Opinión

Es tiempo de asumir el cargo, presidente/ Bravuconadas

Hace apenas una semana, el aupado morenismo festejaba en la fronteriza Tijuana el “logro” de la delegación del gobierno mexicano, encabezada por el canciller Marcelo Ebrard Casaubón, de haber suspendido las draconianas medidas económicas anunciadas por el gobierno norteamericano del presidente Trump, de aplicar aranceles del 5% a todas las exportaciones mexicanas a ese país. En una primera instancia, la noticia justificaba el festejo. Allá se reunieron un buen número de personajes allegados al presidente López Obrador, diputados federales y locales, senadores, miembros del gabinete, algunos gobernadores, incluso de otros partidos, pero sin faltar Claudia Sheinbaum, de la Ciudad de México. Además, otros actores que no dejaron de poner la nota por su presencia, entre ellos, representantes de las iglesias católica y cristiana, destacándose por sus mensajes a la multitud reunida, rompiendo décadas de laicismo en los actos de gobierno. Vamos el festejo en grande.

Sin embargo, una parte de la opinión pública del país quedó expectante a lo que realmente pasó en la negociación entre México y Estados Unidos aquel viernes 7 de junio. Tanto un gobierno como otro mostraron el documento que señalaban los alcances del acuerdo bilateral, a su manera, jactándose de haber logrado una victoria para la parte que representaban. A decir verdad, al gobierno de México le ha costado mucho hacer sentir a los mexicanos que efectivamente fue una victoria. Poco a poco, se han puntualizado los compromisos del país para los poderosos vecinos del norte. Primero, la asignación de seis mil efectivos de la Guardia Nacional para vigilar la frontera sur, principalmente con Guatemala; enseguida, el fortalecimiento en la aplicación de las leyes mexicanas en materia de migración con los centroamericanos; y, por si eso no fuera suficiente, México recibirá a los migrantes centroamericanos que hayan solicitado una visa de ingreso a los EU en tanto se resuelve su situación legal al respecto, Ebrard habló tentativamente de 10 mil, aunque el subsecretario de Derechos Humanos de la Segob, Alejandro Encinas, habló de 50 mil personas.

Este tema del conflicto entre las dos naciones, que nos compete o debe interesar a todos, está lejos, muy lejos de resolverse. Aunado al acuerdo, hay una serie de factores que aumentan su complejidad y riesgo. Los Estados Unidos pusieron un plazo perentorio de 45 días para evaluar la aplicación de los compromisos por parte del gobierno mexicano, so pena de que, ante la no satisfacción norteamericana, los aludidos aranceles vuelvan a ser una amenaza ante su aplicación. Más aún. Sí consideramos que todo este asunto se está desarrollando en el escenario político electoral que habrá de definir la reelección del señor Trump a la presidencia de EU, el gobierno lopezobradorista está colaborando de manera directa e inevitable a ese fin. El cumplimiento cabal del acuerdo de los aranceles le dio al mandatario Trump su muro y, además, efectivamente México lo pagará.

Ciertamente el permitir la aplicación del arancel iba a pegar en la base económica nacional, al poner en riesgo miles de empleos y comprometer millonadas de dólares por la disminución de las exportaciones, también es cierto que México a priori renunció a las posibilidades legales con base en el TLC aún vigente, a los mecanismos e instancias internacionales que existen para el efecto. El país, en materia de relaciones internacionales, se ha aislado de manera alarmante. Además, a lo interno, el gobierno morenista optó por el empoderamiento extralegal del secretario de Relaciones Exteriores, dándole atribuciones que no le corresponden, sacando de la negociación a la dependencia federal responsable de cuidar la seguridad interior y la cuestión migratoria, la Secretaría de Gobernación. Independientemente de la complacencia de la Secretaría, el riesgo de que se tomen decisiones sin tener las atribuciones legales para ello, puede poner a México en un alto riesgo constitucional, según palabras del Dip. Porfirio Muñoz Ledo, entre otras cosas, presidente de la Mesa Directiva del Congreso.

Y para colmo, el tema México Estados Unidos no es el único tema que entretiene al gobierno mexicano, junto a esta trama internacional, el país, hacia el interior sigue su vida, intensa, complicada, y nuestro gobierno, parece agobiado. El presidente López Obrador, sigue lidiando con su mal llevado tema de los aeropuertos. Al de Texcoco, lo quiere inundar, al de Santa Lucía volver una real posibilidad, en ambos casos, el Poder Judicial lo ha frenado. Algo similar y que involucra a la opinión pública, es el tema de la refinería de Dos Bocas, sigue con tropezones y dislates, ecológicos, legales, presupuestales. Del Tren Maya cada vez se habla menos, razones sobran para hablar menos. Siguen los recortes a la burocracia federal, y la ya famosa austeridad republicana, que igual le pega al funcionamiento del sector salud, que genera fricciones con la comunidad científica, artística y hasta deportiva.

La inseguridad está terca en superarse a sí misma, rompiendo semana a semana sus propios records. A ello habría que agregar que la Ciudad de México es víctima de un repunte en homicidios dolosos y secuestros. Más pronto que tarde, la hoy contenida ciudadanía de esa entidad, rebasará los controles políticos del morenismo capitalino y habrá que ver qué sucede.

Éste entorno complicado que define nuestra vida nacional se desenvuelve en un escenario que meticulosamente, día tras día, mañana tras mañana, abona y riega nuestro presidente al señalar que a México lo habitamos dos tipos de mexicanos: los que lo apoyan y los que lo cuestionan; los buenos y los malos; los conservadores, y ahora cretinos, y los Transformers.

Para salir de este bache, es imprescindible que México y los mexicanos compartamos una sola preocupación por la salud del país, por sacar con una estrategia real, incluyente, histórica, a la nación mexicana. Sé que es difícil para el presidente subir esos escalones que por alguna razón no se atreve a subir y asumirse como el hombre de Estado que hoy se necesita con urgencia. Que ya no hable con frivolidad de Juárez o de Cárdenas, y que entienda que ocupa el mismo cargo que ellos en su momento histórico.

 

mario.bravo58@hotmail.com

 

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Mario Bravo

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