Opinión

La marcha de unos cuantos / El peso de las razones

Este domingo pasado se realizaron pequeñas marchas en distintas ciudades del país exigiendo cosas distintas, algunas contradictorias, cuyo único denominador común fue mostrar su descontento ante el actual gobierno federal.

No debería sorprender a nadie: pese a la abrumadora legitimidad del presidente y a su popularidad creciente, al menos unos cuantos siempre estarán en desacuerdo. ¿Desacuerdo con respecto a qué? Difícil saberlo. Las mantas que fueron exhibidas en distintas ciudades sólo mostraban el hecho mismo de un presunto desacuerdo, no las razones ni el contenido del desacuerdo, el cual parece permanecer en la franca ambigüedad y vaguedad propias de la vida pública mexicana. En México, no son las ideas las que rigen el debate público, mucho menos los argumentos, lo son las emociones y los gustos (cuando se habla de la ciudadanía), y lo son los intereses privados (cuando hablamos de grupos de poder).

Por mi parte he sido un fuerte crítico de algunas medidas y políticas del gobierno federal en turno. No obstante, hasta un reloj descompuesto da bien la hora un par de veces al día. Así como he criticado la desastrosa cancelación del NAIM en Texcoco, el capricho no rentable y económica y ecológicamente absurdo del Tren Maya, el desastre administrativo llevado a cabo en el Conacyt, el ataque desmedido a las instituciones mexicanas, la eliminación de algunos intermediarios indispensables para el éxito de ciertas políticas sociales, también he aplaudido la universalización e incremento de la pensión a adultos mayores, el proyecto de nuevas universidades enfocadas en la profesionalización de los oficios, así como el realismo y la sensatez detrás del diseño del presupuesto de egresos y la austeridad republicana en el gobierno federal. Como una persona que siempre ha simpatizado con la izquierda, mi mayor crítica a la autodenominada “4T” es que como izquierda a veces resulta irreconocible. No concibo a una izquierda que afirme que no subirá los impuestos y que no esté luchando de manera decidida por una reforma fiscal. Me escandaliza que un gobierno que se piensa de izquierda no contemple iniciar un debate profundo sobre el impuesto a las herencias y no busque terminar de una buena vez con el pacto fiscal imperante en México (esto en verdad, y no la cancelación del NAIM, separaría definitivamente al poder económico del poder político).

A muy pocos meses de que el presidente asumiera el cargo, su presidencia es una de claroscuros. No defenderé lo indefendible, pero tampoco criticaré por deporte. Los claroscuros se deben, pienso, a la prisa del actual gobierno. Cuando se quieren llevar a cabo transformaciones profundas en la estructura básica del gobierno mexicano en sólo un sexenio sin ser desmedidamente revolucionarios, el error está a la vuelta de la esquina. El presidente y su gabinete, además, se exponen una hora diaria al escrutinio público (un ejercicio de democracia participativa aburrido, pero necesario), lo cual los vuelve objeto de debates interminables sobre sus políticas y acciones. Hasta ahora el costo político de esta nueva manera de vivir la vida pública no se ha visto reflejado en los índices de aprobación del gobierno, pese a que ciertos grupos de poder busquen construir una narrativa contraria, para lo que las marchas de este domingo fueron diseñadas. Si buscaban hacer crítica seria y articulada, no lo lograron; si buscaban mostrar músculo político, mostraron el bíceps de un niño de tres años.

No nos confundamos, a pocos meses de la 4T, no es el gobierno federal (esa izquierda esquizoide y por momentos conservadora) el que ha hecho el peor trabajo, sino la oposición. Carente de ideas y desarticulada, no ha logrado construir ni una narrativa sensata de derecha, ni ha logrado ofrecer una opción distinta de izquierda (progresista, liberal y socialdemócrata). Andrés Manuel todas las mañanas hace juegos quijotescos, se pelea con molinos de viento, a falta de políticas y políticos que hagan frente a sus errores y comiencen a ofrecer una vía distinta para la transformación que, en efecto, necesita nuestro país. Las marchas de unos cuantos sólo son la muestra gráfica del fracaso de la oposición, la cual necesita pronto despertar del nocaut que les propinó Morena el año pasado.

 

mgenso@gmail.com | /gensollen | @MarioGensollen

 

The Author

Mario Gensollen

Mario Gensollen

No Comment

¡Participa!