Opinión

México y Estados Unidos: ¿Fin de la historia?/ Bravuconadas

Esta semana que apenas concluyó estuvo marcada por el primer conflicto expreso entre los gobiernos de México y los Estados Unidos de América, surgido a partir del incremento desmesurado del flujo migratorio desde la frontera sur de nuestro país, que habían encontrado en México el puente de acceso al “sueño americano”, principalmente a partir de este nuevo gobierno encabezado por la Cuarta Transformación, quién prácticamente desde sus inicios ofreció, casi de manera incondicional, un nuevo trato a los migrantes provenientes de Centroamérica, compuesto principalmente por ciudadanos de Honduras, El Salvador, Guatemala, y a quienes, en últimas fechas se les habían agregado cubanos, y hasta gente llegada desde África, sí, África.

Ante este fenómeno migratorio, el gobierno norteamericano hizo una serie de señalamientos a su par mexicano, acusándolo de no estar haciendo lo suficiente para detener ese movimiento, es más, acusó al gobierno lopezobradorista de estar animando ese fenómeno con su actitud laxa y, a decir de los vecinos del norte, cómplice.

Por otra parte, el presidente Trump se encuentra transitando por el tercer año de su administración y, por lo tanto, en los tiempos de los vecinos, prácticamente se encuentra comprometido en una campaña interna por la reelección, prevista para el 3 de noviembre de 2020. De esta manera, el escenario disruptivo de la política migratoria del millonario metido a presidente, encontró en el problema migratorio de su frontera sur, como un excelente pretexto para constituir un tema de autopromoción y acomodamiento de los ánimos de sus seguidores en su país. De esta manera inició hace unas semanas a afirmar que entre los migrantes centroamericanos iban mezclados maleantes, traficantes de droga, vamos, viajaba infiltrada “bad people”, que dañarían la paz y tranquilidad del pueblo norteamericano, y que todo eso sucedía con la complacencia del gobierno mexicano.

En esta misma semana, el presidente norteamericano amenazó a México con aplicar a todos los productos mexicanos que entraran a su país un arancel del 5%, mismo que se iría incrementando mes a mes, hasta llegar en octubre a un 25%, sí México no detenía las caravanas de centroamericanos que buscaban entrar a los EUA por algún punto de la frontera común entre ambos países.

Esta amenaza estaba fuera de toda norma internacional, era un acto de poder del vecino del norte, lo hacía porque podía, punto. Ni el Tratado de Libre Comercio vigente, ni el nuevo Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) en proceso de ratificación en los tres países integrantes, contemplaban esa medida punitiva como una acción autorizada o legal por ninguno de los países socios. México, reaccionó de una manera poco ortodoxa. El presidente López Obrador comentó en sus habituales conferencias mañaneras, que la amenaza era un mero exabrupto del presidente norteamericano, y que no tendría mayor implicación para el país. Pero Trump enseguida puntualizó más acerca de su intención, dicha medida sería aplicada a partir del lunes 10 de junio, si México no cumplía debidamente y a satisfacción con las exigencias norteamericanas antes de esa fecha. López Obrador finalmente tomó la decisión de enviar una delegación mexicana a los Estados Unidos encabezada por el Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, la Secretaria de Economía, Graciela Márquez, y la embajadora en ese país, Martha Bárcena, quienes a partir del miércoles 5 de junio iniciarían la ronda de negociaciones con la delegación norteamericana, encabezada por el vicepresidente Mike Pence y el Secretario de Estado, Pompeo.

Por su parte, el presidente de México, cuestionado sobre las soberbias declaraciones del presidente norteamericano, sólo atinaba hacerse dueño de su silencio, o de plano a tristes pantomimas de amor y paz y a evasivas que calaban en el ánimo de los mexicanos, quienes esperaban una respuesta clara y de mayor contundencia al respecto. Todo estaba en manos de la delegación mexicana y Marcelo Ebrard, había que esperar.

Fue rápida la negociación, aunque la discreción o secrecía de la misma no permite conocer los detalles de la misma y el viernes por la noche, anuncian los negociadores que alcanzaron un acuerdo: 1. No se aplicarían los aranceles anunciados por el gobierno norteamericano; 2. México incrementará significativamente su esfuerzo de aplicación de la ley mexicana a fin de reducir la migración irregular, incluyendo el despliegue de la Guardia Nacional en todo el territorio nacional con prioridad en la frontera sur; y, 3. Los Estados Unidos acelerarán el proceso de otorgamiento de asilo a aquellas personas que lo soliciten, pero que los retornará a México para que esperen su trámite.

En el inter, López Obrador convocó a un mitin para “ratificar la sagrada amistad con el pueblo norteamericano” y la dignidad de México, para llevarse a cabo el sábado 8 de junio a las 5 pm en Tijuana, Baja California. La respuesta tuvo sus peculiaridades, y mostró, sobre todo en las redes sociales, que hay una clara y marcada división entre los mexicanos, provocada principalmente por el mismo presidente morenista, que ha encontrado en ese señalamiento de las diferencias una veta para su discurso y acción política.

Regresando a la resolución del conflicto de los aranceles, no podemos menos que señalar que el gobierno norteamericano logró mezclar el tema comercial con el migratorio de manera impune, con el permiso del gobierno mexicano. En una mesa en las oficinas del Departamento de Estado norteamericano, se determinó cómo México debe cumplir sus propias leyes y cómo se debe desplegar la fuerza de la Guardia ¿Nacional? en todo el territorio y particularmente en la frontera sur. Dijo un amigo, por cierto, simpatizante de López Obrador, “nos volvimos el cadenero de los gringos”. Sí, además como tercer país, recibiremos a los migrantes que los americanos dispongan.

México fue avasallado por su poderoso y caprichoso vecino, nuestro gobierno, en su reacción, se mostró débil, sin estrategia, aislado. López Obrador optó por su silencio y agazaparse en las fronteras del país. Cuidado, los americanos no son un imperio por una amenaza de aranceles, sus intereses están sobre los intereses nacionales de quién sea.

 

mario.bravo58@hotmail.com

 

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Mario Bravo

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