Opinión

Guillermo del Toro, juridicidad y grupos fundamentalistas / Cinefilia con derecho

Siempre tiene que haber reglas o normas de conducta, en cualquier ámbito de la vida del hombre, existen, aunque tengan sus muy particulares connotaciones; las democracias occidentales postulan la norma con las características que aprendimos de García Máynez, a su vez heredadas de Kelsen: coercibles, bilaterales, externas y heterónomas. Hemos matizado en los últimos años a esta clase de normas, para admitirlas como derecho siempre y cuando se ajusten a los derechos humanos, encontrándolos a ellos en el llamado bloque de constitucionalidad, es decir la constitución, los tratados internacionales y  otras fuentes, como las resoluciones de algunos tribunales internacionales.

Sin embargo, algunos grupos humanos no coinciden con esta idea de norma de las democracias, los gobiernos fundamentalistas encabezados por monarcas despóticos son ejemplo claro de ello, como el líder musulmán que declaró que se puede golpear a mujeres siempre y cuando no les rompan los huesos (sic). Los conservadores de ultraderecha en México que no se cansan de insistir en violaciones de derechos humanos como prohibir el matrimonio igualitario o la adopción de los roles de género que cada uno quiera adoptar, vestirse como cada uno quiera hacerlo (falda o pantalón). Acusan estos grupos que se pretende imponer una “ideología de género”, lo cierto es que este pensamiento extremo, hoy en día en México, es la forma más clara en que se violentan las libertades individuales. El problema es cuando gente con este pensamiento retrograda lo lleva a la práctica en los andamios gubernamentales, pues se aleja del Estado de derecho y aplica sus convicciones, el caso grave fue en Aguascalientes, una institución completa (¿será?)  negándose a aplicar un derecho al aborto a una menor violada.

Así como estos grupúsculos aplican sus propias normas, alejándose de este bloque de constitucionalidad que hemos luchado por siglos en construir, tenemos otros subgrupos como las mafias, el crimen organizado, todos con sus propios parámetros de actuación. Una metáfora de cómo se crean subórdenes para-legales podemos verla en el mundo de fantasía de los monstruos, las creaturas ultratumba, que tanto nos deleitan. Ciertamente, como lo he acusado en otras entregas, el mundo paranormal tiene también sus propias normas, y no solo se trata de reglas físicas, sino de conducta: rehúyen a cierto tipo de amuletos, sólo pueden atacar en algunas condiciones, están limitados o pueden ser vencidos con hechizos.  

Esta parafernalia de seres extraordinarios y sus leyes es la que puebla el universo cinematográfico de Guillermo del Toro, el mexicano que se dio a conocer con la fenomenal La invención de Cronos (1993) y que es famoso además por su participación en la serie mexicana de culto La Hora Marcada, aunque según wikipedia fue director de algunos capítulos, es imposible localizarlos, incluso hace algunos años se emitió un DVD conmemorativo y prácticamente solo se añadieron episodios filmados por Juan Mora Catlett. Del Toro emigró a Hollywood, emprendió una meteórica carrera que lo llevó a filmar películas ahora clásicas, entre las que destacan la saga de Hellboy, El Laberinto del Fauno o las dos entregas de Pacific Rim, sólo por mencionar algunas, pero el mundo deltoresco es vasto e incluye una larga lista de películas e incluso series animadas (Trollhunters, mi favorita) que lo llevaron a crear una colección gigantesca de afiches relacionados con sus obras y los temas en ellas tratados que exhibía en una especie de museo privado en su residencia actual en EUA que llamó Bleak House.

Por primera vez en México y por última ocasión fuera de su casa en California, Del Toro presenta en conjunto con la Universidad de Guadalajara una magna exposición de su colección llamada En casa con mis monstruos, objetos distribuidos en ocho salas que son un regocijo para los fans y los no tan fans, lo mismo incluyen afiches de sus películas que otros objetos, modelos a escala de Kaijus, la pistola de Hellboy o estatuas tamaño real de Frankenstein, el siniestro hombre pálido o el fauno. Por la cercanía, por lo excepcional de la exposición (del Toro a declarado que no volverá a montarse pues los objetos serán donados a varios museos) vale la pena ir a Guadalajara y pasear por una casa llena de monstruos que lo mismo abrevan de la literatura clásica (Lovecraft o Allan Poe) que del mundo pop hollywoodense.

 

rubendiazlopez@hotmail.com

 

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Rubén Díaz López

Rubén Díaz López

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