Opinión

La asociación de símbolos sirve para recuperar los recuerdos | Entrevista a Sergio Osorio, acerca de Ámbar

 

  • “Yo no quería contar la verdad, de hecho tuve oportunidad de tener acceso a la verdad, pero ese no era el punto al que yo quería llegar, porque al final de cuentas lo que yo me construí no estaba basado en la verdad sino en la interpretación de esos hechos”

 

Ámbar es el primer libro de cuentos del joven escritor Sergio Osorio, nacido en el Estado de México en 1981, publicado por la también muy joven Ediciones Periféricas, editorial mexicana que nació con la idea justo de publicar a esto autores que poco a poco se van abriendo camino en las letras mexicanas.  

El libro de Osorio está construido a partir de 16 pequeñas narraciones, que tienen como voz narrativa a un niño que emigra de la Ciudad de México al campo. Este cambio de escenario también nos permitirá entrar a las transformaciones inherentes al interior del seno familiar. Este niño (que no necesariamente es el mismo) nos compartirá su visión sobre la familia, el padre, las carencias de la vida, pero sobre todo nos dará cuenta de la necesidad de la imaginación y del juego, para poder entender así las contradicciones que podemos encontrar a lo largo de la vida.

El proceso de crecimiento y maduración nos es contado así a través de la mirada de este niño que se transforma a la par que su familia y que su entorno, y pasa de jugar con llantas viejas, imaginando el posible futuro, a jugar en las barrancas del Estado de México y observar los aviones que aterrizan en la ciudad. Pequeñas narraciones complejas, que van descubriendo la forma en que este niño va entendiendo la vida, comprendiendo la dificultad de acercarse a un padre, que a pesar de encontrarse presente, siempre mantiene su distancia.

Los cuentos que conforman Ámbar nos hablan así de la distancia, el silencio, la pobreza, pero siempre con la voz de un niño que va descubriendo el mundo. La mirada infantil le permite al autor redescubrir ese mundo, mostrarnos un mundo que parece nacer y crecer junto al narrador. Como nos dice el escritor Miguel Ángel Izquierdo en la presentación que acompaña el libro de Osorio, “…logra que el lector pueda sentirse al lado de sus personajes, reviviendo lo narrado, casi tomando la parte que le corresponde de hambre, de orfandad, de acoso, de violencia física, sexual y simbólica, y también de esos inolvidables placeres que dan los juegos infantiles”. Platicamos con el autor Sergio Osorio, quien es egresado de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas de la UNAM, sobre Ámbar:

“La primera intención que tuve fue escribir un poema de largo aliento, que estuviera dividido por poemas más pequeños, que tuvieran unidad en una especie de estampa, y eso dio por resultado un poema largo, de unas veinte cuartillas, que aún conservo, un poema de verso libre, pero que era muy narrativo, lo que me estaba indicando ese texto es que en realidad yo estaba intentando escribir relatos y no necesariamente poesía. Sin embargo, hasta ese momento no había intentado escribir narrativa, fue gracias al consejo de un amigo empecé a cambiar el género y empezaron a salir los relatos, uno tras otro, pero fueron paulatinos, y en realidad Ámbar es una selección de todos los relatos que escribí durante ese periodo. Además, como en un primer momento eran fragmentos de poema, que tenían como centro la voz de un niño y sus recuerdos, también tenían una especie de brevedad en la expresión, y creo que eso también impulso que los cuentos sean muy breves, el discurso del niño era muy contundente, muy directo, no hay mucho espacio para un discurso largo, y básicamente fue así que se fue perfilando ese personaje niño, y las dos esferas, la del campo y la del traslado a la ciudad, eran algo que yo no sabía en qué momento se iban a tocar, tanto la esfera rural como la urbana, yo las traía presentes, porque son mis dos esferas de vida, y el hilo conductor era la figura paterna”, nos comenta el autor.

Javier Moro Hernández (JMH): ¿Cómo fue ese proceso de desarrollar esa voz narrativa infantil?

Sergio Osorio (SO): El proceso para llegar a esa voz fue a partir de cuentos que me resultaron fallidos, cuando yo lo intenté desde el adulto, que analiza la figura del padre o de su entorno, ahí me falló, porque notaba que estaba reinterpretando, que estaba juzgando el pasado, y que la fuerza expresiva no iba a detonar tan bien porque ese tipo de narración la sentía muy floja, la clásica narración recordando la infancia era algo que estaba fallando, me di cuenta de que tenía mucho más fuerza si dejaba que el niño tomara la palabra, y me di cuenta de efectivamente la infancia es un período en el que a pesar de vivir condiciones muy adversas los niños tienen facultades imaginativas tremendas, de hecho eso es lo que podemos ver en el primer cuento, “Llantas”, que de hecho creo que fue uno de los primeros cuentos que hice, en donde aparentemente uno puede crecer en cualquiera de las dos esferas de las que hablo en el libro, rural o urbana, puedes vivir en la pobreza, que puede ser aguda y se vive de maneras distintas, pero el niño tiene la capacidad de tomar cualquier objeto y echarlo a volar, entonces si yo hubiera escrito ese cuento desde la visión del adulto que sufre porque los niños juegan con llantas viajes, obviamente sería prejuicioso, en cambio el niño podía imaginar un coche de carreras en esa llanta, me pareció muy interesante como los seres humanos cuando somos niños tenemos esa tremenda capacidad de imaginar otra cosa, incluso podríamos pensarlo como un mecanismo de defensa, sin importar en donde te encuentres, y ahí es en donde encuentro el lazo de comunicación de este personaje niño del libro, en el juego, en la imaginación.

JMH: Lo que vemos es la inocencia y la imaginación del niño, tenemos cuentos como “KLM”, por ejemplo, que es un cuento más urbano, pero también tenemos el cuento de “Raybell”, en donde lo que hacen los niños es jugar en la loma, lo que podemos ver es justo como el juego es un elemento esencial para el desarrollo de la imaginación.

SO: Creo que en ambos además la figura del padre es muy pesada, pero también creo que cuando enfrentas a la escritura, en primer lugar tiene la idea de la estética, de hacer experimentos estéticos, en un primer término, porque claro que las experiencias de vida son importantes, pero por sí solas no se conviertan en literatura, sino existe un atrevimiento discursivo, estético, poético inclusive, pero esta figura del padre es algo que me interesaba mucho.

JMH: La figura del padre que aparece en tu cuento nos habla un poco sobre la dificultad de la vida. Pensaba en Ámbar en donde vemos al padre construir su casa con ayuda de un albañil, y como es un personaje que en la esfera privada puede ser muy duro con el niño, pero como está bebiendo con el amigo, aparenta ser más cariñoso, esa figura paterna ambigua, dura, me parece muy interesante de los cuentos.

SO: Creo que en ese tema el tocar a la figura paterna me parece que tiene que ver con una reconciliación, justamente crecí, como muchas personas, con una relación difícil, compleja hacia la figura paterna, porque en muchas ocasiones podemos dividir estas relaciones a partir de la admiración y el rencor que podemos llegar a sentir hacia esa figura, una relación en la que además hay mucho desconocimiento hacia el otro, me doy cuenta de que hay que reconstruirnos a partir de entender lo que cada ser humano tuvo a disposición para formarse, para ser, entonces este trabajo me ha servido para entenderme y para entender a un ser humano al que conocí poco y al que he empezado a entender ahora, que yo también soy padre, que también fue un ejercicio muy importante para mí el pode ver que sienten los padres, cuáles son las razones por las que sufren, qué sentía, pero tampoco me puedo meter en él justo porque el niño no podía penetrar en él.

JMH: En tus cuentos logras retratar una figura paterna que está muy presente en la cultura mexicana, la del padre proveedor pero ausente, trabajador pero que tiene que ser rígido y alejado de los hijos.

SO: Creo que una parte importante de estos cuentos es que las deje ir, dejen que solas se fueran tejiendo, que los personajes se acomodarán, les di la libertad al niño de expresarse como niño, y en algunas el padre es el que en realidad el que está sintiendo, algo que tal vez todos lo hemos vivido, por ejemplo, cuando los padres están muy preocupados por alguna razón, y ellos te rechazan para no mostrar su violencia o su enojo, pero cuando eres adulto puedes recordar esa situación, pero es hasta ahí donde yo quería mostrar, porque si me metía a reflexionar sobre lo que estaba pasando, ya no es el niño el que está contando la historia, es el adulto el que reflexiona sobre ese momento.

JMH: Quería preguntarte sobre esta división de los escenarios, el ambiente rural y el citadino, son elementos centrales de los cuentos, este cambio nos habla de cómo la familia se traslada a otro espacio, y cambian sus dinámicas.

SO: Todos los cuentos que son rurales son cuentos inspirados posterior a la muerte de mi padre, porque él falleció cuando yo tenía siete años, entonces toda la esfera rural tiene que ver con el abandono de la ciudad, tenemos que emigrar al campo, y esta vida rural es siguen existiendo dificultades, estrechez, pero el personaje se siente más libre, porque ya no está la figura paterna, pero como en todas las situaciones de pobreza, de marginación están presentes, pero en realidad el personaje del niño es más libre, pero básicamente es por esa razón el cambio de un entorno a otro, que se da en el libro.

JMH: ¿Cómo decidiste qué elementos mostrar en los cuentos, qué elementos deberían aparecer y cuáles no?

SO: Me parece que precisamente eso abona en la brevedad de los cuentos, partí de una lectura simbólica, es decir, creo que la memoria que tenemos es simbólica, o por lo menos a mí me funciona así, y de pronto la asociación de símbolos es lo que me sirve a mí para recuperar los recuerdos, por ejemplo hay un cuento en donde el niño está abriendo una grabadora y cae un cable, y ese cable era con el que lo castigaban, entonces inmediatamente surge la asociación a otros pasajes de la memoria y creo que eso basta para recuperar esos retazos de memoria, que por supuesto pueden ser muy subjetivos, porque también me di cuenta de que los recuerdos pueden irse moldeando con el paso del tiempo, y yo quería no decir la verdad, sino recuperar aquellos pequeños retazos de recuerdos, pero que no salen solo, sino que lo hacen a través de símbolos, pero los símbolos son muy ambiguos, muy imprecisos y, sin embargo, quedan en la esfera del contraluz, y no quería caer en el naturalismo o en las meras descripciones, porque eso ya se ha hecho, hasta la saciedad, y sobre todo en la parte que tiene que ver con el realismo más crudo, y el relato corto estaba perfecto para trabajar con símbolos e imágenes provenientes de la memoria.

JMH: En estos cuentos entramos a un universo personal, el universo que puede ser de cualquiera de nosotros, y por lo tanto no necesitas hablarnos crudamente para entender la situación en la que se desarrollan las historias.

SO: No pretendía darle a la gente una lección sobre lo feo que se siente vivir en una situación así, lo que pretendía era un efecto estético, dejar una sensación, que la gente sintiera a su niño interior, yo quiero hablarle al niño de otras personas, porque hace cuánto que no lo vemos, y realmente no es fácil, porque ese niño puede estar escondido bajo capas y capas de armadura que hemos construido, y quería ir a ese niño, y no es un proceso fácil, eso en el ámbito del discurso, pero siempre cuidando cómo se construye el relato, porque la intención final es literaria, pero era fácil perderse en el relato y diluirlo, y siempre trataba de cerrarlo con fuerza, con un giro, buscarlo algo que sorprendiera al lector.

JMH: Hablar de los recuerdos siempre conlleva un riesgo porque, como bien decías, los recuerdos son una narración y pueden ser mentirosos.

SO: Sí, aunque al final del día los recuerdos son únicamente tuyos, la gente cercana a mí me dijo, después de leer los cuentos, que me decían que tal hecho no sucedió así, pero yo no quería contar la verdad, de hecho tuve oportunidad de tener acceso a la verdad, pero ese no era el punto al que yo quería llegar, porque al final de cuentas lo que yo me construí no estaba basado en la verdad sino en la interpretación de esos hechos.

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Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

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