Opinión

La mejor forma de aprender es enseñando… / Sobre hombros de gigantes

A propósito del día del maestr@, me gustaría reflexionar sobre alguna parte de la educación en México. Una de las percepciones más generalizadas en la educación, es que la teoría y la práctica son distintas. Muchos creen que se pierde el tiempo en el estudio o acudiendo a las aulas, pues lo que obtienen de los libros o lo que se enseña ahí, nada tiene que ver con la realidad. No sé si esa percepción tenga o no razón, pero no creo que sea verdad el que teoría y práctica sean caminos que no puedan ir de la mano.

En ocasiones el lector, el investigador o el estudiante acuden a los textos, a las clases, y se dan cuenta que algo de lo expuesto rara vez tiene relación con la práctica o con la realidad. Y esto es porque no se explica cuál es el motivo de la divergencia entre lo enseñado y lo practicado; no se denuncian las contradicciones entre lo teórico normativo y lo operativo; no se explica por qué se dan esas prácticas y cuál es su sustento teórico o base científica. En síntesis, si bien no todas las investigaciones o las clases en las aulas son así, muchas se limitan a comprender un objeto de estudio, tal y como está, y se acepta como dado e inquebrantable, sin cuestionarlo o exponer nuevas formas o caminos para entenderlo.

Por eso se cree que la teoría y la práctica están peleadas; ya que no se explica que el poder del saber objetivo se puede utilizar tanto para la dominación del hombre como para su liberación. Tampoco se explica que la ley debe estar en función del ser humano, y no sólo reducirlo a simple objeto de regulación. Mucho menos se adentra en el estudio de la historia, para mostrar la forma en que se han ido concretizando los procesos de control social que por un lado incluyen y por otro excluyen los derechos del ser humano, y cómo han influido a la época actual, para entender, no sólo el cómo se aplica la norma, sino por qué se aplica así, cuál es su contenido o motivos, y si hay una mejor forma de aplicarla o regular una situación social.

Por eso se cree que la teoría y la práctica son cuestiones distintas; porque algunos estudios y enseñanzas no aterrizan los presupuesto teóricos a la realidad; porque otros sólo se basan en lo real y no dan importancia a lo teórico; y porque sólo pocos tratan de explicar la base teórica de la práctica, su relación objetiva, el por qué se actúa de una manera y no de otra; y otros pocos invitan al investigador, al estudioso, al estudiante, a desarrollar un sentido crítico, en beneficio del ser humano.

En pocas ocasiones se incentiva al lector o al alumno a analizar las estructuras políticas y sociales que rodean su vida; lo cual sirve para mantener al ciudadano en un modelo de civilización dogmático, que puede llegar a permitir el funcionamiento de sistemas que no velan por los derechos de todos. Ahora bien, en la actualidad tenemos la ventaja de tomar una postura de activos investigadores y constructores de soluciones a los problemas sociales, y dejar de ser meros receptores de información. Podemos ser investigadores o maestros que generen una motivación en la indagación y desarrollo crítico mental para que se realicen actividades que eliminen un estancamiento en el desarrollo de nuestra comunidad.

Podemos orientar a la apertura de los ojos frente a una realidad tal cual es, y no como nos han hecho creer o creemos que es. Podemos ser maestros, estudiantes e investigadores que validen injusticias o, por el contrario, ser aquellos que evidencien que la teoría y la práctica no están distanciadas, que la práctica sin teoría es mera rutina o falacia, y que la teoría es inadecuada si no ayuda a aplicarse en la práctica. En síntesis, podemos ser investigadores, maestros y alumnos que propongan cambios reales y eficaces para el respeto de los derechos del ser humano.

Si uno como maestro, investigador o alumno rechaza la dinámica que lo hace acrítico, y nos convertimos en auténticos intelectuales que estemos en contra de las injusticias sociales, trabajaremos en forma conjunta para construir un mundo menos discriminatorio y deshumanizado.

Como maestros, investigadores, estudiantes, debemos romper los paradigmas y hacer que el ciclo siga en avance. La mejor forma de aprender es enseñando. Buscando lo que ha de enseñarse y enseñando lo encontrado. El maestro muestra la puerta, y el estudiante decide si la cruza. El maestro es alumno, el alumno es maestro, pues la vida es una constante exposición de experiencia y conocimientos que se aprenden y se enseñan, que se viven y comparten, un ciclo interminable donde el final es el comienzo.

La curiosidad, el cuestionar, el dudar y el saber escuchar a la intuición, es lo que ayuda a aprender; a superar los miedos que surgen por lo desconocido; lo que no conozco se vuelve conocido, lo entiendo, lo comprendo, y lo transmito. Todos somos estudiantes y maestros a la vez; todos buscamos el por qué y lo compartimos; todos tratamos de proyectarnos en luz. El estudiante, el investigador y el maestro ejercitan la inteligencia para dudar de todo; razonan para comprender el todo, y escuchan su intuición para entender y formar parte del todo; luego continúan dudando para nuevamente conocer.

Esas son características de un maestro, investigador o estudiante crítico: ser un poco utópico, ya que las utopías ayudan a caminar; las utopías sirven para escribir o enseñar para aprender; entregar las alas rotas para aprender a volar, y los ojos secos para enseñar a observar, a cambio de que se enseñe que sabe compartir. Así, los estudiantes enseñan, y los maestros aprenden; a cambio de transformar la realidad en beneficio de todos. ¡Felíz día del maestr@!

 

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José Luis Eloy Morales Brand

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