Opinión

México-USA, fraterna rivalidad / Análisis de lo cotidiano

Hace 163 años, el 24 de junio de 1854, el presidente de Estados Unidos Franklin Pierce firmó el Tratado de la Mesilla mediante el cual compraba un amplio territorio llamado “La Mesilla”, que incluía la mitad de lo que es hoy el estado de Arizona y una franja de la frontera con el estado de Nuevo México. México, entiéndase el presidente Santa Anna recibió por ello diez millones de dólares. El tratado que firmó el Gobierno Mexicano no describía con claridad el territorio, de manera que el Senado estadounidense y su presidente hicieron los planos trazaron las fronteras y lo dejaron como está ahora. En pocas palabras, se aprovecharon del desinterés de los mexicanos en conservar esas tierras. Antes ya había ocurrido con el Tratado Guadalupe-Hidalgo mediante el cual los USA se apoderaban de California, Arizona, Nevada, Texas, Colorado y Wyoming, algo así como la mitad del territorio mexicano. Por cierto, que el acuerdo tiene un nombre genial “Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América”. Que sonaba muy bien, pero ni fue pacífico porque resultó de una guerra, ni fue amistoso porque fue ventajoso ni fue definitivo porque después de agenciarían con la Mesilla. Pero resulta que el Presidente Santa Anna no fue el único gran negociador de terrenos a cambio de dinero y reconocimiento por parte de los yanquis. El honorable Presidente Benito Juárez solicitó al Presidente James Buchanan en 1859 el reconocimiento de su gobierno y una buena cantidad de dinero a cambio de cederles el paso libre por el Istmo de Tehuantepec, que de haberse logrado hubiera sido el primer Canal Interoceánico, mucho antes del Canal de Panamá. Pero no solo eso, sino que los gringos tendrían una vía libre desde Nogales hasta el puerto de Guaymas en el estado de Sonora y desde Mazatlán hasta Monterrey y Tampico. Y ya como postre, la cesión total de la península de Baja California. El gobierno juarista por supuesto se comprometía a protegerlos con su ejército y darles toda clase de facilidades para el comercio. Es fácil imaginar que de haberse logrado los estadounidenses desde el siglo antepasado ya serían dueños del país. El tratado no se llamó Juárez-Buchanan porque los arreglos los hacían sus cancilleres y por lo tanto se le conoce como Tratado Mc Lane-Ocampo. ¿Y qué pasó? ¿Por qué no se concluyó? No porque los yanquis no hubieran querido, sino porque se terminó el período presidencial de Buchanan y poco después los metieron en la guerra civil, de manera que el infame tratado nunca llegó a firmarse. O sea que la relación entre nuestros vecinos del norte siempre ha sido así, una fraterna rivalidad en la que siempre ha ganado el hermano mayor, mas grande y más fuerte. Y también sirve para que analizando a conciencia nuestra historia, resulta que nuestros insignes héroes como el bienamado benemérito Benito Juárez no sale bien librado. Hubiese sido tan buen vendedor como Santa Ana si el tiempo y las circunstancias se lo hubieran permitido. Lástima que solo gobernó durante 17 años.

 

hecgrijalva@hotmail.com

 

The Author

Héctor Grijalva

Héctor Grijalva

No Comment

¡Participa!