Opinión

Familiario / La escuela de los opiliones

Padre: normalmente este animal tiene dos brazos, dos piernas, dos ojos, dos orejas y mil lenguas. Quizás lo más interesante de un hombre que confía en la perpetuidad de sus genes son las historias que desarrolla para justificar una copia suya en el mundo. Proveedor histórico, es consentido durante las ventas nocturnas con su propio dinero, a meses sin intereses, contundente prueba de que el capitalismo tardío todavía tiene mucho que ofrecernos. Al principio no confía en que su hijo puede ser su propio hombre -y no pensemos lo mucho que puede tardar en comprender la humanidad de sus hijas-, sino la continuidad de un legado imaginario, atributos amables que se ha robado de su árbol genealógico para cimentar el pasado, el patrimonio, la casa. No siempre se queda, siguiendo viejas instrucciones biológicas y memorias genéticas, si el clima no es propicio o el rostro del niño no simula la nariz de su sangre en los primeros días, saldrá a comprar unos cigarros, compelido por las fuerzas misteriosas que lo obligaron a construir sus propias ficciones.

Prima: a la prima se le arrima y al primo se le da fierro, como dicen los fierrosexuales, pariente.

Abuela: criatura saltarina cuando fue niña, puede alcanzar la copa de los árboles y sanar muy rápido las rodillas raspadas (propias y ajenas). De joven se escondía entre los matorrales para cazar a los conejos y las ranas, puedes escucharla como habla de ellos y presume que son la carne más deliciosa. Poseedora de secretos imposibles que hablan de niñez y también deseo, urdimbre de soluciones y melancolías, dominante de la lengua perfecta ya que pocos se atreven a desafiar o corregir a las matriarcas, la acumulación de edades y arrugas convierte en realidad todos los sueños de su memoria degradada. Pone la mesa para los perdidos y los hambrientos; convierte en manjares los tacos de frijoles o de papas con nopales; reescribe la Biblia para darte un poco de justicia y seas aceptado en su casa ignorando toda la furia, y el dolor, y la impaciencia del mundo que está en contra tuya. Ella te dirá uno de los muchos caminos verdaderos en los que puedes andar tu vida, pero también querrá ver con interés tus propias decisiones. Ella tiene entre sus cosas los cigarrillos que un padre olvidó.

Hermano: no habrá nadie que entienda como tú el origen, pero qué puede saber él de las raíces que sí son tuyas, raíces que él ha negado o de las que es ciego por la diferencia de edades, de cariños, de costumbres, de horarios. Los caminos divergen, los cerebros no son los mismos, cada quien es su propio hombre pero a veces su sincronía engaña a los extranjeros cuando gustan de los mismos platos y fuman la misma marca. Cuando tu amas los libros y los laberintos formados en los cuentos más extraños, un hermano te dirá que la solución está en los números y que el caos de Mandelbrot no es tan desordenado como lo piensas si tienes un poco de imaginación y te atreves a ver la filosofía de los números. Hombres de sentimiento y de ciencia, ambos tratan de explicarse aspectos que ya aprendieron del mundo, de las gentes que son distintas a ustedes, para protegerse y saberse dueños de su propio lenguaje. Los niños solos andan por el mundo buscándose amigos que más tarde aprenderán a llamar hermanos. Descubrirás, así, que algunas familias pueden escogerse.

Tía: recibirás un piolín de buenos deseos, un domingo por la mañana, y después de un suspiro dirás: “tan común como una tía en domingo”. Pero tampoco te engañes. En las tías encontrarás una copia distorsionada de tu madre pero con un lenguaje más libre, más atrevido. No es un cariño maternal, tampoco fraternal; tiene una profundidad desconocida, enigmática, pero evítese estudiarlo demasiado porque sabes, de algún modo, como ley universal, que es un cariño inagotable y garantizado. Cuando la abuela sólo tiene prudencia y los padres están ausentes por el trabajo, ella se pondrá los guantes de boxeo y madreará a los abusadores por ti. Heredera de las abuelas y crítica de los padres, encontrarás en la tía puertas abiertas que en otras ramas del árbol genealógico siempre están cerradas. Nomás no preguntes demasiado, porque ella podría decirte la verdad y algunas veces, por qué no, quizá es mejor perpetuar la historia de unos padres ilusos.

 

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Agustin Fest

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