Opinión

El peligro oculto de las migraciones / Análisis de lo cotidiano

Yo comencé a trabajar en el Hospital No. 1 del IMSS a mi llegada a esta ciudad en 1979. Por ese entonces la gran novedad era la llegada de la empresa Nissan. Había muchos nuevos empleos, construcciones, dinero circulante y familias japonesas viviendo en la Colonia Jardines de la Asunción. En cierta ocasión uno de los jóvenes ingenieros de la factoría nipona enfermó de fiebre, diarrea, náuseas y vómitos, con tal severidad que tuvo que ser hospitalizado. La empresa exigía con intensidad que su empleado fuera muy bien atendido y los comentarios de los funcionarios que lo visitaban no ocultaban su malestar por la insalubre alimentación y agua de nuestra ciudad que habían ocasionado el padecimiento de su empleado. Desconfiaban de la medicina mexicana y enviaron muestras de sangre y copro a un laboratorio clínico de Japón. Cual no sería la sorpresa para todos que los clínicos orientales informaron que el enfermo estaba afectado por una cepa de salmonella tifi, que era originaria de aquel país. El joven ingeniero trajo desde allá una bacteria que acá no existía. Felizmente había los antibióticos necesarios, se le aplicaron, el hombre se curó y el tema no pasó a mayores, salvo que de ahí en adelante teníamos la precaución de investigar el microbio recién conocido, cada vez que alguno de los visitantes asiáticos llegara enfermo al hospital. El caso se resolvió bien, pero la historia es abundante en epidemias ocasionadas por los migrantes o los invasores. La Gran Tenochtitlán cayó en manos de los conquistadores porque el 80% de la población murió de viruela, que a los españoles ya no les afectaba, pero que a los aztecas les resultó letal. En 1918 se vivió la más terrible epidemia que registra la historia, cuando 500 millones de personas enfermaron y murieron más de 50 millones en poco tiempo. Se llamó Influenza Española aunque nació en Estados Unidos en un campo de entrenamiento para soldados que poco después fueron a Europa a participar en la Primera Guerra Mundial y con ello desparramaron la enfermedad por todo el viejo continente. En 1882 México y China firmaron un acuerdo de intercambio social que trajo a nuestro país a cientos de familias chinas que se ubicaron en los estados del noroeste. Con sus costumbres, comida y fuerza de trabajo también traían tracoma (infección ocular), tuberculosis y adicción al opio. O sea que las migraciones suelen ser el mejor mecanismo para la dispersión de las enfermedades como ya ocurrió en fechas recientes con la gripe aviar y la gripe H1N1 que se distribuyeron mundialmente por los viajeros en avión. Actualmente Europa está resintiendo la invasión de sirios, afganos, libios, etíopes y marroquíes que han hecho resurgir el sarampión y la varicela que habían disminuido considerablemente. Los migrantes centroamericanos que pasan por nuestro país en su viaje hacia Estados Unidos, en su enorme mayoría, no vienen vacunados contra las enfermedades exantemáticas, porque en sus países el sistema de vacunaciones es muy elemental o simplemente no existe, como sucede en Haití. Han surgido brotes de varicela, tifoidea y otros padecimientos que ya se tenían controlados. A su paso por nuestro territorio no solamente tendremos que darles alimento, ropa y hospedaje, sino también atención a sus enfermedades. Y éste es un trabajo y un gasto que nunca se planeó. Los problemas ya son noticias cotidianas, los migrantes centroamericanos se enferman y mueren en los albergues o en sus traslados y reciben una pobre atención o de plano no son atendidos porque no cuentan con dinero ni con afiliación a ninguna institución de Seguridad Social. Y no solamente los enfermos, ya han tenido que atenderse partos, legrados y cesáreas. Los ya de por sí saturados y desabastecidos hospitales mexicanos que en este sexenio están peor que nunca y lo están resintiendo. Otra vez nos volvió a ocurrir, que los mexicanos que somos puro corazón ofrecemos asilo, apoyo y fraternidad sin calcular los conflictos que nos acarreamos.

 

hecgrijalva@hotmail.com

 

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Héctor Grijalva

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