Opinión

Resolución con prisión ¿será? / Sobre hombros de gigantes

Un grupo de científicos colocaron a cinco simios en una jaula, y en medio de ella, una escalera que arriba tenía varios plátanos. Cuando uno de los simios trataba de subir por la fruta, los demás recibían un baño de agua fría; estos baños fueron constantes, por lo que cada que uno de ellos comenzaba a subir por la escalera, los demás lo bajaban a golpes. Así, después de un tiempo, ninguno de los simios subía a pesar de la tentación de los plátanos. Uno de los simios fue sustituido por uno nuevo; este nuevo miembro de inmediato trató de subir por los plátanos, por lo que fue recibido a golpes por los viejos, y después de un tiempo decidió ya no subir por los plátanos a pesar de la necesidad. Otro simio viejo fue sustituido por uno nuevo, el cual trató de subir por la fruta, y tanto los tres viejos como el anterior novato, participaron entusiastamente para bajarlo a golpes. Así, uno a uno los simios viejos fueron sustituidos por otros nuevos, hasta quedar un grupo de cinco simios nuevos que, sin saber por qué, se golpeaban uno a otro cuando trataban de subir por los plátanos.

Si los cinco simios nuevos pudieran hablar, y les preguntáramos por qué se golpean cuando quieren subir por los plátanos, posiblemente la respuesta sería: no sabemos, pero siempre se ha hecho esto así aquí. Esto es un paradigma; un modelo de conducta que se repite sin entender el por qué, sino que sólo importa el cómo hacer algo si me resulta cómodo.

Siempre se ha dado el mensaje de que el sistema penal es para castigar; que los inocentes son culpables y deben ser encerrados en la cárcel; que el juicio popular social justifique las detenciones de las personas e intimide a los que resuelven para que se la piensen dos veces antes de decidir sobre la libertad de un inocente, que para la conciencia colectiva ya es un culpable que debe ejecutarse. Siempre se ha dado el mensaje que la prisión preventiva es la panacea para la solución de los problemas sociales, aunque después de años la sociedad ya no recuerde el caso ni la suerte de los involucrados; siempre se ha utilizado el sistema penal para dar la impresión de funcionalidad y dar respuesta y tranquilidad inmediata a través de una percepción de eficacia; siempre se ha culpado al sistema penal y a las leyes de las cuestiones operativas cuando se aplican esas leyes.

El empleo de los medios, redes y mecanismos de información para generar una conciencia colectiva de la falta de funcionalidad del sistema de justicia penal; de que las leyes protegen a delincuentes y dañan a las víctimas; de que personas aún investigadas son culpables de delitos; de que todos son culpables hasta que no se declare que siguen siendo culpables; además de no abonar a la tranquilidad social, y menos para tratar de cambiar un sistema jurídico, sólo provocará impunidad y engaño. Impunidad tanto para el contenido de los procesos de investigación y juzgamiento, al contaminar las pruebas por violación de derechos, como impunidad al provocar que las autoridades tomen decisiones con base al temor de la reacción social, y no con sustento en lo jurídico. Si fuera cierta la aparente solución simbólica de que los problemas de la delincuencia disminuirán al mantener recluidas a las personas, hace siglos que no existirían los delitos, pues estarían eliminados gracias a la detención.

Por eso nos enfrentamos a que ahora no se quiere cambiar ese “siempre”, por el “nuevo”; por eso se atribuye la culpa de todos los males apocalípticos a las normas actuales que componen el sistema de justicia penal; y la respuesta es modificar las leyes para con eso pretender resolver un problema operativo; un supuesto cambio para seguir igual. 

El sistema de justicia penal tiene una función reactiva; es decir, comienza a trabajar una vez que se comete el delito. Entonces, si el delito se comete, no exculpa del sistema penal, ya que lo que no funciona es la prevención, y que va más allá de la represión y vigilancia. La prevención del delito y la disminución de la inseguridad no se lograrán al meter a la cárcel a cualquiera que se considere “presunto culpable”, pues el sistema penal no es quien provoca las injusticias sociales.

El sistema de justicia penal funciona acorde a su finalidad de resolver el conflicto que se genera a partir de la comisión de un delito; y su forma de solución principal es apoyando a la víctima en su reparación del daño integral, y que indirectamente el imputado tome conciencia del mal que realizó para que lo repare y trate de reinsertarse socialmente. Si creemos que el sistema penal sólo funcionara cuando se ahorre tiempo, dinero y esfuerzo, para que en automático todos los “autores” de delitos socialmente difundidos, sean encerrados de inmediato, sin juicio, sin valoración y con condena, le estamos atribuyendo funciones de sastre remendador a un ingeniero constructor. Si le preguntamos cuál es la base para decir que al modificar las leyes dejarán de existir los delitos, seguramente nos contestarán: “No sé, pero ese discurso siempre se ha dicho aquí”.

Hoy, con incrementos de normas que restringen derechos en un proceso penal, sin permitir la posibilidad de justificar otro tipo de medidas menos dañosas, y con una Suprema Corte que se desdice de sus determinaciones de Constitucionalidad, para evitar causar “daños” en procesos llevados con violación a derechos humanos, nos vemos en la antesala de la creación de un “Juez Dredd”, que juzgue, castigue y ejecute sin juicio, sin pruebas y en segundos. Todo estaría autorizado. El problema es que en lugar de modificar estructuras, siempre nos da por remendar armazones.

 

The Author

José Luis Eloy Morales Brand

José Luis Eloy Morales Brand

No Comment

¡Participa!