Opinión

Panteonario / La escuela de los opiliones

Advertencia: spoilers.

River Song: uno de los personajes más confusos de la saga de Doctor Who, personalmente creo que era innecesario y nefasto. Pero algunos fanáticos defienden su existencia como lo mejor de 50 temporadas. Yo cuando la recuerdo, la imagino muriéndose cruelmente degradada en aquel planeta biblioteca-conocimiento porque así la prefiero: muerta y quebrada; quizás fue mejor aparición dentro de toda la serie. River Song conoció al Doctor de principio a fin, se supone fue su esposa, y su mera presencia sugería que nos iban a revelar algún secreto importante de futuros episodios, principalmente cómo se resolvería con algún cacharro cuántico uno de los arcos principales. River Song sobrevivió tres reencarnaciones del viajero del espacio-tiempo y solía decir, casi mirando a la cámara: “¡Spoilers!”, como si quisiera avisarnos que iba a decirse algo importante pero que probablemente nos obligarían a esperar una conclusión o un avance.

Arya Stark: la niña se lanza de las sombras para matar a una de las amenazas más grandes de Game of Thrones. Sin dudarlo, usa un movimiento irreal y arriesgado para sorprenderlo y hacerlo polvo de acuerdo a las reglas mitológicas del mundo ese que no me he molestado en aprender o estudiar a detalle, pero que no deben ser difíciles: ónice mata dragones y muertos. Muchos no están de acuerdo con ese desarrollo anticlimático, como de chiripa. No se olvide que durante no sé cuántas temporadas, un arco larguísimo y a veces de lo más tedioso, acompañamos a Arya entrenarse en una casa de asesinos bendecidos por el dios de la muerte. Arya viajó una buena parte de su vida para hacer ese salto, empuñar esa daga y darle fin al rey de los ojos azules. No estoy en desacuerdo con la transformación de Game of Thrones de fantasía sádica para adultos a cuento de hadas azucarado y adulterado. No pienso en el poder femenino, sino pienso en los niños: son ellos quienes han tomado rienda de la historia para matar a los gigantes, a los reyes de la noche, y desafiar a los cuervos de tres ojos.



Tony Stark: no había otro personaje destinado a tronar los dedos para acabar con la amenaza de Thanos. Quizás Tony Stark es quien tuvo el desarrollo de personaje más completo en las 22 películas del universo Marvel. Su arco que inicia y cierra, se me ocurre de refilón, es perfecto, tan perfecto como el de su sobrina lejana: Arya Stark. Es una lástima, pues no dejará de ser un millonario privilegiado y capitalista, el embodiment of the american dream, pero que se tornó sumamente interesante cuando alcanzó el espacio -deja de ser gringo cuando se convierte en el astronauta desolado-, y empezó a tener miedo de la inmensidad y las criaturas que podían existir en ella, como un buzo que se ha sumergido a la oscuridad por primera vez. Gracias a su genio interpretó cuán solo estaba en el universo y lo único que pudo hacer para curarse de ello, fue enamorarse, verse terrestre, formar una familia entre sus amigos y su chica. Aceptó el fracaso de su cerebro y entendió su limitada capacidad para conocer, interpretar y anticiparlo todo. La obsesión de crear una armadura para proteger el mundo, su mundo cual si fuera un hijo, su hija, y luego el golpe: al tener el guante de las gemas infinitas en las manos se dio cuenta que esto era imposible, que no había manera de burlarse de la muerte o de evitarla. El desarrollo de los demás personajes palideció frente a Iron Man, aunque algunos de ellos tuvieron desarrollos lindos, prácticos. Como se lo dije a unos amigos: estoy satisfecho con Endgame porque durante diez años lograron que me interesara por los héroes más papanatas del universo Marvel.

El espectador: está muy ocupado por entender si el tiempo de su vida diferido en diez años, invertido en estas sagas e historias, valió la pena. Algunos hasta quieren colgarle la medallita de arte al entretenimiento más caro y sencillo, pero placentero, que han podido otorgarnos. River Song aparece en la pantalla: spoilers, muchachito, no lo pienses demasiado. Arya Stark vende playeras de “pelea como una niña” porque, caray, las niñas son también, primeramente, antes que gente con derechos, consumidoras. Hemos olvidado que Arya tuvo que disfrazarse de muchacho, que fue vendida como un esclavo, que fue cruelmente envilecida por el dios de la muerte para obtener sus poderes de salto gatuno y daguita al corazón. No pelea como una niña, pelea como alguien que a toda costa se enseñó a sobrevivir. Pero no se piense demasiado, insisto: colgar un mensaje o una agenda política al entretenimiento es tan trivial como no hacerlo y, peor aún, criticar y regañar a quienes quieren darle sentido al tiempo perdido es tan horrible como los que ven en Tony Stark al provedorus máximus, dios de los machos alfa. Cuántos mensajes de unidad, aprendizaje, humanidad podemos encontrar en grandes obras artísticas como En busca del tiempo, Ulises, La odisea, Hamlet, el Quijote. Spoilers: ni uno solo, el arte consiste en las preguntas y la insatisfacción. Quizás el único aprendizaje que es evidente en estos novelones, olvidemos morales sencillas, es que la humanidad enloquece y olvida, y ojalá no estemos solos cuando eso nos ocurra a nosotros.

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Agustin Fest

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