Opinión

La espina en el hueso ajeno / Opciones y decisiones

Motivado por los altisonantes y ominosos acontecimientos del fin de la semana pasada, que provocó la amenaza del presidente norteamericano Donald Trump, consistente en imponer unilateralmente una serie progresiva de aranceles a todos los productos de importación de México, iniciando con un 5% -para ser efectivo el lunes 10 pasado- y con incrementos sucesivos de 5 puntos porcentuales, cada mes, hasta sumar una imposición arancelaria total de 25%; decidí poner en blanco y negro un ejercicio propio de deliberación, sobre asuntos tan onerosos y nefandos como éstos.

Invoco explícitamente la palabra “deliberación”, a sabiendas de que es ya un término acuñado por la Bióetica, que desde luego asciende una escala más allá de la reflexión estrictamente personal, para convertirla en un diálogo interpersonal; de manera que ella adquiere su pleno sentido en la interlocución con otro u otros. Partiendo de esta base, invito al muy apreciable lector, a pensar por sí mismo los tópicos que aquí expreso, pero que él en su turno, obviamente, enriquece y actualiza, en el acto mismo de resonar, es decir responder con su propia imaginación sobre esos hechos reales que, a partir de ese momento, ya no le son ajenos, le interesan.

Sería muy presuntuoso de mi parte, asumir que al reflexionar sobre esa amenaza pendiente, emito ideas originales o mejores de las ya pronunciadas por cantidad de expertos, analistas, comunicadores y distinguidos miembros de la comentocracia nacional, local o extranjera. Mi sólo propósito es aportar la porción deliberativa que a mí me compete, y elevarla a mi entorno comunitario. Dicho lo cual, paso a discurrir lo siguiente.

 

La pretendida imposición arancelaria por Donald Trump tenía y tiene un “quid pro quo”, en dos objetivos centrales: – 1) Disminuir significativamente el flujo migratorio centroamericano que, pasando por territorio mexicano, llega a la frontera con los EE.UU. y solicita asilo en ese país (en el pasado mes de mayo esa demanda migratoria representó un volumen de 144,000 personas). 2) Aceptar la residencia temporal de (la actual masa migratoria) tanto de los que ya son solicitantes en territorio estadounidense como de aquellos que están por llegar, pero cuyo trámite de internación migratoria está sujeto a los juzgados pertinentes, y significan meses o años de proceso.

En un Estado de Derecho internacional y nacional, respetado y respetable, una tal imposición económica unilateral condicionada a una acción migratoria determinada a cargo de un tercer país, es inadmisible. Pero, se dice, la desigualdad tanto económica como de hegemonía pragmática de los Estados Unidos sobre México, hace insoslayable afrontar la cruda imposición de dichas medidas intervencionistas. Y así se hizo. Quedó suspendida la imposición de aranceles (tariffs) a México, hasta en tanto se ejecuten las acciones migratorias indicadas, cuya eficacia será probada dentro de un plazo de 45 días. ¿Negociación? No. ¿Acuerdo? En parte, bajo imposición simulada. Veámoslo desde un enfoque deliberativo.

Recurro a un instrumento metodológico, el llamado campo de fuerzas, que evidencia las energías de choque generadoras del conflicto o crisis, y lo complemento con los elementos teóricos del análisis clásico marxista basado en las contradicciones (juego dialéctico) según su naturaleza y el grado de intensidad con que se manifiestan.

El origen del conflicto migratorio es propio de los Estados Unidos y se esgrime en su propio territorio; aunque ya tenía categoría histórica precedente, formalmente da inicio con la propia Administración federal del presidente Trump, con su pretensión de construir el muro fronterizo con México. Y que exacerba declarando un estado de emergencia de seguridad territorial en la frontera sur. Su primer choque tanto ideológico como jurídico se da con los migrantes de países musulmanes –sobre todo los que se encuentran en estado de guerra caliente-; y por extensión con los migrantes mexicanos ya internalizados en ese país, pero en calidad de indocumentados, y haciéndolo extensivo a los inmigrantes latinoamericanos –principalmente de Centroamérica y el Caribe- cuyo flujo es creciente y en oleadas cada vez más numerosas.

El ostensible rechazo de Trump a este imparable flujo migratorio, enderezó el reforzamiento de la Patrulla Fronteriza y mostró su mano de hierro alojándolos en recintos de control “enjaulados” y con la separación de padres e hijos, ruptura de familias. El creciente hacinamiento de estos contingentes de migrantes y sus condiciones infra-humanas evidenciaron a nivel interno del país una patente crisis de gobernabilidad de tal fenómeno. Digamos, hizo emergente una contradicción de primer grado entre el Poder Judicial de los Estados Unidos y el propio Poder Ejecutivo, que también se trasladó al Poder Legislativo, en su resistencia a otorgar cuantiosos fondos económicos para la construcción del mentado muro y “reconocer” un tal estado de emergencia.

Impasable que ha sido esta contradicción interna de primer grado, digámoslo enfáticamente: un ostensible fracaso de la política de garrote de Trump, en abierta posición como fuerza restringente dentro del propio sistema político y jurídico de su país, éste decide trasladarla allende su frontera de origen: México. Y lo hace recurriendo a un frío esquema cínico, Quienes deben parar este flujo migratorio son los mexicanos, es decir, el estado mexicano.

A sabiendas de la ya crítica situación heredada de la Administración peñista anterior, pero exacerbada en la misma transición política al “nuevo régimen” de la 4ª Transformación. Los nuevos alientos de “humanismo” y acatamiento del Estado de Derecho internacional, hacían nugatoria una política de endurecimiento y rechazo a las olas migratorias, más bien se postuló una recepción humanitaria. Sin embargo, estas muestras de benignidad, fueron interpretadas en los países expulsores como una vía de despresurización local y regional, amén de una fuente de enriquecimiento ilícito inmediato para las horadas del coyotaje internacional. Lo que agrava la situación mexicana como receptor neto de inmigrantes, indocumentados y clandestinos.

El campo de fuerzas, ahora de nivel internacional, se profundiza y agrava, debido a otra política o alarde de fuerza de la Casa Blanca, para imponer arbitrariamente y al azar, el desplazamiento de masas de migrantes a las llamadas “ciudades santuario” de la unión americana, como distribución de la carga ya insoportable para las localidades fronterizas. Medida que fue dura y airadamente impugnada por los alcaldes que se sentían aludidos por esta imposición de Trump. Contradicción igualmente de primer grado al sistema tripartito de poder, inscribe el segundo gran fracaso interno de política migratoria de garrote del presidente. ¿Qué salida tomar? De nueva cuenta, trasladar esta venenosa contradicción sistémica, hacia fuera, hacia México.

Y el desplazamiento, en esta ocasión, se hace doble: del sistema norteamericano al mexicano y, por extensión, al Latinoamericano. Es decir, se recurre a un doble nivel: a) la política fiscal, de naturaleza arancelaria, encarnada en Tariffs (aranceles) es meta-condición de b) la detención del flujo migratorio en curso, y la recepción del que ya fue y está estacionado, esperando el asilo. Aquí el orden y naturaleza de los campos intervinientes es alterado: el área fiscal invade –por puro voluntarismo cínico- al área societal o de estructura social migrante.

Por lo que una serie de contradicciones de primer grado internas al sistema americano, se hace exógena y se traslada en la creación de nuevas contradicciones ahora endógenas al Estado mexicano y, por extensión, al latinoamericano, infectando al primero de una doble contradicción, ahora de naturaleza Fiscal, propiamente dicha, y por colateralidad al subsistema de estructuración social migrante. Es decir, México es inoculado con una venenosa inyección Fiscal de nivel primario; que se hace dependiente de otra inoculación invasora de nivel secundario. Así México queda emplazado a un febril contagio de impredecibles proporciones. Y todo, por un “querido amigo” allende la frontera en franco estado alterado tanto de conciencia como de comportamiento vecinal.

Sólo para ilustrar cómo opera este esquema pragmático-cínico, invoco el recurso analítico creado por el ingenioso ingeniero japonés, Kaoru Ishikawa: the fishbone/ el hueso de pescado, o el Diagrama de pescado. Su imagen es muy simple, pero efectiva. Imagine usted el remanente desnudo de una columna vertebral de pescado, entero, conectado con su cabeza y cola. Para efectos del análisis, la cabeza está conformada por el problema a resolver, y recorriendo cada espina-vértebra hacia atrás se trata de identificar cada causa con su efecto; la causa es simbolizada por la espina y el efecto queda incrustado en la vértebra respectiva; se procede así, sistemáticamente, para encontrar cada causa relacionada con su propio efecto, y que al final producen o construyen el problema a resolver.

Al completar el diagrama, hacemos evidentes las causas que originan el problema y que se manifiestan en los efectos observados; entonces la resolución está a la mano, remueve o maneja las causas y activarás o desactivarás sus efectos, al final el problema queda resuelto. De manera que el estratagema pragmático-cínico de Trump queda al desnudo. Él no está operando con un solo fish-bone, sino dos. El primero, de naturaleza fiscal, llamémosle un formidable salmón, es el que contiene los elementos económicos y el manejo discrecional de aranceles, que pretende aplicar a México. El otro diagrama de pescado, sea, el conflicto migratorio es el de un inédito peje-lagarto; pues bien, Donald Trump pretende obligar a México accionar de manera inmediata y resoluta una compuerta migratoria que pare de inmediato el flujo indebido centroamericano, accionando directamente sobre el esqueleto del peje-lagarto; en tanto que él –sólo él y su grupo de poder pragmático-cínico- activarán o desactivarán a placer la espina de las Tariffs, inserto en el hueso del formidable salmón. Este mecanismo tramposo de acción, nada tiene que ver ni con causalidad científica ni técnica, es la aberración de insertar una espina de salmón en el hueso de un peje-lagarto, y a esto llamarle éxito, gloria y triunfo. Una disimetría tecno-científica que muestra una dislocación de la personalidad, un vudú ilusorio, sólo posible bajo la careta del poder presidencial, que sí ejerce a discreción pragmática-cínica. franvier2013@gmail.com.

 

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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