Opinión

Raúl Stallworth Rodríguez, un pionero del jazz en Aguascalientes

Podría inferirse que los inicios del jazz en Aguascalientes ven la luz con la banda del capitán Encarnación Payén en el siglo XIX y principios del XX, ya que participó éste con su banda en la Exposición Mundial de Nueva Orleans, entre 1884 y 1885, y obtuvo un primer lugar musical, bebiendo de las fuentes originales en los lugares históricos donde nace el jazz, pero a su vez importando y aportando influencias culturales mexicanas y latinas a los jazzistas de Nueva Orleans; él y su banda contribuyeron para la conformación de este género, tanto en Estados Unidos, México y en Aguascalientes, ya que fue director de la banda del Primer Batallón ligero de nuestro estado, en 1902 .

Posteriormente, en los inicios de la construcción de la Presa Calles hacia el año 1929, la Compañía J.G. White dona a sus trabajadores lotes de accesorios deportivos e instrumentos musicales, para su esparcimiento; con estos instrumentos, en la década de los treinta del siglo pasado surge la banda de los hermanos Ortega, en Pabellón de Arteaga, quienes en su repertorio ya interpretaban obras de jazz. 

Es en el año de 1982 cuando Aguascalientes testifica la sistematización y el conocimiento académico del jazz, con el advenimiento a esta ciudad del maestro Raúl Stallworth Rodríguez, quien comienza a escribir la contemporánea historia del jazz en Aguascalientes. 

El maestro Raúl Stallworth Rodríguez nació en el municipio de Cárdenas, San Luis Potosí, un 16 de noviembre de 1924, allí inicia sus estudios primarios, posteriormente estudia en la Escuela Abraham Castellanos, del Distrito Federal, de 1937 a 1938, e ingresa a la Escuela Industrial Militarizada, donde cursa en la misma institución la vocacional y allí se distingue en materias formales como solfeo, armonía tradicional y teoría musical. 

Uno de los instrumentos que más le fascinó en su juventud fue el trombón, con el que vive su primera aventura musical, reconociendo posteriormente los timbres y tesituras de los metales y maderas, que le servirían en sus arreglos posteriores para orquesta sinfónica, grupo de jazz y de salsa. Pero el instrumento que le embelesó hasta el final de su vida fue el piano; al viajar a Estados Unidos estudia armonía moderna con el maestro D.G. Weizman, en San Diego, California, y es aquí donde reconoce el lenguaje formal del jazz.

Un hecho que cambiaría su vida musical radicalmente acontece cuando conoce a su maestro y amigo cubano Chico O’Farril, quien ganaría el Grammy como el mejor compositor del latin jazz en el año 2000; él ya no gozó de esas glorias. Con Chico toca el piano en su orquesta y estudia Dirección de Orquesta y arreglos. 

Ya como músico profesional participa en organizaciones musicales de la talla de Ernesto Riestra, Ray Montoya, Everett Hoagland, Luis Alcaraz, Gonzalo Curiel, Juan García Esquivel, Agustín Lara, Chuck Anderson, Leo Acosta, entre otros.

Al dominar la escritura, composición y arreglo musical para orquesta, funge como arreglista de artistas nacionales e internacionales como Alberto Vázquez, Angélica María, Marco Antonio Muñiz, Imelda Miller, Leonorilda Ochoa, Los Jorsys, Los Polivoces, Sergio Corona, Illeana Sealey, Manuel “Loco” Valdés, Viruta y Capulina, Angelita Castani, Chabelo, Andy Roussel, Toña la Negra, Mario Moreno “Cantinflas”, María Victoria, Noelia Noel, Lupita Dalessio, Meche Carreño; tiene una memorable participación como pianista en la orquesta de Frank Sinatra, y como arreglista en la orquesta de Duke Ellington Jr., Tommy Dorsey, Jim Groupa, Billy May, Malu Reyes y Verónica Loyo.

Fue un excelente músico de sesión en la creación de soundtracks, en las siguientes películas: El quinto patio; El señor doctor, con Mario Moreno Cantinflas; Cuando los hijos se van, protagonizada por Alberto Vázquez. Dirigió la orquesta en el Canal 8 y en el programa de concursos Sube Pelayo Sube. En teatros y cabarets actuó en foros como el Teatro Blanquita, Bellas Artes, El Capri, Hotel Regis, Ciros, el Íntimo, la Fuente, Hilton, etc. 

A su vez, participó como músico de estudio para las compañías grabadoras Philips, Polydor, RCA Victor, Orfeón y Dimsa. A la par con todas estas actividades musicales cultivó la docencia como algo primordial en su vida, impartiendo clases de armonía y contrapunto en la Universidad Autónoma de Monterrey, en el período de 1974 a 1977.

En el ICA realizó arreglos para la Orquesta Sinfónica y el Ferial de Aguascalientes, para la Banda Hermanos Romero y su propio grupo, desde su llegada al estado en 1982, a invitación del maestro Ladislao Juárez Ponce, emigrando a esta ciudad con su esposa Victoria Pérez, su hijo Raulito y su hija Patricia. 

En este período no sólo desarrolla su trabajo como arreglista orquestal, sino que genera una labor magisterial inmensa, con jóvenes músicos aguascalentenses como Mario Gustavo Juárez, Enrique Soria, los hermanos Sánchez de la Banda Safari, Fortino Juárez, Juanito, José Luis y Jorge Romero, Juan Lozoya, Los hermanos Vallín, Abraham Velazco, Miguel Delgado, Rafael de la Rosa, Gustavo Basurto, María Elena Camarillo, “Ponchín” Pérez Talamantes, Gustavo Campos y Luis Romero, entre otros. 

En la última década de su vida armó su grupo con el baterista Héctor Romo y Víctor Solís en el bajo. Realizó una memorable grabación en la estación XEBI, creando arreglos para el Dr. Alfonso Pérez Romo en la voz, participando como guitarrista invitado su hijo “Ponchín” Pérez Talamantes. 

Otra grabación inédita es una versión para piano dedicada a algunas obras del compositor Armando Manzanero, realizada en el Estudio “B” de Aguascalientes, dirigida por Luis Antonio Ruiz Ruvalcaba.

A la par con las grabaciones, los arreglos sinfónicos, las clases, etc., su salud fue menguando, y a la vez el trabajo musical, que era su principal sustento; algunos lo dejaron solo al sentir la crisis laboral, pero su grupo le siguió fielmente hasta el final de su vida. Eduardo Gómez y Francisco Javier Domínguez crean el Bar Xenius, el cual será la catedral del jazz hidrocálido, en el final de la década de los noventa. En este bar, el grupo Stallworth desarrolló el jazz latino y el blues de manera memorable todos los fines de semana; todavía tuvo el maestro ánimos para crear arreglos sobre algunas obras de Alfonso Esparza Oteo, celebrando el centenario de su nacimiento; y con este material, el grupo participó en su última gira dentro del Programa Centro Occidente, en lugares como Ajijic (Jalisco), Colima, Morelia y Guanajuato, en espectáculos y conciertos populares como Llégale a la Danza, y el imprescindible Programa Cultural de la Feria Nacional de San Marcos. 

Este torrente de creatividad y de camaradería, aderezado siempre con la presencia de músicos jóvenes, fue el contexto en el cual el maestro Raúl Stallworth heredó su legado a las nuevas generaciones de músicos aguascalentenses; él siguiendo la tradición de Payén, de Ellington, O’Farril y los grandes del Jazz, concibió una sociedad plena de música viva, de armonía contemporánea, contrapunto, improvisaciones y poemas enteros de creatividad, los cuales aún con el paso de dos décadas de su fallecimiento, un 16 de enero de 1999, siguen vigentes en el espíritu jazzístico de su grupo y de sus fieles discípulos jazzistas aguascalentenses. 

 

Laus Deo.

 

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Víctor M. Solís Medina

Víctor M. Solís Medina

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