Opinión

Desaparecidos, arte y datos personales / Cinefilia con derecho

La guerra contra el narco y sus consecuencias ya es transexenal y transpartidista, la falta de acciones respecto a la legalización de algunas drogas blandas, así como la creación de la guardia nacional así lo demuestran, el comandante de ese cuerpo declaró que es el más grande de la historia, es decir, misma estrategia que en años anteriores. Probablemente la crisis en derechos humanos, nuestra pandemia es la de los desaparecidos, miles, tal vez cientos de miles (¡nadie lo sabe con exactitud!) que no sabemos dónde están. Este problema acarrea otros de toda índole ya sea en el corto o mediano plazo: padres en busca de sus hijos, huérfanos sin padres, familias desintegradas, en general pobreza y violencia en especial hacia los más vulnerables. En el futuro, además generará otras vicisitudes relacionadas con la riqueza: herencias, propiedades de manos muertas, bienes con situación jurídica enmarañada, etcétera. 

Debido a ello, el pandemónium comienza a cobrar especial relevancia en el arte, sus ojos voltean a verlo para retratarlo desde las diversas expresiones enfocadas a la denuncia, a hacer visible el fenómeno. En otras entregas hablábamos miradas cinematográficas, como la excelente película Vuelven de Issa López (véase columna del 12 de abril de 2017 https://bit.ly/2KQ9LR6). Por su puesto que el género de las series ha incursionado dado el gran éxito mediático, pero la mayor parte de ellas tienden a banalizar el fenómeno, destacando exclusivamente los lujos y la buena vida de los mafiosos, como si a eso se circunscribiera el fenómeno, el ejemplo más claro es la popularidad de El señor de los cielos.

Fuera de estas expresiones que están dirigidas a las audiencias masivas, otros artistas enfocados a públicos cerrados, también exploran el tema, recientemente la exposición que ha causado más revuelo en México es Restablecer memorias del internacional Ai Weiwei: contrapuestos en una sala del MUAC, los rostros de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa formados con legos, complementados con monitores que proyectan diversas entrevistas que el artista chino utiliza para su documental To be sobre la trágica desaparición de los normalistas; del otro lado del galerón vemos “el Salón ancestral de la familia Wang (2015), un templo de madera de la dinastía Ming que registra la destrucción del patrimonio cultural chino bajo la violencia de la revolución, la pérdida de la sociedad rural tradicional y la comercialización de antigüedades”. El objetivo es que la memoria colectiva no se pierda, y se enmarca en otros proyectos Weiwei que tienen que ver con los derechos humanos, apuesta “por la construcción de la memoria como lazo invisible que nos liga con los ancestros y traza un deber hacia las generaciones que nos suceden”.



En este mismo museo, hay otra exposición que aborda las funestas aristas de los desaparecidos y sus deudos, en uno de los patios Luz María Sánchez, expone Vis. Fuerza (in)necesaria_4 un montaje multifacético compuesto de sonidos y objetos que, prima facie, parecen una expo más de arte conceptual: altoparlantes que reproducen sonidos lejanos ambientales, personas platicando, algunas risas, nada que permita entender una conversación. En el piso, varios instrumentos que denotan su hechura artesanal, varillas soldadas de tal forma que parecen un pico. Lo verdaderamente perturbador es leer la ficha técnica, grabaciones de un colectivo de mujeres que, ayudadas por la herramienta, rastrean fosas clandestinas: “Mientras que los estratos de la pieza sonora multicanal parten de los registros que la artista realizó durante las expediciones al desierto, y aluden a diferentes momentos de esta experiencia. En ella se presentan las conversaciones que entablan las mujeres entre sí durante la búsqueda; éstas contrastan con otros registros, como el sonido metálico de las herramientas: palas y picos utilizados para excavar en los sitios donde se piensa que hay restos humanos y con las dos preguntas que guían la labor del colectivo: ¿dónde? y ¿por qué?”.  

Toda esta crisis ha traído además una problemática que tendrá que ser abordada por los organismos garantes de información y datos personales a la brevedad: la creación de bases que contienen una gran cantidad de datos personales sensibles de desaparecidos y muertos no identificados: huellas dactilares, causas de muerte, características físicas, ADN, sólo por citar algunos. Un conjunto de información de índole personalísima que, sin seguir pautas mínimas de seguridad, puede ser transferida, circular libremente y que a la larga genera violación de derechos humanos, esta situación la ha acusado el coordinador de la Comisión de Protección de Datos Personales del Sistema Nacional de Transparencia Javier Martínez Cruz, quien en diversos foros y conferencias justamente ha insistido en esta falta de previsión tanto de los poderes establecidos, como de las propias asociaciones civiles que de forma privada construyen sus propias bases de información. La comunidad internacional mira angustiada esta crisis que nos azota, tarde o temprano vendrán las sanciones.

 

rubendiazlopez@hotmail.com

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Rubén Díaz López

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