03/06/2020


Dicen los científicos que hace aproximadamente 4500 millones de años se creó la Tierra. Que la humanidad empezó su andar originario desde lo que hoy se conoce como África y que esos grupos humanos en colectivo poblaron de razas el planeta habitando en refugios naturales.

Humanizándoles, expresaron mediante imágenes su relación con el medio, con el entorno, con la naturaleza, el cosmos y con sus iguales, en una lenta y paciente transformación que a partir de la observación y del surgimiento del lenguaje, se nombraron primero a sí mismos ante la apremiante necesidad de nombrar aquello que aún no tenía nombre y de reconocerse en la propia realidad interna y externa aún inescrutadas.

En ese transitar encontramos la obra del Maestro Jesús Palacios, que discurre desde el origen.

Desde su hábitat, boca de alma pétrea, tiene un encuentro acrisolado que le funde consigo mismo y con la expresión ancestral, que le otorga una grafía con la que nombra el mundo, que le empuja a andar la naturaleza física, natura naturata y luego adentrarse en la esencia del ser, de aquello que no requiere de sustancia material, natura naturans, que juntas aluden y nombran la esencia del adentro y el afuera que marca con precisión estacional los ciclos de vida que le expanden hacia el universo con regocijo cósmico.

Manifiesta sus vivencias afectivas y emocionales, mediante el color orgánico y mineral que recolecta del paisaje primigenio, del día a la noche y de la tormenta a la calma.

Para desaprender, el Maestro Palacios, hace una pausa…

Al punto emplea la mancha y el color en su obra para ofrecer una visión luminosa, fecunda y creadora de atmósferas que responden a un impulso primitivo que encuentra en el quehacer de sus pares rupestres neolíticos, la humanización de la materia.

Así, traza senderos que se sugieren como hoja de ruta que convergen en algún paraje imaginario con la vida, con la muerte y con el amor.

Quiméricos territorios teñidos de matices ocres, tierras y azules, atemporales, porque para la expresión artística no tiene cabida la segmentación y el encasillamiento en corrientes estilísticas dictadas por el mercado y la moda, que como al entorno, le han degradado, polarizado y deshumanizado.

En cambio sí, existe un constante devenir que dialécticamente abre la posibilidad de explorar múltiples significados por medio de la obra y del ser, que el día de hoy el artista ancestral nos ofrece desde esta cámara pétrea, en un cultivo que formula un nuevo resultado que arriba a una propuesta en la que la vida transcurre con natural persistencia.

La exposición puede apreciarse del 19 de junio al 28 de julio de 2019, en la Galería de la Ciudad, de la Casa de la Cultura Víctor Sandoval, del Instituto Cultural de Aguascalientes.


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Verano de 2019.

 

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