Sobre el periodismo / Bajo presión  - LJA Aguascalientes
19/04/2024

“¿Cuál será el estado de la sociedad y la política de nuestra república dentro de 70 años, cuando algunos de los niños que ahora van al colegio aún estén vivos? ¿Conservaremos un gobierno basado en la Constitución, en la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y en la pureza de la justicia, o nos gobernarán el dinero o la mafia?”. Joseph Pulitzer se lo preguntaba a principios del siglo XX, cuando por su iniciativa nacía la Escuela de Periodismo de la Columbia University de Nueva York. Estaba convencido de que la respuesta dependería en buena medida de la calidad de la información. Después de un siglo, cuando el consumo de noticias ha alcanzado unos ritmos antes inimaginables, la calidad de la información resulta más decisiva aún para el bien común. Porque “nuestra república y su prensa avanzarán o caerán juntos”.

Con esas líneas prologa Whitelaw Reid la recopilación de artículos titulados Sobre el periodismo, de Joseph Pulitzer; a Pulitzer más que por su labor periodística se le recuerda por los premios que llevan su nombre. En 1912, el presidente de la Universidad de Columbia, Nicholas Murray Butler, recibió dos millones de dólares que dejó Pulitzer para la creación de una escuela de periodismo y los premios, un año después de la muerte del periodista se crea la Columbia University Graduate School of Journalism.

En Sobre el periodismo se recogen los artículos que Pulitzer escribió para fundamentar la creación de una escuela de periodismo. A continuación presento una serie de subrayados de este libro, me parece pertinente aportar estas definiciones para este momento en que se discute cuál es el deber ser del periodismo:

 

Sin unos ideales éticos, un periódico podrá ser divertido y tener éxito, pero no sólo perderá su espléndida posibilidad de ser un servicio público, sino que correrá el riesgo de convertirse en un verdadero peligro para la comunidad.

 

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Cada número de un periódico representa una batalla: una batalla por la excelencia. Cuando el director lo lee y lo compara con sus rivales sabe si se ha anotado una victoria o sufrido una derrota.


 

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Un periodista es un vigía en el barco del Estado. Anota el velero que pasa, los detalles de interés que salpican el horizonte cuando el tiempo es apacible. Informa del náufrago a la deriva que puede ser salvado por el barco. Se esfuerza en ver a través de la niebla y las tormentas, para avisar de los peligros que se avecinan. No se preocupa de su paga ni del beneficio de los propietarios. Está ahí para procurar la seguridad y el bienestar de la gente que confía en él.

 

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Una vez que se permite que el público considere la prensa exclusivamente como un negocio comercial, se termina su influencia ética. El poder de influencia no puede existir sin la confianza del lector. Y esa confianza debe tener una base humana. Debe descansar en la personalidad del periodista.

 

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No hay otra profesión en la que el arte de la escritura sea tan importante como en la del periodista: consiste en producir literatura a diario.

 

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Por encima del conocimiento, las noticias y la inteligencia, el alma de un periódico yace en su sentido moral, en su coraje, su integridad, su humanidad, su consideración por los oprimidos, su independencia, su devoción al bienestar público, su anhelo de proporcionar un servicio público.

 

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La República se enfrenta a varios peligros. El demagogo se cuenta entre ellos. Quiere organizar la sociedad en dos bandos, y eso representa un nuevo e irrefrenable conflicto que sería una temeridad pasar por alto.

 

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Suele decirse que nada miente como las cifras, a excepción de los hechos. Se pretende que las estadísticas digan la verdad, y esta puede encontrarse si se sabe cómo buscarla.

 

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Solamente la prensa hace suyo el interés público. “Lo que es problema de todos no es problema de nadie”, excepto del periodista: es suyo por adopción. Si no fuera por su preocupación, prácticamente todas las reformas morirían antes de nacer. Mantiene a los dirigentes en el que es su deber. Desvela los intentos secretos de robo. Promociona todos los planes de progreso que resultan esperanzadores. Sin él, la opinión pública no tendría forma, y sería muda. Une a todas las clases y a todas las profesiones, y les enseña a actuar en consonancia con los principios de su ciudadanía común.

 

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…a veces, uno de los deberes más importantes de la prensa es oponerse a la opinión pública. James Bryce ha dicho con razón que “Las democracias siempre tendrán demagogos preparados para alimentar su vanidad, agitar las pasiones y exagerar el sentir del momento. Lo que se necesita son hombres que naden contra corriente, les hagan ver sus errores y se apresuren a crear argumentos que resulten aún más contundentes a causa de no ser bien recibidos”.

Una opinión pública bien informada es nuestro tribunal de última apelación. Una apelación que siempre se puede hacer con seguridad contra los errores públicos, la corrupción política, la indiferencia popular o las faltas administrativas. Y una prensa honrada es el instrumento más efectivo para llevar a cabo esa apelación.

 

Joseph Pulitzer sobre el periodismo.

Traducción a cargo de Lucía Alaejos.

Editorial Gallonero

Colección Piccola

 

@aldan

 


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Director editorial de La Jornada Aguascalientes
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