Opinión

UAA: Su otra historia (01) / Cátedra

Introducción. La única vez que practiqué el periodismo obligatorio y asalariado quedé convencido de que no era mi vocación, porque para mí el periodismo debe ser totalmente libre de presiones de toda índole como las de tiempo, de espacio, económicas, etc.

Por eso -para mí- el periodismo es un disfrute que practico por el placer de adquirir o consolidar conocimientos, afinar el verbo y esparcir mis letras -que procuro mejorar en cada colaboración- con intención pedagógica pero a destinatarios ignotos, como una extensión de la cátedra que cultivé, tanto en mi alma máter, la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, como a mi regreso en 1966 en el Instituto de Ciencias de Aguascalientes y en su retoño, la Universidad Autónoma de Aguascalientes (UAA).

La Junta de Gobierno. Todo parecía ir bien hasta 1972, en que el último rector del Instituto fue impuesto por la Junta de Gobierno en contra de la voluntad de la inmensa mayoría de la comunidad estudiantil y magisterial, que había votado por la reelección del Dr. Álvaro de León Botello porque gracias a su honorable y eficaz desempeño había logrado levantar al Instituto del bache en el que se encontraba y tenía planes académicos con el propósito de ir preparando el camino para convertir al Instituto en Universidad empezando por la creación de la Escuela de Medicina, cuyo proyecto estaba avanzado.



Aquí es oportuno aclarar que la única y exclusiva función de la Junta de Gobierno consiste en burlar el voto del pueblo universitario cuando su elección va en contra de los intereses externos que controlan la Universidad por medio del fraude electoral “legalizado” a partir de la Ley Orgánica de 1963, que de esta manera permite la contradictoria “violación legal” de su autonomía.

Universidad pública y universidad privada. Éste -el de la Junta de Gobierno- es un tema tabú que se procura no tocar, para que la comunidad universitaria mantenga al margen su participación imprescindible y obligatoria en el gobierno de la Institución, que mediante esa trampa funciona no como universidad estatal (de servicio público en la que la educación debe ser gratuita y la comunidad universitaria debe gobernarse a sí misma), sino como empresa privada (negocio en el que la enseñanza es una mercancía en la que los estudiantes, que pagan altas cuotas por aprender; y los profesores, que están sujetos a contratos leoninos, deben obediencia ciega -tanto unos como otros- a las órdenes de sus patrones).

Empiezan los conflictos. El nuevo rector a partir de 1972, contador de profesión y desconocedor de la teoría universitaria, no se preocupa siquiera por estudiar a fondo la Ley Orgánica vigente para ejercer sus funciones en la forma más adecuada y empieza a imponer su voluntad -o más bien la de aquellos a quienes debe el puesto- y a cometer errores.

Esas faltas empiezan a provocar inconformidades y protestas cada vez más evidentes y radicales -en consonancia con la gravedad de las faltas- pero el rector no solo persiste en su desatinada conducta; por el contrario, pasa del simple autoritarismo a la represión, actuando precisamente como si fuera el dueño de un negocio privado, hasta provocar un franco conflicto con quienes insisten en manifestarse con los derechos que garantiza a toda comunidad universitaria pública su correspondiente Ley Orgánica.

La otra historia. Obviamente, la historia oficial de la UAA es un cuento de hadas que cada año se glorifica en una fecha mítica, en el que no hay tropiezo alguno y mucho menos provocado por sus directivos.

Pero la historia no sólo registra los hechos que le agradan al censor; la historia, para considerarse verdadera necesita ser objetiva, sobre todo en una institución que se precia de dar prioridad al método científico.

Con este esfuerzo, esta columna pretende contribuir a corregir algunos huecos, omisiones, simulaciones y hasta falsedades, para dar a la historia de la UAA la confiabilidad que requiere como la institución honorable y veraz en cuya construcción todos debemos participar y con mayor razón quienes hemos recibido las enseñanzas de quienes nos antecedieron y participado en su transmisión, de preferencia enriquecidas con nuevas aportaciones, a quienes nos reemplacen. (Continuará).

 

***

 

A partir de hoy incluiremos también una pequeña sección de orientación cívica que iniciamos con la siguiente contribución de la Agrupación Cívica y Cultural “Amigos de Jesús Terán”:

 

Reflexiones ciudadanas.

Los ciudadanos debemos ser críticos y comprometernos con los valores plasmados en nuestra Constitución Política.

Dirigentes que sepan cumplir con inteligencia y decoro las promesas que hicieron en sus campañas, como leales “siervos de la Nación” -título que se asignara José María Morelos y Pavón en la Declaración de Independencia de la América Septentrional en el Congreso de Chilpancingo de 1816-; eso queremos, no gobernantes autoritarios y transmisores de las instrucciones que les da una clase social para someter a las otras en su beneficio.

La dignidad de la Nación, que es laica, no es mercancía que se esté ofreciendo al mejor postor, por poderoso que sea el insolente que pretenda comprarla; podemos perderlo todo, hasta la vida, pero la dignidad de ser mexicanos soberanos jamás.

 

Por la unidad en la diversidad

Aguascalientes, México, América Latina

 

tlacuilo.netz@yahoo.com

 

The Author

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

Netzahualcóyotl Aguilera R. E.

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