Opinión

Pokemonario / La escuela de los opiliones

Graograman: león legendario. Piqué las costillas de mi esposa, como haría un niño, para que me comprara una edición más de La historia interminable. Me la encontré en Sanborns, hojeándola descubrí que está más cuidada que los últimos dos bodrios que adquirí en un impulso (debolsillo y otra de Alfaguara, de pasta dura pero páginas débiles, mal cortadas, y que además tuvo problemas en la impresión de las tintas de colores; algunas páginas están en blanco, lo cual es una hermosa metáfora sobre un libro que trata de la imaginación, de crear el mundo conforme el lector se sumerge más en la fantasía que tiene entre sus manos, pero vamos, antes que niño soy un consumista. ¿Debí decir eso en voz alta?). Mi edición preferida, en español, es la de Alfaguara (1980), porque todavía contiene los grabados de Ende. En mi impulso, abrí alguna página del azar de esta reedición y me encontré con un viejo monstruo, una amenaza milenaria, Graograman, el león multicolor. Bastian inventa su primer pokémon legendario cuando sigue el camino de sus deseos, la salvación y restauración de Fantasía, un león imposible de capturar y el temor de cualquier héroe (Bastian se imagina Hércules se imagina Ayax). Abrí el libro en una página cualquiera y comencé a leer: Bastian hace preguntas incómodas y metafísicas al león, muy Sócrates el gallito, rey falso, supuesto inventor de la historia y la imaginación, y el león se enfada del chamaco arrogante y le grita, en una de esas: “¿qué sabes tú de los deseos? ¿Qué sabes tú lo que es bueno de lo que no lo es?”. Cerré el libro antes de abandonarme más. Al recordar la voz de mi viejo león, la fortaleza y la valentía, el coraje de luchar todos los días contra el desierto para después morir cada noche y aceptar los límites de mi propio tiempo, como dirían Los Auténticos Decadentes, estallaron los vidrios de mi corazón.

Wooper: pokémon de agua y tierra evidentemente basado en el axolotl mexicano. Su evolución es una cosa muy fea y muy extraña (Quagsire), pero recuérdese que es pokémon, no un zoológico digital de animales reales. Además Quagsire es un animal de protección, de apoyo, están listos para proteger a su equipo. Dice el pokédex de Soulsilver: “Cuando camina sobre la tierra, cubre su cuerpo con una película pegajosa y venenosa”. Lo que me gusta de este pokémon es su animación de pelea, parece que nos descubre un secreto. Cuando enfrentas a otro monstruo, aparece una ilustración del entrenador (señor Ash, felices 33 años) quien avienta su pokébola (dios me perdone por todos estos términos institucionales, lo compensaré con unos octasílabos cuando menos se lo esperen) y pronto desaparece por el lado izquierdo. Aparece Wooper, se toma un breve momento para mirar sobre su hombro derecho y te mira a ti, el jugador, directamente a los ojos. Qué sabes tú de los deseos, parece preguntar. Hace una expresión de asombro, como si hubiera descubierto la verdad, el teatro del que forma parte. Pero pronto se olvida, mira a su oponente, empieza a recibir órdenes e instrucciones para derrotar a su enemigo vital.

Noctowl: pokémon tipo normal y volador semejante a un tecolote. Algunos de estos poseen una curiosa habilidad: ojo perspicaz (keen eye). Los ojos de la percepción, ver más allá de lo evidente, los ojos son la espada del augurio. Al principio pensaba que Wooper era el único pokémon consciente de su propia artificialidad, pero luego evolucioné el Hoothoot a un Noctowl y descubrí que su animación de pelea también contiene un momento breve donde el monstruo mira al jugador por encima de su hombro. La mirada es enigmática, quizás arrogante. Sé que me controlas pero yo soy el dueño de mi propio destino binario, así como nosotros cuando no tenemos remedio más que desafiar al dios simulación, supongo.

Nico: pokémon tipo normal y orejón. Ya está viejita, le duele la columna pero todavía me sigue con premura cuando tengo un pan entre las manos. Sus ojos tristes se cruzan con los míos: “¿Es cierto, padre humano, qué has planeado copiar mi alma a la de un pokémon? ¿Eso nos hará realmente felices? ¿Y entonces cuándo aprenderás, otra vez, el dolor de la pérdida, el dolor de la muerte, el dolor de los pasos que ya no se andan?”. El perro ha mirado por encima de sus hombros más allá del humano que la pasea, que la ha entrenado para la rutina y los descansos, ha descubierto el teatro que uno procura ignorar para no volverse loco. Yo me echo una carcajada, acaricio sus orejas y beso su frente. Sobo su panza porque siempre me la muestra, como si no pudiera olvidar que fue un cachorro, como si ella supiera que lo único esencial en la realidad es el tacto (recuerdo del perro ciego y sordo que chocaba contra las paredes). Esta progresión de tiempos, de inicios y de finales, de huesos que se hacen polvo y arrugas que sonríen porque la vida es, al final, esencial para tener estos pensamientos huecos.

 

The Author

Agustin Fest

Agustin Fest

No Comment

¡Participa!