Opinión

La ciudad densificada, paradoja que atenta contra la distribución social del espacio

Ante la inminente puesta en marcha del paradigma de la ciudad densificada como “la salida” a los problemas de sostenibilidad en las formas en cómo hemos construido y consolidado las ciudades, me propongo aquí hacer algunas reflexiones respecto a los discursos alrededor de los beneficios que el modelo de ciudad densa puede arrojar como la vía para lograr un menor consumo del suelo y evitar con ello la expansión de las ciudades. Se propone como un modelo que pareciera ofrecer “la solución” hacia la construcción de la interacción equilibrada de los seres humanos con el medio ambiente que nos rodea, pero si esta propuesta no es atendida también a escala de las interacciones al interior de las ciudades, podría tener consecuencias negativas y seguir reproduciendo la pobreza y la desigualdad que caracteriza a nuestras ciudades.

La sostentabilidad como supuesto nace ante el inminente impacto al medio ambiente que las actividades humanas han dejado sobre el planeta tierra. Es a partir del año 1970 que algunos científicos expertos en temas de medio ambiente comenzaron a señalar el impacto global y nuestra huella ecológica sobre el consumo y transformación que hacemos de los recursos naturales enfatizando que nuestras formas de aglomerarnos e interactuar basada en postulados netamente económicos llevaría a un cambio climático, y en el escenario más adverso, a la extinción de la especie humana.

Por ello, en 1987 se emitió el Informe Brundtland, informe que define al desarrollo sostenible como un proceso de equilibrio entre las prácticas económicas y sociales con el medio ambiente. Este informe tiene como principal postulado el permitir que las generaciones que habitamos la tierra podamos satisfacer nuestras necesidades, pero sin poner en riesgo el consumo de las generaciones futuras. Es decir, este informe reconoce que el modelo económico capitalista con el que interactuamos en la actualidad ha creado una mayor presión sobre el territorio y la población que habita las zonas con alta concentración de recursos naturales y, por tanto, tiende a expulsarlas dejando tras de ello no sólo degradación del medio ambiente, sino también recrudeciendo la pobreza y la desigualdad sobre todo en los países en desarrollo [Citation ONUas \p 13 \l 2058].

A partir de esta discusión sobre el desarrollo sostenible es que las diferentes organizaciones internacionales emiten lineamientos y tratados esperando que los diferentes gobiernos se ciñan a ellos y busquen la forma de implementarlos. De ahí que en materia de desarrollo urbano se busque también implementar modelos de ciudades más sostenibles, y bajo esta línea se plantee un modelo de ciudad más compacta y densa, un modelo de ciudad que transforme menos el suelo de uso agrícola, forestal o con otra actividad de conservación de área natural hacia zonas urbanizadas. Por ello se postula que una ciudad compacta será aquella que puede contener un mayor número de habitantes en una menor superficie. Es decir, un modelo de ciudad compacta permitiría no sólo un impacto menor con el medio ambiente, sino también lograría una mejor interconexión social, de movilidad y económica para que sus habitantes puedan disfrutar de todos los bienes y servicios que oferta.

Sin embargo, los procesos de densidad y concentración de habitantes no es una propuesta muy novedosa o indicativa sólo de este modelo de ciudad compacta. La densidad o concentración de población ha sido la forma de hacer y consolidar la ciudad por parte de las personas con menores ingresos. Sabemos ya que nuestros modelos de organización espacial tienden a concentrar a las personas de acuerdo con su estrato socioeconómico y que las personas con menores ingresos suelen habitar y residir en las periferias urbanas y en las zonas menos aptas para ser urbanizadas; de ahí que sea recurrente encontrar una mayor densidad de población en estos asentamientos de origen informal cuyo inicio u ocupación toma fuerza en México entre 1960 y 1980.

Estas colonias que en su momento fueron periféricas, son ahora las que mayor concentración de habitantes tienen en las grandes urbes del país. Según los datos obtenidos por Priscilla Connolly (2012), en la Zona Metropolitana de la Ciudad de México existen colonias o zonas donde la densidad de población ha alcanzado hasta los 580 habitantes por hectárea después de 30 o 40 años de haber iniciado su proceso de ocupación. De igual forma sucede en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Los últimos datos analizados del Censo de Población y Vivienda elaborado por el Inegi en el año 2010 arrojaron Áreas Geoestadísticas Básicas (AGEB) con más de 390 habitantes por hectárea.

Si bien la densidad de población es una variable que nos permite observar los fenómenos de concentración de población por estratos socioeconómicos, de igual manera posibilitó conocer y comprender los diferentes tipos de poblamiento que han constituido y consolidado las ciudades, así como comprender que la concentración de población ha sido una de las pocas posibilidades con las que cuentan las personas de menos ingresos para tener un lugar donde vivir. Por ello se hace necesario distinguir entre dos fenómenos que parecieran similares al observarlos a escala de una ciudad, pero con diferencias sustanciales al observarlos a escala de las colonias: la densificación y el hacinamiento.

El primero de ellos, la densificación, parte de un supuesto donde se busca concentrar un mayor número de personas en una menor superficie con la finalidad de frenar la expansión de las ciudades y con ello evitar un mayor consumo de suelo. El segundo, el hacinamiento, es un fenómeno observado y muy recurrente en los asentamientos o colonias populares donde suelen concentrarse las personas con menores ingresos. El hacinamiento, fenómeno ampliamente estudiado por la Organización Mundial de Salud (OMS) debido a las implicaciones que puede tener en términos de salud física y mental, es una condición de ocupación del espacio al interior de la vivienda y se considera que sucede cuando más de 2.5 personas comparten un dormitorio [Citation Ins192 \l 2058 ].

Por ello es mucho más común encontrar condiciones de hacinamiento y densidades de población mayores en colonias populares o en zonas que son habitadas por los estratos socioeconómicos con menos ingreso; y aun cuando pudiéramos hacer referencia a la similitud en ambos fenómenos, su origen de partida los hace totalmente diferentes. Primero, porque la densificación como proceso de planeación observa a la totalidad de la ciudad como si las opciones o posibilidades de residencia de la población se dieran en igualdad de condiciones, sin que existiera un modo dominante de producir el espacio; y, segundo, porque el hacinamiento sólo puede ser observado a escala micro, al interior de las viviendas y es casi siempre resultado de procesos de cohabitación o de compartir una vivienda porque no se puede adquirir una propia.

Implementar un modelo de ciudad sostenible requerirá observar a la densificación como un proceso para lograr una distribución social del espacio [Citation Mar85 \l 2058 ]. Es decir, no podríamos considerar que una ciudad es sostenible si sus formas de consumo e interacción entre individuos tiene como base la desigualdad en el acceso a un bien de consumo básico como es la vivienda, lograr que el paradigma de “la ciudad sostenible” sea posible requerirá, por tanto, que se transformen y abatan las formas histórico-estructurales ya sean políticas, ideológicas, económicas, sociales y culturales que han moldeado las formas de consumo y del habitar humano.

 

ale_nv@msn.com

 

Referencias

Connolly, Priscilla. (2012). “La urbanización irregular y el orden urbano en la Zona Metropolitana del Valle de México de 1990 a 2005”. En C. E. Salazar (Ed.), Irregular. Suelo y mercado en América Latina (Primera ed., pág. 379). México: El Colegio de México. Inegi. (2010). Censo General de Población y Vivienda 2010. Obtenido de Instituto Nacional de Estadistica y Geografia: https://bit.ly/2KvPgZZ.

Martín-Baró, Ignacio. (1985). “El hacinameinto residencial: ideologización y verdad de un problema real”. Revista de Psicología Social, pág. 31-50.

ONU. (4 de Agosto de 1987). Informe de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y el Desarrollo. Obtenido de Universidad de Quebec: https://bit.ly/2eE0ni7.

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María Alejandra Núñez Villalobos

María Alejandra Núñez Villalobos

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