por Salvador Adams “Sublime ilusión” y cierra la obra con la pieza “Ave María por Cuba”, compuesta por José María Vitier.

La obra es como andar las más diversas emociones habaneras con la intensidad de su esencia y de su identidad, de su cubanía, escuchar “Iré Habana” nos da el privilegio de reencontrarnos con la capital de Cuba y verla desde la musicalidad y el genio de José María Vitier.

Gracias a la Internet es posible ver en Youtube el documental “Iré Habana” que es un recorrido visual por esa ciudad con la música de la producción discográfica del mismo nombre. Realizado por Jorge Perugorría y Ángel Alderete es sin duda un documental imperdible.

Es una lástima que la extensa producción de José María Vitier sea difícil de conseguir en México por problemas de distribución, ojalá pronto tengamos un más fácil acceso a sus producciones discográficas, ojalá regrese pronto Vitier a nuestro país para presentar lo más reciente de lo que ahora produce.

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Fabián Muñoz

Fabián Muñoz

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