Opinión

Leyenda del Hombre mono / Opciones y decisiones

Podemos convenir en que la misión de gobierno definida por el presidente Andrés Manuel López Obrador consiste en la pretensión de una Cuarta Transformación de la república mexicana. Meta estratégica de su Administración que habrá de cristalizarse como un cambio integral de Régimen de Gobierno (mismo que ocupa el cuarto lugar como figura del orden constitucional bajo su forma de Estado), que en los hechos habrá de modelarse de modo fáctico y operativo en un Estado Benefactor, de esquemas universales para el Desarrollo Social, abrazando un modelo de Seguridad Ciudadana desde mandos centrales -inherentes a la Guardia Nacional-,que opera bajo una jerarquía vertical y centralizada –ad modum militari-. 

Y que requiere la concurrencia de estados y municipios en un pacto federal de participación mixta, pero supeditados éstos al poder central, bajo un régimen de Política Fiscal que opera mediante Participaciones Federales, sujetas a las prioridades estratégicas de los proyectos definidos por el Ejecutivo Federal, en su PND. En contraparte y desde el gobierno de Lo Local, entidades federativas y municipios, generan esquemas operativos de políticas específicas de desarrollo, subordinadas, tales como “políticas verdes” o medio-ambientales, que rigen el ordenamiento territorial y/o de Movilidad en su espacio urbano, ó el ordenamiento a Políticas de Género, la prioridad a Grupos Vulnerables, el fomento a la inversión, etc. 

Esta misión se sustenta de manera total y crítica en las políticas económicas definidas desde la Secretaría de Hacienda, en su normal quehacer y desempeño institucional. Fue durante el periodo de transición política de este gobierno que el rediseño del Presupuesto de la Federación para 2019, quedó a cargo del Dr. Gerardo Esquivel Hernández, con las funciones de Subsecretario de Hacienda para este efecto, y con el objeto de garantizar financieramente los compromisos del Presidente a ejercer en su ya inminente Administración; tarea fundamental que desempeñó dicho funcionario, pero cuya posición en el gabinete presidencial fue cambiada, ya que a la hora de la toma formal de posesión fue nombrado co-gobernador del Banco de México. 



A partir de ese momento, y aprobadas ya por ambas cámaras del Congreso de la Unión la Ley de Ingresos de la Federación y su correspondiente Presupuesto de Egresos 2019, la instrumentación y aplicación del Presupuesto, desde mi punto de vista, se convirtió en una atracción exclusiva al seno de la Secretaría de Hacienda, SHCP, en la persona del Secretario Carlos Manuel Urzúa Macías, quien se hizo vocero del presidente tanto de la explicación como de un ejercicio implacable, no tan sólo del Recorte (downsizing) presupuestal con incidencia en varias dependencias clave, sino que se amplió en un macro-ejercicio de Reestructuración (al modo de una Perestroika), tanto de dependencias como de Institutos desconcentrados, más programas y proyectos estratégicos de gobierno, con vocación explícita en la vertiente del Desarrollo Social (Salud, Educación, Cultura, Deporte, Protección Ambiental. Del Trabajo, de las Prestaciones Sociales, etc.). 

Dicho en breve, lo que el Dr. Gerardo Esquivel inició como un rediseño institucional del Presupuesto, con el objeto de hacer viable la asignación diversa del Financiamiento gubernamental, el Secretario Carlos Urzúa lo amplió y lo acometió como un ejercicio a fondo no tan sólo de Recorte-Presupuestal (downsizing), sino de una auténtica Reestructuración -en acto- de cuánta unidad orgánica al alcance le fuera saltando, y de la cual pudiera sustraer partidas -algunas menores, otras jugosas-, para ser destinadas a otros fines de inversión o gasto, que supuestamente aseguraran la liquidez financiera de los compromisos establecidos por el Presidente.

Este comportamiento inédito para un Secretario de Hacienda comenzó a tener impactos y efectos, las más de las veces adversos, tanto para la operatividad de los entes afectados por esos tijeretazos al vuelo de la intuición fiscalizadora de supuestos núcleos o chipotes, como usted guste llamarles, de corrupción e impunidad; como de la Hacienda misma del país, es decir, esta conducta institucionalizada fue vista con sospecha y resquemor tanto por los inversionistas nacionales y extranjeros, como por todas aquellas instituciones bancarias centrales, fiduciarias y calificadoras a nivel global. En pocas palabras, el impacto negativo se revirtió sobre los presupuestos mismos de la Política Económica del Estado mexicano, y comenzó a ser evaluado severamente contra los elementos macro-económicos propiamente dichos. Se desaceleró la inversión y con ella la dinámica de la economía mexicana. 

En este escenario de equilibrio inestable, aparejado con decisiones de políticas económicas, al más alto nivel gerencial del gobierno federal, en apariencia erráticas, impredecibles, caprichosas, confieso yo que me entró una desazón, al no poder advertir sensatez o tino político y administrativo en lo que a ojos vistas parecía un espectáculo de comedia de errores. Escenario que en verdad desborda los cauces de racionalidad y sensatez técnico-metodológica que es inherente a los principios y normas de la macroeconomía en sí, y de las políticas económicas específicas, al uso, inherentes a una Administración Federal. 

Por lo anterior, reiteradamente venía a mi ánimo regresar al mundo de la cultura, para encontrar algún sentido a estas contradicciones insertas en la estructura del poder, que es acompañada de los símbolos del poder que van intrínsecamente unidos a esas esferas del poder político propiamente dicho y de la economía, tanto en su forma estructural como dinámica. 

Bien pues “regresé” a explorar ese mundo imaginario del caballero andante. De los cuatro caballeros contendientes -la sola amazona desertó- Andrés Manuel presume reunir el mayor número de características que lo hacen tal. Se atrevió a soñar, quiero ser un gran presidente de México; invocó un intangible que resultó el más preciado, la esperanza, sobre todo para los jóvenes; optó por un cambio radical de cosas sobre y contra el Statu Quo del país, vamos por la Cuarta Transformación de México -sobre la Independencia, la Reforma y la Revolución mexicana-. Se reconoce justiciero, se acabarán los privilegios de los que gobiernan y de esa minoría rapaz. Se confiesa de ánimo magnánimo y reconciliador, al pronunciarse por la redistribución de la riqueza sobre todo para los más pobres y desprotegidos. Invoca como prendas más queridas la rectitud moral y la plena honestidad. Promete no ser un jactancioso del poder, no vamos a ser prepotentes. A cualquier divergencia antepone la deliberación en foros y en consultas con la sociedad. Declara su lealtad a las Leyes y al Estado de Derecho. Es un caballero armado contra la inseguridad y la impunidad, pero muy presto al perdón y a la reconciliación. Finalmente, y esto exhibe su lado romántico, vamos a construir la paz de México, ¡ah! Y el amor, admiro a Jesús y a Ernesto Che Guevara, por eso así nombré a mi hijo menor. (Nota mía. LJA. Lunar incómodo en tersa faz. Sábado 07/07, 2018). 

Por consiguiente. México sí eligió al caballero andante que salió triunfante de la justa electoral del pasado 1º de julio, 2018, Andrés Manuel parece reunir el mayor número de características que lo hacen tal, un caballero observante del fuero imaginario de Caballería. (Nota mía. LJA. Gala en Palacio. Sábado 01/12, 2018). Y al mismo tiempo nos ponía en aviso. Junto a todas estas virtudes del espíritu quijotesco, habrá que ir evidenciando a la par aquello que también incluye en sus fugas de ensoñación como carácter romántico. Devaneos, “prontos”, ocurrencias, “dejos” antisistémicos, lances verbales tan punzantes como incómodos. El apresuramiento por acometer a los supuestos gigantes y a los molinos de viento, también le traen las duras consejas de las palizas y los revolcones. El tardo y sinuoso camino del aprendizaje de cómo reacciona el nerviosismo de los mercados, es el mejor indicador de las ondas vibratorias que alertan de caídas y tropiezos, para la política económica de México. Los pescozones propinados a los inversionistas se podrán convertir en abolladuras de yelmos y escudos para la Hacienda Pública.

Y aquí estamos. Para el martes pasado, intempestivamente, ya teníamos la renuncia de Carlos Urzúa Macías como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, su carta respectiva evidencia y denuncia la incompatibilidad de su espíritu y empaque profesional con el modo gerencial del Ejecutivo. Una contradicción de primer grado, al más alto nivel ministerial. 

En días previos, este mundo surrealista del México en transformación, me venía evocando una imagen simbólica que saltaba de la caballería andante, a otra galaxia imaginaria más cercana a la de aquella jungla, en la que imperaba el orden del Hombre Mono. Tarzán. En este escenario fantástico, el secretario de Hacienda personificaba, para mí, al semi-salvaje instruido, fortachón casi desnudo, capaz de habitar en el bosque y realizar impresionantes trayectos, a gran velocidad y por debajo de las copas de los gigantes árboles, con el objeto de podar ramas que obstaculizaban y lianas/dependencias parásitas, para optimizar la salud del bosque; acometiendo ésta su encomienda con gran garbo, valentía y determinación, viajaba de liana en liana a una velocidad de vértigo, propinando certeros mandobles de machete a esas ramas o lianas parásitas, que a su inexorable tránsito caían ruidosamente al piso oscuro y húmedo del bosque, para ser pasto de la flora y la fauna, ya sea simbiótica o parásita, que habían de tragar esos residuos organizacionales inútiles y verdaderas plagas para los habitantes de las forestas y su entorno. 

Al estentóreo grito de “¡Yo, Tarzán!” así transitaba el imaginario campeón de la perestroika a la mexicana, sin que fuerza alguna se interpusiera a su poder reductor de cabezas y achicante de estructuras. En el epílogo de este episodio selvático, descubrimos que sí hubo un poder cave el cuál, ya no podría seguir desempeñando este ministerio simbólico; siendo que el Presidente le pidió la entrega de sus símbolos de poder, para trasladarlos a otro subalterno. Y así la historia continúa. El que fuera “Yo, Tarzán”, ya salió del círculo en el poder, y sólo queda por ver, si esta odisea de tronchar los elementos parásitos e inútiles del bosque, seguirá bajo la égida del nuevo Hombre Mono, al que le deben obedecer la fauna y los habitantes de la jungla meridional de América. 

 

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Francisco Javier Chávez Santillán

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