La política de los grises / Matices – LJA Aguascalientes
22/09/2020


Una de las frases más potentes que he leído en los medios sobre política es una de Íñigo Errejón para El Mundo: “¿O acaso preferís la pureza moral de no intervenir, de no cambiar nada, pero tener el timeline del Twitter limpísimo? Ese no es el campo de la política: el campo de la pureza es el de la religión. El de la política consiste en operar en situaciones difíciles.”

He reflexionado estos días sobre diferentes casos, que en la política es difícil, sino imposible alcanzar la pureza. Jorge Valdano escribió hace unos años una reflexión sobre cómo el futbol es reflejo de la vida, y afirmaba que una de las cosas que más le hacía daño al futbol y a la vida es leer todo como victoria o derrota, sin matices, que nadie podía discutir con el éxito, para él era una desgracia como los medios critican a Bielsa, a Pep o a Rijkaard por no ser exitosos o por terminar con derrotas unos episodios de éxito. Al final, lo que más importaba era su consistencia, su congruencia y su búsqueda del bien en la cancha y fuera de ella, aunque haya más derrotas que victorias.

En la política ocurre algo similar con los éxitos y las derrotas, no hay grises. Íñigo lo describe muy bien cuando se trata de la pureza, entrar en el juego político significa jugar con reglas distintas a las de Twitter o a las de la Iglesia. Entrar en el juego político significa asumir costos políticos, la lucha por una política ética es válida, vigente, justa y necesaria, sin embargo en ese camino, operar en situaciones difíciles es imprescindible en la política, gobernar es asumir esos costos, distanciarse del deseo utópico de una política ética.

Mújica fue un político respetado por su actuar ético, pero en las elecciones inmediatas a su mandato su partido perdió la presidencia por pocos resultados en el ámbito social y político. Quien gobierna y quien se encuentra en el centro de la vida política debe tener entereza para operar en situaciones difíciles; el Twitter es un lugar cómodo para todos; la Junta de Coordinación Política, el Consejo de Seguridad o las decisiones para mantener el orden no es un lugar cómodo ni para el mejor de los políticos.

Hay quienes prefieren el Twitter como lugar cómodo para convocar a marchas, para generar tendencias o para criticar, aunque sí es un posicionamiento político no es el mismo nivel de exigencia que el de los lugares donde se toman decisiones. La política de los grises es la mejor salida a esos que buscan en la política un lugar puro.

Para muestra pongo un caso de Jalisco, delicado y de posturas difíciles, que tomó relevancia nacional: la policía municipal y estatal decidieron poner alto a una manifestación por el alza al precio del transporte público, en Twitter se señaló de represor al gobernador del estado. Sin embargo, dejamos de lado que el Estado debería ser el único que use la violencia de manera legítima para preservar el orden, esto sin violentar el derecho a la protesta y a los derechos humanos. No podemos permitir desorden público y tampoco podemos permitir violación a los derechos de protesta o los derechos humanos. Esa es la política de grises. Se equivocan de un lado y se equivocan del otro. Los excesos no deben ser permitidos. Quienes hacen análisis político de grises y de matices son criticados por ceder un poco, por no asumir una posición o por inclinarse a un lado de la historia.

Es sencillo señalar de opresor a un gobierno desde Twitter, cuando no se está en la posición de tener la autoridad para preservar el orden y es sencillo ordenar un operativo policiaco y aumentar la tarifa de algo cuando no se está en los zapatos de la ciudadanía. Esas son las situaciones difíciles a las que se refiere Iñigo.

Cuando con diversos gobiernos, gobernantes o funcionarios se señala que siempre hubo un tuit por algún asunto, cualquiera, como le ha pasado a AMLO, Sheinbaum o el mismo Alfaro se nos olvida señalar que durante un momento el papel de estos actores era mantener un Twitter limpísimo y una carrera política con autoridad moral pura, pero jugar a la política es arriesgar ese timeline limpísimo y esa autoridad moral pura, por hacer política en situaciones difíciles.

No digo que abandonemos la lucha por una política ética, digo que el proceso de gobernar y el espacio político es complejo, quienes buscan mantenerse congruentes entre lo que dicen que son y lo que hacen son aquellos que merecen un respeto distinguido. Pero también son aquellos que cambian de decisión, que se equivocan, que se arriesgan y que pierden políticamente, porque la política no es para puros, incluso en la Iglesia a esa a la que se refiere Iñigo, no solo existen los puros, las religiones son para enfermos, caídos y pecadores, porque así es la vida, llena de grises y de matices.

 

 

 

 

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