Opinión

Gobernar por impulsos, caprichos y consigna/Bravuconadas

En el mundo contemporáneo, la innovación, la creatividad, la audacia, son actitudes muy valoradas, de hecho, en el perfil de las nuevas generaciones son consideradas cualidades necesarias, si no, hasta imprescindibles en los nuevos profesionales de la disciplina que gusten, en la administración, en la industria, en los negocios, en la economía, en la política, la historia, entre otras. Por supuesto estas cualidades no van solas en su aplicación cotidiana, se apoyan y sustentan en un ejercicio previo de preparación, de información, de documentación, de intencionalidad planificada, vamos, de conocimiento en la materia en la que se pretende incidir y requiere un salto de paradigma; ciertamente, para que se conserve la esencia de la nueva actitud del cambio, se debe diferenciar claramente la técnica de la creatividad.

El día de ayer, el presidente López Obrador, en su cuenta de Twitter, compartió una opinión relacionada con la situación por la que atraviesa el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, Coneval, y que en días pasados se subió al cadalso por iniciativa del titular del Ejecutivo. En citado Tweeter en un primer mensaje señaló: “No pueden gobernar a impulsos de una voluntad caprichosa, sino con sujeción a las leyes…”. Este texto inmediatamente generó una reacción entre la comunidad cibernauta que sigue y está atenta a las expresiones y señalamientos del presidente, por su intrínseca importancia para el desarrollo y salud política del país.

López Obrador acompañó ese primer mensaje con un par de mensajes más que, de manera escueta y muy breve, describía una situación de carácter administrativo de la dependencia nacional encargada de elaborar las evaluaciones del desempeño de las acciones realizadas por las diferentes dependencias, prácticamente en todos los órdenes, niveles y ámbitos de la administración pública de México, señalando en sus informes de resultados de cada evaluación, la eficiencia y la eficacia de los miles de programas para el desarrollo social del país, y que, hasta ahora, gozaban del reconocimiento público y privado, de una alta calidad en su calidad y rigurosidad científica.

Pero algo no cuadraba en el imaginario del líder de la Cuarta Transformación. La institución, fundada en agosto de 2005, con Gonzalo Hernández Licona como su primer y único Secretario Ejecutivo, entró en el radar del presidente López y se empezó a cuestionar el porqué este Secretario llevaba tantos años al frente de esa institución, ¿cómo había logrado transitar al través de las “administraciones anteriores”, desde Fox, hasta ahora, incólume en el cargo? ¿qué sabría de la gestión de los programas sociales para el desarrollo que parecía inamovible del puesto? Estas dudas, y esos argumentos del informe administrativo sobre el propio Coneval, dieron pie al nombramiento del reemplazo en la persona de José Nabor Cruz Marcelo, quién en cosa de días logró integrar esos datos demoledores para la existencia institucional de la institución. Complementariamente, el presidente, señaló el dispendio presupuestal de la misma, señalando que los 600 millones de pesos de los recursos públicos que sostenían la operación del Consejo Nacional, bien se podían utilizar en otras “prioridades” del país. A mismo tiempo, el López Obrador, en su peculiar y personal estilo de tomar decisiones, afirmó a la ligera que “la medición de la pobreza la podía realizar el Inegi…”.

Lo que queda claro en este nuevo episodio de la decisiones del presidente López Obrador, es que su criterio se rige a rajatabla, en aquella afirmación de hace algunas semanas, que “gobernar no tiene gran ciencia”, que él casi lo puede hacer utilizando su buen juicio y el sentido común, lo que representará, en su interpretación de la realidad en una sustancial mejora para el pueblo de México, ya que reducirá el aparato oneroso de Estado, generará economías presupuestales de manera mecánica, podrá redireccionar los recursos recuperados a programas sociales efectiva y directamente, a través, por supuesto, de la nueva partida secreta que su Congreso le aprobó recientemente.

Las decisiones de la 4ª Transformación en materia de políticas públicas, de gobierno, surgen y se mueven por impulsos de esa visión lineal que tiene el presidente de la realidad social e histórica de la hoy sufrida nación mexicana entregada a él hace poco más de un año. Es cierto también que López Obrador no ha sabido asimilar responsablemente y con madurez política los doce años que el sistema político mexicano, el neoliberalismo último, lo contuvo antes de su arribo al poder, permitiéndole construir una historia de recelo y amargura por todo el tiempo que lo desplazó. Ahora, es su momento, y desde su triunfo ha hecho sentir que ahora él manda, que no gobierna, que las cosas ahora se hacen a su modo, a su tiempo, a su capricho. Cualquiera que cuestione su voluntad es, claramente, un enemigo de la Transformación, ya sea un medio de comunicación, véase Reforma o Proceso, o los empresarios, o los académicos, o los científicos o los deportistas, o…

Para el logro del objetivo de recuperar para el Ejecutivo de aquellas metafacultades presidenciales, y que durante al menos treinta años se le fueron retirando constitucionalmente, legalmente, y asignando a organismos e instituciones autónomas, ha decretado sin publicar, la consigna entre sus operadores, de desmantelar a través del desprestigio con que, manipuladoramente, aplica a dependencias y/o funcionarios que no le son afines, de corrupción.

La 4aT es hoy, sí, un gobierno de impulsos, caprichos y consignas.

mario.bravo58@hotmail.com

 

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Mario Bravo

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