Opinión

Los resultados del acuerdo migratorio

Esta semana fuimos testigos de un cambio en la política migratoria de este país. Tras una reunión con personal de la Secretaría de Estado de EE. UU. (una combinación entre Relaciones Exteriores y Gobernación), se determinó aplicar lo que se había pavimentado legalmente desde la aprobación de la guardia nacional: su uso para control migratorio. Se dice que los estadounidenses, improvisando tras otro mal tweet del jefe, se plantaron firmes en su posición: “México debe detener la migración o enfrentar el arancel”.

La delegación mexicana iba con el claro mandato de frenar los aranceles a cualquier costo. El efecto económico en México del escenario en el que se llega a octubre con 25% de aranceles en la importación -como Trump había amenazado- sería un golpe para la economía que determinaría el resto del sexenio, incluso la siguiente década. Los aranceles se frenaron, pero ¿a qué precio? En la política es una locura decir que los resultados hablan por sí mismos: Aquí mi interpretación de la situación.

En términos estratégicos, el asunto queda así: a cambio no colocar los aranceles, se desplegaron 6,000 elementos de la guardia nacional a la frontera sur y se prometió disminuir el flujo de personas que cruzan la frontera. El hecho de que no se estableciera un número específico en cuanto a la disminución de los flujos hace de esto una victoria pírrica, sobre todo tratándose de una contraparte como Trump. Además, se mencionó en el pacto un plan de desarrollo para Centroamérica, al que EE. UU. se comprometió a contribuir, esperemos a ver qué sucede con eso.

Como escribí hace dos semanas, los aranceles tenían la intención de mover el ciclo noticioso en EE. UU. El exdirector del FBI acababa de testificar frente al senado que no procesó a Trump en su reciente investigación sobre la intervención rusa en la elección de 2016 porque eso estaría contra la ley, dejando a los legisladores la decisión de iniciar o no un juicio de destitución en contra de Trump.

Los aranceles no eran una estrategia viable económicamente, pues hubieran golpeado enormemente a EE. UU. Sin embargo, al no tener que ponerlos, Trump se salió con la suya. Es lógico pensar que dejar que se aplicara el arancel un par de semanas tendría un efecto nocivo en el consumidor estadounidense. De haber dejado al presidente de EE. UU. hacer efectiva su promesa, se habría enfrentado a los efectos de la misma, y lo tendría que pensar dos veces antes de blandirla de nuevo. Es fácil exigirle jugarretas de política exterior a Ebrard en mi columna mientras toma decisiones que nos afectan a todos, pero ese es su trabajo y este es mi gusto. Con toda seguridad, no tengo toda la información que el Canciller Ebrard tiene a su disposición. En cualquier caso, el hecho es que Trump aún tiene el cartucho de los aranceles vs. México intacto, y lo seguirá usando.

En términos humanitarios, se va a desplegar la guardia nacional a la frontera sur. Se trata de una corporación con “actuación civil y disciplina y organización militar”, según una infografía circulada por legisladores. Los militares no son policías, ni agentes migratorios, sino militares. Enviarlos a la frontera sur va a traer miedo, violencia y muerte a los migrantes, por más capacitaciones de derechos humanos que tengan. Si bien México tiene espacio para la mejora en el cumplimiento de la ley, la militarización no va a hacer mucho por promover la regularización de la migración. Es ridículo asumir que más “guardias” quiere decir mejor cumplimiento de las leyes, como se ha hecho en algunos espacios de opinión televisivos.

En suma, la negociación era complicada, no había mucho espacio de maniobra. Sin embargo, se cedió muy rápido y no se obtuvo a cambio, ni siquiera una meta tangible. Además, los migrantes, que son de las personas más vulnerables del país, serán quienes paguen el precio.

Mientras tanto, Trump se mete en problemas de nuevo. En una entrevista con George Stepanopulos de ABC News, fue cuestionado sobre la posibilidad de recibir información en contra de sus oponentes por parte de extranjeros durante la elección de 2020, específicamente si aceptaría la información o llamaría al FBI. Recordemos que su presidencia ha estado marcada por la sombra de la comprobada intervención rusa en favor de su campaña en la última elección Su respuesta fue: “Pienso que tal vez haces ambas cosas. Creo que sería bueno escuchar, no hay nada malo con escuchar. Si alguien llama de un país, por ejemplo, Noruega, ‘tenemos información sobre su oponente’ A mí me gustaría escuchar eso”. Esperemos que lo destituyan, porque si no, va a usar todos y cada uno de los poderes de la presidencia para hacerse reelegir.

 

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José Eduardo Múzquiz

José Eduardo Múzquiz

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