Opinión

Transparencia: su uso más allá de la corrupción / Cinefilia con derecho

Sin lugar a dudas, la transparencia llegó en el año 2002 con una encomienda fundamental, combatir la corrupción, la premisa era que, poder ver a la cosa pública en una caja de cristal, permitiría exhibir y por ende limitar los actos ilegales. Si hacemos un recuento histórico, la fórmula funcionó parcialmente, hubo una explosión escándalos de los gobiernos justamente gracias a las leyes de acceso a la información; lamentablemente esto trae aparejado un desencanto, porque solo sale a la luz pública, pero hay una percepción de que no hay sanciones, el gran pendiente del Sistema Nacional Anticorrupción.

La corrupción sigue siendo el pan nuestro de cada día; por ello no es raro que la nueva versión cinematográfica de la que podríamos considerar una de las mejores novelas negras mexicanas, haga énfasis en la faceta más putrefacta de las autoridades, El Complot Mongol basada en Rafael Bernal y dirigida por Sebastián del Amo, suma un buen elenco aunque sin resultados tan exitosos: Chabelo en un papel secundario (fuera el estereotipo de niño) Eugenio Derbez bastante pobre, Bárbara Mori sacando un bien logrado personaje de indefensa y hermosa damisela y como actor principal Demián Alcázar, por supuesto encarnando su cliché favorito de sujeto corrupto. La trama es de sobra conocida: China planea asesinar al presidente JFK en su visita a la Ciudad de México, el detective Filiberto Macías es asignado por sus superiores para resolver el entuerto, que lo llevará por las agrias aguas de la corrupción nacional e internacional.   

A diferencia de la película de 1977 filmada por Antonio Eceiza y protagonizada por Pedro Armendáriz Jr., la nueva versión trata de ser una comedia negra, chistes propios de todas las obras que ha filmado Alcázar en los últimos años. La corrupción asoma su rostro más cruel, no tanto en los altos mandos ordenando hacer cosas ilegales, sino en un abogado alcohólico que es amigo e informante del policía, representado exageradamente por Roberto Sosa, deambula por cantinas viejas de la Ciudad de México, obteniendo un par de pesos por trabajos de poca monta. Una de mis escenas favoritas es en la Cantina Tío Pepe, ubicada en el barrio chino, guarda toda la tradición de los años setentas, lo más hermoso su enorme barra de madera (siempre vale la pena echarse un trago ahí): el detective mira con cierta tristeza al leguleyo totalmente alcoholizado y le pregunta “Mi lic., ¿cómo acabó gorrón de cantina si se las sabía de todas las leyes?”, él contesta: “Fui Magna Cum Laude. En México no importan las leyes, importan los cuates, y para cuatificar no necesitas universidades sino las cantinas. Cambió el sexenio y me descuatificaron”.

Con el transcurso de los años, hemos comprendido que la finalidad del acceso a la información no es exclusivamente conocer, es necesario que el ciudadano vea una utilidad en la información gubernamental, de otra forma no le interesará hacer consultas. Y desgraciadamente es lo que sucede, de acuerdo a la Encuesta Nacional de Acceso a la Información y Protección de Datos Personales 2016, solo el 5% de las personas afirma haber realizado una solicitud de información alguna vez en su vida, esto significa que solo 5 de cada 100, ha usado las herramientas que la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información pone a su disposición, por lo que se tienen 95 ciudadanos que hoy en día no aprovechan ni capitalizan la utilidad de la información pública. Para atacar lo anterior, el Sistema Nacional de Transparencia ha puesto en marcha lo que se denomina el Plan Nacional de Socialización de Acceso a la Información Pública (Plan-DAI) el objetivo es ampliar la base de usuarios, es decir, es una ambiciosa política pública que tendrá por meta capacitar al mayor número de población, en especial a aquellas que están en situación de vulnerabilidad, para que puedan de forma fácil y sin complicaciones hacer solicitudes de acceso a la información.

En El Complot Mongol vemos el uso de la información para resolver problemas, pero como se hacía en la época del partido hegemónico: monopolizándola, resguardada celosamente en un archivo viejo, solo consultable por algunos privilegiados o mediante soplones. Hoy, que gracias a las leyes los datos gubernamentales están abiertos, el objetivo es motivar a la población para que, usando la información, pueda resolver problemas de su vida diaria, acceder a mejores servicios o gozar de los programas y estímulos a que tienen derecho.

 

rubendiazlopez@hotmail.com

    

 

  

 

The Author

Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

No Comment

¡Participa!