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Calles abiertas: una propuesta para la alcaldesa reelecta / Agenda Urbana

Entre los meses de enero y mayo de este año, en el municipio de Aguascalientes han fallecido veinte peatones o ciclistas por atropellamientos, lo que ubica al municipio como el tercero más inseguro a nivel nacional para caminar o moverse en bicicleta. La seguridad vial es, por tanto, un asunto de salud pública; sin embargo, las acciones del Municipio de Aguascalientes para atender el problema son tímidas o inexistentes. Además de la muy necesaria infraestructura para mejorar la seguridad vial, incluyendo ciclovías de alta calidad y cruces peatonales seguros a nivel de calle, se requieren programas efectivos de cultura vial. ¿Qué hacer?  

En muchas ciudades del mundo existen programas denominados Calles Abiertas, que buscan transformar temporalmente algunas vialidades en espacios libres de automóviles para que las personas puedan para caminar, patinar, andar en bicicleta, hacer ejercicio, jugar, descansar o pasear. La organización 880 Cities calcula que desde 1974 estos programas se han implementado en 496 ciudades en 27 países del mundo. En la Ciudad de México, por ejemplo, desde 2007 se realiza el Paseo Dominical, en el cual se abren avenidas como Paseo de la Reforma para que las personas realicen actividades deportivas y recreativas. En Guadalajara, todos los domingos se lleva a cabo la Vía RecreActiva, en donde las personas pueden alquilar sin costo una bicicleta o presenciar conciertos en vivo en avenidas cerradas al tránsito vehicular. En San Pedro Garza García, desde 2011, se realiza el programa San Pedro de Pinta, en el cual las personas utilizan la Calzada del Valle para actividades deportivas, artísticas o culturales.

¿Por qué no implementar un programa de Calles Abiertas en Aguascalientes para que las personas realicen distintas actividades en alguna avenida importante como Universidad, Canal Interceptor, Zaragoza, López Mateos o Tecnológico? Además de crear un nuevo espacio público temporal, fomentar la activación física y mejorar la calidad del aire, este programa podría servir para motivar a las personas a repensar la manera en que actualmente utilizamos las vialidades, con la intención de entender mejor las necesidades de quienes diariamente se desplazan a pie o en bicicleta, o quienes requieren de una banqueta o calle para jugar, o simplemente de quienes desean andar por las calles sin poner en riesgo su seguridad. Es decir, podría contribuir a cambiar gradualmente la cultural vial, algo que simplemente no se logra con anuncios publicitarios.

¿Qué se requiere para implementar un programa de Calles Abiertas?

Primero, diseñar una ruta emblemática que conecte atractivos culturales, espacios comunitarios, centros de entretenimiento y áreas comerciales para atraer a un mayor número de participantes. Además, debe conectar áreas habitacionales de distintos niveles socioeconómicos, no sólo para crear una masa crítica de participantes sino también para garantizar la inclusión al programa. La extensión de esta ruta no debería ser menor a 5 kilómetros para no perder el interés de los ciclistas; distintas organizaciones recomiendan incluso una extensión aproximada de 10 kilómetros.

Segundo, diseñar un plan para gestionar el tránsito vehicular durante el horario del programa, incluyendo rutas vehiculares alternas. Los domingos suelen ser los días más atractivos para estos programas, pues el tráfico es menor y la mayoría de las oficinas y negocios suelen cerrar o abrir más tarde. El horario más común para abrir las calles al público suele ser entre 7 de la mañana y 2 de la tarde, con una duración de cuando menos cuatro horas. Asimismo, el éxito de estos programas está en establecer una frecuencia regular, como todos los domingos, para que los participantes pueden prever su participación y los automovilistas adaptarse a las rutas alternas.

Tercero, incorporar actividades complementarias a lo largo de la ruta, incluyendo clases de activación física, nutrición y educación vial, chequeos médicos y venta de alimentos saludables. Estas actividades deben estar espaciadas a lo largo de la ruta para animar a los participantes a moverse a lo largo de ella; además, todas las actividades deben ser gratuitas y abiertas a todas las personas sin importar edad o situación socioeconómica.

Cuarto, movilizar recursos económicos adicionales para asegurar la sostenibilidad del programa. En América Latina la gran mayoría de estos programas se sostienen con recursos públicos, pero con frecuencia se involucra a patrocinadores o donantes que puedan contribuir con fondos o en especie, como empresas privadas y organizaciones de la sociedad civil interesadas en temáticas como deporte, salud, medio ambiente, arte y cultura.

Quinto, conformar un equipo sólido para operar el programa y construir redes comunitarias para aumentar los participantes. Además de un director del programa que supervise la planeación y la operación y coordine servicios críticos como la policía, tránsito y paramédicos, también se requiere un coordinador de redes comunitarias, un responsable de reclutar voluntarios, un encargado de comunicación, un coordinador del plan de gestión del tránsito y un administrador del presupuesto.

Sexto, definir estratégicamente el mensaje del programa para movilizar el apoyo de quienes puedan estar interesados, como organizaciones ciclistas, ambientalistas, deportivas, vecinales, comunitarias, culturales, educativas, cámaras empresarias o medios de comunicación. Los mensajes clave pueden orientarse a reducir accidentes viales y mejorar la salud y la calidad del aire.

Avanzar hacia una nueva cultura vial requerirá más que publicidad: ¿por qué no pensar en un programa de Calles Abiertas?

 

fernando.granados@alumni.harvard.edu | @fgranadosfranco

 

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Fernando Granados

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