Opinión

Un año ¿…y? I / Bravuconadas

Mañana lunes 1 de julio de 2019 se cumple el primer año de aquella histórica votación que llevó a la Presidencia de la República al licenciado Andrés Manuel López Obrador, quién encabezó a la coalición electoral “Juntos haremos historia”, conformada por los partidos Morena, del Trabajo y Encuentro Social. La votación alcanzó una cifra de más de 30 millones de votos de igual número de ciudadanos que, cansados de los abusos del poder que se había enquistado en esa institución, alternativamente entre representantes del Partido Revolucionario Institucional y el Partido Acción Nacional, quienes no supieron o no quisieron, a pesar de las múltiples señales, escandalosas señales de corrupción al interior del Gobierno de la República y los otros ámbitos, los gobiernos estatales y los municipales. Era imposible negar esa realidad y sus efectos en la dignidad de la ciudadanía del país.

Aunado a la corrupción, prácticamente desde la primera alternancia en el Gobierno Federal, casi un par de décadas ya, que el crimen organizado salió de su clandestinidad e irrumpió en la vida pública del país. Sin mayor empacho salió a la luz y sin mayores trámites confrontó y cuestionó al Estado mexicano y compitió con el por el control y gobierno de grandes espacios del territorio nacional. Los cárteles se mostraron con todo su poderío y terribles prácticas de control. Pronto, el poder del Estado fue puesto a prueba y evidenciado como incapaz de contener la capacidad de fuego y los efectos que sobre la vida cotidiana de la población, lo que alteró las formas de convivencia e interacción entre la sociedad en su conjunto.

Asimismo, los niveles de desarrollo social y la pobreza entre los mexicanos no lograban encontrar su camino para brindar oportunidades a la movilidad social, reproduciendo esquemas que condenaban a grandes segmentos de la población a mantener sus condiciones de precariedad y marginación social, sin lograr, por mucha voluntad y esfuerzo que invirtieran, a mejorar su calidad de vida, en prácticamente ningún sentido. Las opciones de educación, salud, vivienda, empleo, siempre se manifestaron limitadas y escasas para la mayoría de los mexicanos.



El escenario al que arribó el 1 de julio de 2018, era el resultado de la incapacidad de los políticos emanados de los partidos políticos tradicionales de resolver los grandes problemas nacionales, la corrupción, la inseguridad, la pobreza, la falta de oportunidades, pero sobre todo, eran incapaces de entender los mensajes de la ciudadanía, y, por tanto, de comunicarse con ella, de responderle lo que ella esperaba. Era por demás obvio el enojo, la molestia, la indignación de los mexicanos respecto a cómo había venido siendo gobernado durante los últimos casi cien años, sí, cien años.

Durante los últimos doce años, desde principio de la primera década del nuevo siglo 21, irrumpió López Obrador en el escenario político nacional con sus formas desenfadadas, con su aguda crítica al sistema político mexicano, y que, sin embargo, lo había formado en sus orígenes; desde el principio, fue avanzando con mucha tozudez, abriéndose paso y construyendo su propia alternativa o propuesta de cambio. Primero empujó desde el Partido de la Revolución Democrática, PRD, pero pronto descubrió que sus formas no encajaban ni cabían en ese partido político, y debió construir su propia formación política, lo que llamó el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, el 14 de julio de 2014.

Pero ¿qué permitió el éxito de su propuesta política entre una ciudadanía decepcionada y escéptica de la cosa política? No creo que haya un misterio al respecto. López Obrador y el grupo que lo acompañó desde el principio, hicieron una lectura correcta del sentimiento y ánimo de la población en general, y de la ciudadanía en lo particular, decodificaron con precisión los mensajes que estaba emitiendo desde al menos una década, y respondieron con los mensajes adecuados, los que quería escuchar la gente, que los identificara con la frustración y enojo sociales y generaran la sinergia necesaria para impulsar el proyecto de López Obrador, y en extensión de Morena.

Todo este periplo está más lleno de detalles y anécdotas, pero en líneas gruesas así se acercó ese 1º de julio de 2018. Sobra decir que los partidos políticos tradicionales contribuyeron de manera significativa a la consecución de los resultados. Procesos internos cuestionados, candidatos con lastre, incapaces de escuchar más voces e ideas que las propias. Por otra parte, el gobierno de Peña Nieto, señalado y minado por su propia incapacidad y corrupción, colaboró de manera relevante a crear esa atmósfera de urgente cambio en el espíritu ciudadano de los mexicanos.

Finalmente, no podemos olvidar el rol de primerísimo orden que jugó la ciudadanía mexicana. Casi un siglo de transitar por una historia que la tenía atrapada en una situación que, lejos de darle opciones y esperanzas, la tenía frustrada y muy enojada con los excesos que la clase política tradicional, su corrupción y desdén para con los problemas cotidianos generales que laceraban la vida cotidiana de la población. Sin embargo, ese 1 de julio de 2018, los mexicanos, a través de su expresión ciudadana, salieron a las urnas y dijeron un basta. Las opciones no eran ni muchas ni muy diferentes. Pero el que había encontrado el mensaje fue el candidato de Morena, y había sido escuchado. El 51% de la población votó por una alternancia de la que en realidad no sabía mucho.

Ganó sí, hace un año, pero éste nuevo gobierno obtuvo algo para lo que no estaba preparado para administrar, mucho menos para corregir o mejorar; llegó exclusivamente con un discurso demoledor, condenatorio y categórico, pero sin realmente un plan alterno. Quiso gobernar con el discurso y empezó a desmantelar las instituciones del Estado tal como las había recibido, siguiendo sus palabras, “al diablo con las instituciones”, inició su gestión. Empezó a reducir los sueldos y salarios de la burocracia, inició la sustitución de funcionarios con los allegados, los incondicionales, si estuvieran preparados, pero…

 

mario.bravo58@hotmail.com

 

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Mario Bravo

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