Opinión

Corrupción y salud mental / Análisis de lo cotidiano

Al iniciar el actual siglo XXI, la Organización Mundial de la Salud declaró que para al año 2025 la depresión sería la más frecuente de las alteraciones de la Salud Mental y una de las cinco enfermedades más importantes solamente superada por padecimientos metabólicos, cáncer, cardiovasculares y degenerativos. Solo que el pronóstico se cumplió antes de tiempo. Desde el 2015 la enfermedad mental afecta a un enorme sector de la población. Y todo nos permite suponer que el problema seguirá creciendo a ritmo acelerado porque las opciones de solución simplemente no aparecen. Pero vamos analizando, ¿cuál es la razón del furibundo aumento de los trastornos mentales en el mundo? La causa ya ha sido detectada, es el incremento brutal de la violencia. En todo el planeta la delincuencia organizada, el narcotráfico, las guerras por el dominio territorial de los pozos petroleros, las migraciones por cuestiones ideológicas y fanatismos religiosos, el desequilibrio económico tanto a nivel de países como de sociedades con la profundización de la brecha de la riqueza, con personas con fortunas incalculables conviviendo con seres humanos en la miseria extrema, son los que ocasionan el perjuicio emocional que da como resultado que se hayan aumentado y sigan creciendo la depresión, la angustia, la violencia intrafamiliar, la violencia social, las adicciones y el suicidio. Cada vez que en un país se descubre enriquecimiento ilícito de sus gobernantes como sucedió en Iraq, Rumania, Irán, Libia y muchos más se ha producido una gran pérdida de fe, confianza y seguridad. Los males mentales y el suicidio han aumentado gravemente en esas naciones. Cuando un querido presidente de Brasil, aclamado por su pueblo fue descubierto como corrupto, se desbordó la depresión y el suicidio en su gente. La realidad cotidiana que reflejan los noticiarios en todo el mundo, cuando se informa de empresas que defraudan con millones a sus clientes, funcionarios públicos involucrados en el narcotráfico, policías dedicados al secuestro, producen en la sociedad una frustración y decepción que degenera en depresión y sus complicaciones. El pueblo ve a sus líderes, sean de la iniciativa privada o de la función pública como padres, como figuras protectoras. Y si estas figuras presuntamente paternales y amorosas fallan, se produce una caída del estado de ánimo social. Es por ello que al comienzo del siglo XXI, los trastornos mentales son los que avanzan más rápidamente. También hay otro responsable, el descuido. De acuerdo con la misma OMS, México debería tener 12,000 psiquiatras y sólo tiene 4,600, o sea menos de la mitad. De éstos, solo 1,400 trabajan en el Sector Público, o sea que la gente más pobre es la menos atendida, como siempre. Más de 3,000 profesionales de la psiquiatría se dedican a atender al sector privado que puede pagar una consulta. Otro desequilibrio, el 60% de los psiquiatras trabajan en la Ciudad y el Estado de México. El resto del país se las averigua como puede. Lo que ocasiona que en los estados no hay atención de Salud Mental en los consultorios de primera línea. El 80% del presupuesto de Salud Mental se destina a la atención de hospitales de psiquiatría que como todos sabemos es altamente deficitaria en todo el país. Y lo peor del asunto es que de todo el presupuesto de la Secretaría de Salud que se destina a Salud Mental es sólo del 2%. Nuestro país no cuenta desde hace varios años con una Dirección de Salud Mental que trace los lineamientos para todo el país, cada estado elabora sus propios programas. Así las cosas ya no puede extrañarnos que los trastornos emocionales sigan creciendo avasalladoramente.

 

hecgrijalva@hotmail.com

 

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Héctor Grijalva

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