Opinión

México es una idea, y no va a estar ahí siempre | Conversación con Álvaro Enrigue sobre Ahora me rindo y eso es todo

  • Conversación con Álvaro Enrigue sobre Ahora me rindo y eso es todo
  • Una novela es la solución de un problema narrativo, es la solución a la pregunta de cómo cuentas esta historia

 

 

“Ahora me rindo y eso es todo” son las palabras que el jefe apache Gerónimo les dijo a los generales norteamericanos en su última rendición, esa que lo llevaría a terminar sus días encerrado en una base militar norteamericana, convertido en el símbolo del fin de un mundo. Un mundo, la Apachería, ese país intermedio que estuvo entre Estados Unidos y México, en los territorios de los ahora estados de Nuevo México, Arizona, Sonora y Chihuahua. 

Ahora me rindo y eso es todo es también la más reciente novela del escritor mexicano Álvaro Enrigue (México, 1969), autor de novelas como La muerte de un instalador, que en 1996 se hizo acreedor al Premio Joaquín Mortiz de Novela, Hipotermia y Muerte Súbita, novela que se hizo acreedora al Premio Herralde de Novela en el año 2013. Ahora me rindo y eso es todo, es una novela ambiciosa, que se encuentra en tres planos narrativos y tiempos distintos: Janos, 1836, Álbum y Aria. Cada una de ellas nos aborda desde un ángulo distinto la vida de Gerónimo, que es el eje central de esta novela. Una vida marcada y definida por la lucha por la sobrevivencia en contra de las autoridades de México y Estados Unidos, países que iban naciendo y que al final chocarían y que terminarían por enfrentarse. En este enfrentamiento, la Apachería terminaría por desaparecer y justo a eso es lo que hace referencia las palabras finales de Gerónimo. 

La primera parte de la novela nos cuenta el secuestro de la mestiza Camila en lo que hoy es el estado de Chihuahua por parte de los hombres del jefe apache Mangas Coloradas. Camila será buscada por el teniente del ejército mexicano Zuloaga, quien se encontrará con la sorpresa de que Camila ha decidido quedarse a vivir con los apaches y ser la mujer del jefe apache. La segunda parte de la novela, Álbum, es la que se encuentra centrada en las guerras apaches y en la vida de Gerónimo, último jefe de los apaches chiricahuas y temible enemigo del ejército mexicano y quien con su banda de guerreros asoló durante varios años los estados fronterizos mexicanos. La última parte de la novela nos narra las lecturas y las visitas que el autor realizó a los lugares en donde se desarrollaron los hechos históricos que se narran en las otras partes de la novela. 

“Cuando terminé Muerte Súbita ya estaba trabajando en esta novela, ya tenía las primeras páginas, que son las primeras páginas sobre escribir una novela sobre la Apachería y sobre el territorio, y eso empecé a escribirlo inmediatamente después de terminar la última, o sea que sí fueron muchos años”, nos comentó el escritor en entrevista sobre su más reciente novela.

Javier Moro Hernández (JMH): ¿Qué te obsesionaba de la Apachería?

Álvaro Enrigue (AE): Una fascinación por los personajes mismos, por la figura de Gerónimo, que es un personaje muy ambiguo, ahora ya tengo una idea de cómo se percibe a la novela, algo que es distinto a las conversaciones que cuando la novela acaba de salir, y me parece que ha circulado una idea en torno a reclamar a Gerónimo para México, algo que por supuesto está ahí, algo que a mí nunca se me ocurrió como proyecto, porque Gerónimo no era exactamente un héroe, por supuesto que ningún héroe lo es completamente, pero la figura de Gerónimo me parece muy literaria precisamente porque es tremendamente contradictoria, ambiguo, es un negociador nato, porque ese es su trabajo, porque él no era jefe sino chamán de guerra, su trabajo era negociar por los jefes, era un hombre voluble pero al mismo tiempo misterioso, un político muy diestro pero que tenía un lado muy oscuro, entonces claro existe esa fascinación literaria con la figura de Gerónimo, por un lado, como una gran contradicción, pero al mismo tiempo existe una fascinación por ese lado triste y muy hermoso, porque Gerónimo sabe que todo lo que es, todo fue, todo lo que sabe va a desaparecer, y va a desaparecer durante su vida, es un hombre cuyo mundo va a desaparecer y lo sabe, pero también hay una pulsión más infantil por los seres humanos, esos jefes que formaron parte de esa epopeya que empieza con Cuauhtémoc rindiéndose en el lago de Texcoco y que termina cuando dos pequeños comandos del ejército gringo y dos del mexicano atrapan a un grupo de veintitrés guerreros y con eso se acaba todo un mundo. Los personajes anteriores a ese momento me parecen personajes extraordinarios, Mangas Coloradas, el Teniente Zuloaga, Cochise, son personajes deslumbrantes. 

JMH: Esta idea de reivindicar a Gerónimo como mexicano resulta muy interesante, cuando él en realidad no quería formar parte de México, pero también sorprende lo desconocido que resulta esta epopeya, una epopeya mínima, como dices, pero que como todas las guerras fue muy cruel. 

AE: Las cosas fueron muy crueles, pero son como son, porque los gringos tienen una gentileza, una amabilidad, que es admirable, pero cuando te das cuenta ya te tienen contra las cuerdas, y cada quien actúa en su propio beneficio, luego está el ejército mexicano, actúa como siempre lo ha hecho, a lo bestia, pero hay que pensar que era un enemigo formidable, es decir, los mexicanos sí trataron muy mal a Gerónimo, pero Gerónimo sí trato muy mal a los mexicanos, esas, las últimas palabras de Gerónimo son muy conmovedoras, cuando dice “Me debí haber quedado en México y pelear hasta el final”, pero lo que le antecede a esas palabras es tremendo, los recuerdos de las batallas, de lo que le hizo a la gente en Sonora, en Chihuahua, que fueron hechos brutales, entonces hay una cosa contradictoria, pero si uno lee las memorias de Gerónimo, me tocó matizar un poco el odio que sentía por los mexicanos, porque es algo que duele, pero también lo que le hicieron los mexicanos a Gerónimo duele, a su primera mujer y sus primeros dos hijos los mataron a tiros en una masacre, coordinada por un gringo a sueldo del gobierno de Nuevo México que los masacró con una ametralladora, cuando intentaron asesinar a Mangas Coloradas, que sospechó y no llegó al banquete, pero a la mujer de Gerónimo la asesinaron  a tiros, entonces se entiende que él haya vivido en guerra franca contra lo que él entendía que era el gobierno mexicano. 

JMH: Es un momento en el que chocan dos mundos, uno que muere,  a través de la epopeya y el final de Gerónimo y los Chiricahuas, pero también es el nacimiento de otro mundo, a través del nacimiento de Estados Unidos y de México. 

AE: En esta novela me interesaba recrear o indagar o hacerme preguntas, que ni siquiera me respondí, sobre ese momento rarísimo en el que México todavía no está bien constituido pero ya tiene una relación conflictiva con Estados Unidos y al final México se va a definir precisamente por oposición a Estados Unidos en la época de Juárez, pero ese momento borroso en el que nadie tiene muy bien claro que es México y porque hemos derramado tanta sangre para defender esto, y que además en el norte de México era de otros, la Apachería fue un territorio completamente independiente de México hasta después de 1847, después fueron los gringos los que sometieron a los apaches, algo que el gobierno de México nunca pudo con ellos. 

JMH: Los apaches eran un enemigo formidable, un enemigo que simplemente desaparecía, se mimetizaba con el territorio, o aparecía de improviso, un enemigo cruel, seguirlos era complicadísimo, lo mencionas cuando nos cuentas como Gerónimo se escapa de una de las reservas en las que estaba recluido con un grupo de niños. 

AE: Esa es una historia fascinante, pero es una historia misteriosa, una historia que provoca miedo, y eso es lo que provocaba Gerónimo, pavor, y con justa razón, porque eran letales, pero eso lo sabemos ahora, porque si lees los periódicos de la época, la gente se imaginaba que el grupo de apaches que traía Gerónimo era igual, equivalente, al grupo de apaches con los que había peleado Mangas Coloradas, que era una caballería formal, de más de cien caballos y una infantería seria, pero en la época de Gerónimo no había caballería, eran quince o veinte apaches, pero eran tan eficaces y letales, que la gente les seguía teniendo terror, y cómo no los veían, porque eran capaces de perderse en el ecosistema sin que nadie se diera cuenta nunca se dieron cuenta de qué tamaño era el ejército con el que estaban peleando, lo que cuenta la novela es real, después de dos de tener asolada la zona de la frontera de Chihuahua, Sonora, Arizona y Nuevo México, Gerónimo se rinde y los meten corriendo a un tren y salen veintitrés guerreros que tenían asolada una zona de la mitad de Francia, eran una fuerza formidable, una máquina de guerra. 

JMH: Quería preguntarte sobre la reconstrucción que haces de la historia del caballo, porque los apaches controlaban de tal manera al animal que parecía que fueran una combinación que hubiera existido desde siempre y no es así, los caballos llegaron con los europeos a América.

AE: Esos caballos que ellos tenían eran descendientes de los caballos de los conquistadores, ellos no tenían antes, no había equinos en América, esos son caballos escapados, salvajes, que se fueron a los grandes llanos, que los indios de esa zona aprendieron a domar, y a montar a su manera, sin la influencia de los ingleses, y ese conocimiento se dispersó por todo el norte del continente, lo interesante en este caso, y de lo cual ya no hablé tanto en la novela, es que las fuerzas de Villa peleaban a la apache, es decir, sabían hacer una cosa que era disparar mientras iban cabalgando y sobre todo usar el rifle como si fuera un revolver, todas esas son estrategias guerrilleras que desarrollaron los apaches para bajar de la montaña atacando y volverse a subir a la montaña, algo que los revolucionarios del norte de México aprenden, porque estaban en contacto con ellos, no hay que olvidar que los apaches eran mexicanos, y que la gente comerciaba con ellos, que se los encontraban en misa, que tenían un nombre católico, que eran ciudadanos mexicanos, entonces la teoría que se propone en la novela, que es la teoría de un novelista y no de un historiador, que es que Pancho Villa aprendió de los apaches a esconderse en la sierra, algo que sería posible, porque había una convivencia real, la guerra sucedía en episodios y las venganzas eran más bien familiares, porque era un territorio poco habitado. 

JMH: Es una novela de sedimentos, hay historias intercaladas, hay historias que se cuentan en diferentes niveles. ¿Cómo construir una historia que es tan amplia y con tantos niveles narrativos? 

AE: Para eso se escribe una novela, es decir, una novela es la solución de un problema narrativo, es la solución a la pregunta de cómo cuentas esta historia, para mí eso es lo que me desvela, pues el acto de contar la historia ya me divierte muchísimo, es un trabajo divino, tengo el mejor trabajo, pero el trabajo formal es cómo contar la vida de un hombre, una vida que fue muy larga, porque Gerónimo vivió ochenta y tanto años, una vida que empieza inmediatamente después de la Independencia de México y termina cuando ese territorio independizado ya es otro país, ya es Estados Unidos, que implica una nación intermedia que es la Apachería. ¿Cómo le haces para contarlo? Para mí esa era la pregunta que me desvelaba, y  es que muy difícil contar historias que abarcan espacios grandes y tiempos largos, pero pues es lo que me interesa contar, esa historia que está en el libro. 

JMH: Dice Eduardo Antonio Parra que el norte es un concepto más que un territorio, creo que tu novela nos habla de una idea, la Apachería es más una idea que abarcar un tiempo muy largo, que abarca mitos, pero también personas. 

AE: Es muy hermoso eso que dice Parra, pero también creo que México es una idea, también Estados Unidos es una idea, México no va a estar ahí siempre, no digo que vaya a pasar en nuestras vidas, pero sí creo que hay una generación que vivía en algo que se llamaba Nueva España y luego se llamó México, y sí hay una generación inmediatamente posterior que vivió en algo que se llamaba México y después se llamó Estados Unidos, como le pasó a la gente que como Zuloaga vivió en Texas o Nuevo México, es decir, los nombres y las identidades son fundamentalmente ideas, y pues haciendo la salvedad de que me metí a leer un montón de libros y viaje por esa zona para conocer el territorio de Gerónimo y de los apaches, no soy una persona que puede arrojar una teoría del norte, es una novela que es muy respetuosa de la mitología del norte y que reconoce que yo no puedo hablar por los norteños ni por los apaches.

The Author

Javier Moro Hernández

Javier Moro Hernández

No Comment

¡Participa!