Opinión

Marvel y su cuarta transformación/ Bocadillo

Son más de diez años de hablar sobre los Vengadores. Cuando eran una idea loca, de nerds y sujeta al éxito económico de dos personajes que todavía se consideraban aburridos: Capitán América y Thor. Incluso, cuando existió el riesgo de que Avengers fuera una película mala (!) por tener a un director y guionista con una carrera irregular en televisión pero paseos valiosos por el guión de Alien 3 y Toy Story. Cuando la crítica comenzó a dividirse y cintas con influencias más allá del cine de acción de cómics, provocaron reacciones diversas. Así se creó el recuerdo de Iron Man 3 como pasalona y Winter Soldier como una joya, chequen la anacronía, “parecida a The Dark Knight”. Si las vuelven, me avisan para comparar.

Hubo otro momento en que Guardians of the Galaxy era una apuesta peligrosa al traer personajes que no tenían audiencia incluída (nadie los seguía) y con una trama casi desconectada de las demás películas de Marvel, salvo por la peor parte de la historia: la intromisión del villano Thanos. Vino Age of Ultron, que Joss Whedon considera una pelìcula personalísima que costó 200 millones de dólares y destruyó la moral de la producción con una desastrosa gira de prensa donde el director se quejó de Marvel, renunció a Twitter y sus estrellas masculinas (menos Downey) dijeron que el único personaje femenino con peso era “una zorra”. Por ahí, con el estreno de Daredevil y Jessica Jones, se pensaba que Marvel tenía mejores ideas en televisión (!!).

Pocos fanáticos de los filmes lo saben, pero hubo un cisma en Marvel donde el estudio cinematográfico se emancipó de las divisiones de cómics y productos de consumo (piensa en libretas, juguetes y shampoos con estampas de Spider-Man). Desde ese momento se rompió la regla marvelita de no contratar directores con agenda propia o protagonistas caros. Por eso la diferencia del hallazgo de un Chris Evans como hombre serio o de salvarle la carrera a Downey Jr., y cambiarle la vida a Chris Pratt, para llegar a fichar a un Benedict Cumberbatch en su momento más bankeable. O dejar que Ryan Coogler lograra la película que imaginó, para que no acabara como un Edgar Wright expulsado de Ant-Man. Fue en esta etapa donde lograron un acuerdo económico en el que RDJ pudo seguir siendo Iron Man en participaciones que le quitaran poco tiempo, dentro de Civil War y Spider-Man Homecoming. Y sí, aquí por fin se entendieron con Sony para compartir la custodia del trepamuros.

Digamos que ese es el Marvel actual. El de la agenda de diversidad, el que ha sobrevivido a la cancelación de todas sus series en Netflix para mejor decantarse por miniproducciones para Disney+, pero con los protagonistas de la gran pantalla. Aquí llora Charlie Cox.

Endgame es el fin de esta etapa. Sólo tenemos la seguridad de que viene una nueva entrega de Spider-Man, Black Panther y los Guardianes. Al igual que en las tres versiones anteriores del estudio cinematogràfico (la pre-Avengers, la del fiasco de Wright y Ultron, y la de Infinity), la historia marca que son capaces de reinventarse. Por lo pronto, viví por Endgame.

 

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Francisco Trejo Corona

Francisco Trejo Corona

Todas-las-cosas-digital en La Jornada Aguascalientes. Editor de /AUTONOMÍA. || @masterq en Twitter

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