Opinión

Migración y autocrítica / Cátedra

Me veo obligado a interrumpir la serie que acabo de iniciar sobre la historia de la UAA, para complementar y concluir el tema de la primero confusa y después engañosa “negociación” de nuestra política migratoria con Estados Unidos. Y digo que me veo obligado porque aunque mi posición al respecto me pareció clara, hay quienes quedaron con dudas que me propongo clarificar. 

Mi posición. Si bien dejé el resquicio de condicionar mi apoyo absoluto como ciudadano al presidente López Obrador a su defensa absoluta de la soberanía nacional, a la luz de una revisión más detallada de la información actualizada, he llegado a la conclusión de que no está dispuesto a cubrir ese requisito de defender nuestra soberanía a cualquier costo. Por tanto, le retiro mi apoyo.

Y para que no queden dudas de mi decisión, me remito a los siguientes argumentos:



Redacción descuidada. En su respuesta del viernes 31 de mayo a la amenaza del presidente Trump de aplicar gravosos aranceles a nuestras exportaciones, el presidente López Obrador, si bien le dice que México respetará los derechos humanos de los migrantes que cruzan nuestro país, además de incluir la absurda frase que no venía al caso en el sentido de que “…nuestro país se convertirá en una potencia…”, arguye la siguiente contradicción: “Usted sabe también que nosotros estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad de evitar, en la medida de lo posible y sin violentar los derechos humanos, el paso [de los migrantes] por nuestro país”. Creo que es muy difícil que el presidente nos pueda decir en qué norma legal se fundó para afirmar que tenemos la responsabilidad de evitar el paso de los migrantes por nuestro país, independientemente de que les demos el mejor de los tratos posibles. A mi juicio, este argumento es totalmente inconsistente, razón por la cual la redacción a esos niveles debe elaborarla una persona especializada en la materia por las consecuencias negativas que los errores pueden provocar.

La respuesta que no se dio. El lunes 3 de junio, cuando el presidente Trump se enteró de que el presidente López Obrador le había enviado una comisión proponiéndole el diálogo como medio de solución a las controversias, la trató majaderamente. Aparte de la forma imprudente y apresurada en que actuó nuestro presidente, sin previa programación de audiencia como si se tratara de mandar un mensajero a su finca, la única respuesta decorosa posible consistía en regresar a México a la comisión mediadora sin chistar y esperar a que la siguiente iniciativa corriera por parte del gobierno estadounidense.

Se me dirá que eso podría provocar un severo trastorno a nuestro comercio con Estados Unidos, pero eso es materia de un análisis especial. Aquí lo importante era defender a como diera lugar y a cualquier costo la soberanía nacional.

Neoliberalismo y TLC. Como el presidente López Obrador declaró clausurado el período neoliberal el día que tomó posesión, hubimos quienes pensamos que iba a aprovechar esta dorada oportunidad para liquidar ese funesto tratado como él mismo había considerado en su campaña. 

¡ALCA, ALCA, al carajo! Hubiera sido una fecha histórica, junto con la valiente clausura del proyecto imperial del ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) que habiendo nacido como proyecto también en 1994, los países latinoamericanos clausuraron y el pueblo argentino festejó en grande al concluir la IV Cumbre de las Américas celebrada en 2005 en Mar del Plata, Argentina, coreando la frase que inicia este párrafo, con el berrinche mayor de George W. Bush y su mozo de estoques Vicente Fox, allí presentes.

Lamentablemente, esa posibilidad de retirarnos de las pláticas ni siquiera fue considerada por nuestro supuesto presidente antineoliberal. 

La verdad es que a estas alturas yo no tenía esperanza alguna de que el presidente se mantuviera firme en las negociaciones, pues ya había señales perturbadoras de sumisión. 

Las pláticas y su lamentable resultado. Finalmente, del 5 al 7 de junio se realizaron las pláticas entre la comisión del gobierno de México y la del Departamento de Estado de Estados Unidos, entre protestas cada vez más fuertes y generalizadas que ya se manifestaban incluso entre los propios partidarios republicanos del presidente Trump en contra de su necia posición, por los graves daños que provocaría a su economía en caso de no llegarse a un acuerdo; esto, sin embargo, no fue aprovechado por la comisión mexicana.

El gobierno de los Estados Unidos dio a conocer una declaración conjunta gracias a la cual pudimos enterarnos de algunos compromisos porque en México no se le dio difusión de ninguna índole, lo que dio la impresión de que algo se ocultaba. De esa declaración conjunta destaco los siguientes párrafos:

“México incrementará significativamente su esfuerzo de aplicación de la ley mexicana a fin de reducir la migración irregular, incluyendo el despliegue de la Guardia Nacional en todo el territorio nacional, dando prioridad a la frontera sur”. 

“…Aquellos que crucen la frontera sur de Estados Unidos para solicitar asilo serán retornados sin demora a México, donde podrían esperar la resolución de sus solicitudes de asilo.

“A su vez, por razones humanitarias y en cumplimiento de sus obligaciones internacionales, autorizará la entrada de dichas personas mientras esperan la resolución de sus solicitudes de asilo. México, de acuerdo con sus principios de justicia y fraternidad universales, ofrecerá oportunidades laborales y acceso a la salud y educación a los migrantes y sus familias mientras permanezcan en territorio nacional, así como protección a sus derechos humanos”.

Cumplir lo pactado. En el mitin de Tijuana, que como vimos había convocado “…para defender la dignidad de México y en favor de la amistad con Estados Unidos…” y que astutamente convirtió en espectáculo triunfal, el presidente López Obrador declaró que “Lo que sigue es cumplir lo pactado”; nadie conocía el texto para juzgar el valor que para México tenía “lo pactado”, pero expresó lastimeramente que “siempre será injusto que se pretenda castigar a México por proponer un alto a la migración mediante el impulso al bienestar en sus puntos de origen y por procurar la fraternidad entre las sociedades y pueblos”.

Esto, que no tiene nada de festivo, suena hasta poético y pareciera concitar el valor de humanidad, pero contiene una frase que no podemos aceptar porque ninguna persona ni país alguno tiene autoridad para castigar a otro. Más bien pareciera que no tiene conciencia de lo que significa el concepto soberanía, hecho gravísimo tratándose, como se trata, del presidente de la República; sólo así se explicaría su actitud de triunfo ante lo que es, en realidad, una imposición reprobable e indigna.

Por su parte, el secretario de Relaciones Exteriores declaró, ufano: “Salimos con la dignidad intacta”. Júzguelo usted.

Mientras voces tan autorizadas como la del embajador Andrés Rozental, por ejemplo, se dejaron escuchar: “México aceptó ser el muro y la policía de Estados Unidos… en la frontera sur…”, que “hemos aceptado militarizar”, afirmó.

Nuevas amenazas imperiales. Después vinieron las nuevas amenazas del pretendido amigo del presidente López Obrador, dirigidas ahora contra el Senado mexicano, para obligarlo a aprobar los términos del acuerdo. Total: si ya tenía de rodillas al presidente ¿por qué no iba a doblegar al Senado? y no le costó trabajo: la mayoría de los senadores aprobaron ya no el acuerdo sobre migrantes, sino el nuevo Tratado de Libre Comercio o T-MEC, para remachar nuestra dependencia del imperio, ya que también contiene compromisos atentatorios de nuestra soberanía.

¿Cuál dignidad? Finalmente, el día 12 de junio el secretario de Relaciones Exteriores declara: “Tenemos 45 días para convencer a Trump”, advirtiendo que “Si fracasamos, se negociará la exigencia de ser tercer país seguro”. Lo que importa, entonces, no es proteger nuestros intereses, sino convencer a Trump. ¿Quién se acordó de la dignidad que se enarboló en el mitin de Tijuana?

Para terminar transcribo dos párrafos del capítulo 4 del Programa, uno de los documentos básicos del partido político Morena, entregado al Instituto Nacional Electoral en 2018 como requisito para su registro en la campaña electoral, para que saque usted las conclusiones que le parezcan más convenientes.

“4. Por la Defensa de la Soberanía Nacional y la independencia y contra el entreguismo.

“Morena lucha por una nación libre y soberana, verdaderamente independiente, en donde la relación con Estados Unidos no esté sustentada en la subordinación, el intervencionismo y la militarización, sino en el respeto a la soberanía y en la cooperación para el desarrollo, en los temas del crecimiento económico y la generación de empleos para enfrentar las causas que originan el fenómeno migratorio, así como la protección de los derechos humanos y laborales de nuestros compatriotas que viven del otro lado de la frontera. Morena establecerá la solidaridad con las luchas justas de los pueblos de todo el mundo, por su soberanía y la autodeterminación. 

“La defensa de la soberanía nacional implica también reconstruir la política hacia otras naciones, promoviendo la descolonización y la igualdad soberana entre los Estados, la no intervención y la solución pacífica de controversias, la solidaridad entre pueblos, defendiendo a los migrantes, proyectando los valores históricos de independencia y libertad, negados y traicionados por los últimos gobiernos. México debe recuperar su pertenencia a América Latina y el Caribe, mirar hacia los países del sur”.

Uno de los muchos temas que se deben tratar es precisamente éste de nuestra relación con los pueblos hermanos del sur. El presidente López Obrador encomia el principio de no intervención, pero primero acordó con el presidente Trump el proyecto de establecer un Plan de Desarrollo para los países centroamericanos y después se lo ha querido imponer a ellos, imitando la actitud imperial que tanto criticamos. También necesitamos practicar la autocrítica.

 

Por la unidad en la diversidad

Aguascalientes, México, América Latina

 

tlacuilo.netz@yahoo.com

 

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Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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