Opinión

Cuarteto White y Jorge Federico Osorio / Encuentro Internacional de Música de Cámara 

No tengo la menor duda de que la formación madre de la música de cámara es el cuarteto de cuerdas creado, según nos dice la historia de la música, por Franz Joseph Haydn en el siglo XVIII, a él también se le atribuye la paternidad de la sinfonía, y desde aquellos tiempos hasta a la fecha, todos los más grandes compositores han dedicado parte de su producción a este ensamble musical de dos violines, viola y violoncello, de hecho los musicólogos afirman que la cumbre del pensamiento musical son los últimos seis cuartetos de cuerdas de Beethoven, y según estos estudiosos de la música lo afirman, es el punto más alto de la creación musical generada en toda la historia, no solo en lo que respecta a la música del genio de Bonn, esto mismo lo afirma Tolstói, gran escritor ruso e incurable melómano, nada se compara a los seis últimos cuartetos de cuerda de Ludwig van Beethoven.

Por otra parte, algunos músicos han hecho variantes a este concepto musical, se pueden agregar otros instrumentos pero teniendo como base el cuarteto de cuerdas, por ejemplo, el quinteto con violoncello de Schubert, una de las más relucientes joyas de la música de cámara, o bien, el quinteto con piano de Brahms entre muchos otros ejemplos que podríamos citar, pero estas líneas no pretenden esto, el objetivo aquí es platicar sobre el cuarto concierto el pasado miércoles 12 de julio del Encuentro Internacional de Música de Cámara en la sede del Encuentro, que es el Teatro Morelos.

Los protagonistas de este concierto son el Cuarteto José White, cuarteto en residencia del Encuentro y que su cuartel general es Aguascalientes, y el pianista Jorge Federico Osorio, sin la menor duda, uno de los mejores pianistas en activo en toda la geografía nacional.

El repertorio que interpretaron inició con el Cuarteto para cuerdas No.2 en fa mayor Op.41 de Robert Schumann y de Mario Lavista Toque de silencio, una obra en la que el compositor lleva al cuarteto de cuerdas ese lamento militar encomendado a la trompeta, en este caso con la viola como voz principal, excelente trabajo de composición y con una ejecución digna de la estatura de la obra reconocida con emotivos aplausos por parte del compositor, evidentemente, presente en la sala, recordemos que él es quien nos ofrece una muy ilustrativa charla previa a cada uno de los conciertos. 

Después de un muy breve intermedio, brevedad entendida por la duración de las obras ejecutadas, escuchamos una excelsa interpretación del quinteto con piano en fa menor, Op. 34 de Johannes Brahms contando con la participación del pianista Jorge Federico Osorio, él ha estado muy cerca de Aguascalientes, se ha presentado con la Sinfónica en algunas ocasiones, una memorable que recuerdo es interpretando el Concierto romántico para piano de Manuel M. Ponce.

El Cuarteto White ha fungido como cuarteto en residencia desde que este evento inició, si no me equivoco en 2004, son quince años ya de una ininterrumpida historia, y junto con el maestro Rafael Machado son los pilares más sólidos para la continuidad y consolidación de lo que hoy se llama Encuentro Internacional de Música de Cámara.

Qué puedo decir, emotiva, técnicamente irreprochable, profundamente sensible, incluso por qué no, hasta divertida. Estoy convencido de que es incuestionable el aspecto lúdico en una digna interpretación de una obra musical, finalmente el músico debe pasarla bien, debe divertirse con lo que está haciendo sin que esto signifique necesariamente un relajamiento en la disciplina que la música exige ni una desatención a la partitura, todo lo contrario, es disfrutar intensamente ese compromiso y por qué no pensar que debe resultar divertido hacer bien las cosas.

Los cuatro movimientos en que se estructura este quinteto con piano de Brahms fueron puntual y dignamente atendidos por los intérpretes, pero específicamente el Scherzo: allegro, exige un derroche, no sólo de talento y técnica, sino de un virtuosismo que no está escrito en la partitura, ahí encuentras qué tocar, pero a pesar de las indicaciones en cuanto al carácter de la música, no se dice cómo, aquí tiene mucho que ver el intérprete, él decido cómo debe tocarse lo que tiene en su atril, esto es parte del encanto de la música, no hay versiones definitivas, pero lo que escuchamos el pasado miércoles con el Cuarteto White y el pianista Jorge Federico Osorio fue de un derroche técnico y virtuoso incuestionable.

Después del frenético y vigoroso scherzo ya podríamos habernos ido a casa satisfechos de lo que habíamos escuchado, pero el Finale -poco sostenuto fue el remate ideal para una inolvidable interpretación de una catedral de la música de cámara.

Me queda claro que el cuarteto White es una de las más grandes formaciones de música de cámara en México y su prestigio, claro, es internacional. Hoy en la mañana, -escribo esto al mediodía del jueves- le comentaba a mi esposa que antiguamente teníamos que ir al Festival de Música de Cámara de San Miguel de Allende para escuchar algunos de los grandes ensambles camerísticos, hoy ya no, los tenemos cada verano en Aguascalientes, y mejor todavía, uno de ellos es de aquí, aquí viven, son de Aguascalientes, qué maravilla ¿no crees? 

Ayer se realizó el primer concierto de participantes y al mismo tiempo, unos poco metros al poniente se inauguró el Sótano Stallworth, ya te comentaré sobre esto. Hoy viernes es la presentación del Arianna String Quartet, a las 20:30 horas, en el Teatro Morelos, por ahí nos veremos, si Dios no dispone lo contrario. 

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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