Opinión

Atahualpa y Cuauhtémoc / Análisis de lo cotidiano

Desde Lima Perú.- La historia de México y Perú tienen tantas similitudes que parece la narración de una misma épica en dos versiones. Atahualpa y Cuauhtémoc fueron los últimos emperadores de sus respectivas naciones. Ambos eran hábiles militares y al ser capturados sorprendieron por su inteligencia, cultura y facilidad para la diplomacia. Los dos fueron fáciles presas de sus captores por su ingenuidad, se les ofreció la libertad y se les dijo que seguirían gobernando a su pueblo si entregaban grandes cantidades de oro, plata y joyas. No fueron tontos, sino que no estaban acostumbrados a tratar con gobernantes mentirosos. En su código moral no existía la traición ni el engaño a nivel de mandos superiores. Los dos emperadores consideraban que la mentira era característica de gente de muy bajo nivel imposible de presentarse en la nobleza. Los mandatarios indígenas cumplieron todas las exigencias de los españoles, vivieron presos dentro de sus propios recintos y fueron sometidos a juicios sumarios totalmente falsos, aprovechando su desconocimiento del idioma, las leyes y la religión de los conquistadores. A los dos se les obligó a aceptar el bautismo y la sumisión como siervos del rey de España, sin que en ningún momento entendieran lo que estaban haciendo. Ellos pensaron que al aceptar lo que les decían, serían liberados y su pueblo dejado en paz. En ambas epopeyas sucedió la matanza indiscriminada de civiles desarmados en la Plaza Mayor, tanto en Cajamarca como en Tenochtitlán. El imperio azteca cubría una extensa zona desde lo que ahora es Estados Unidos hasta Centroamérica. El imperio inca dominaba los actuales Perú, Ecuador y Bolivia. Fueron asimismo los únicos grandes reinos que los iberos encontraron en el Nuevo Continente y que eran poseedores de organización política, cultura, arte, arquitectura y estructura social. Los cadáveres de ambos emperadores fueron deshonrados y sepultados clandestinamente, dando pie a una gran cantidad de mitos y leyendas. México y Perú fueron los dos grandes virreinatos que existieron en el nuevo mundo, conocidos como la Nueva España y la Nueva Castilla. Por lo tanto resulta lógico y natural que actualmente tengamos tantas coincidencias. En ambos países nacieron casi al mismo tiempo las dos primeras universidades. La primera de ellas fue la Universidad Mayor de San Marcos y pocos días después la Real y Pontificia Universidad de México, ambas creadas como instituciones religiosas. En el momento actual, la vida social, política, cultural y económica de estas naciones guarda un parecido sorprendente. Es por ello que los vínculos académicos son fáciles de lograr. La aguascalentense Universidad de Santa Fe ha firmado un convenio de colaboración científica y docente con la Universidad Mayor de San Marcos para el intercambio de profesores y alumnos, que entrará en vigor en fechas próximas. Dos naciones, dos historias y dos pueblos que continuamos unidos.

 

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Héctor Grijalva

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