Opinión

¿Cómo, festejar el crecimiento del 0.1%?/ Bravuconadas

Amanecemos con una buena noticia. Inegi dio a conocer los resultados del crecimiento económico y contrario a lo que pronosticaban algunos que se iba a caer la economía e íbamos a entrar en recesión, afortunadamente la economía creció”. Celebraba el presidente López Obrador los últimos días de julio, refiriéndose al anuncio del crecimiento reconocido por la institución que valida oficialmente las cifras de México, que daban la “buena nueva” que el país creció el 0.1% durante el segundo trimestre de este año. Evidentemente una buena parte de la opinión pública reaccionó de manera por demás cuestionadora, señalando un lacónico: “¡…nada que festejar!”, mientras que la batería de escribidores simpatizantes de la 4aT condenaban el fracaso de los agoreros del desastre, ensalzando el pírrico avance de la economía nacional en este primer semestre de 2019.

Sin embargo, es importante tomar un poco de perspectiva respecto al evento que ahora comentamos. Históricamente, los inicios de las administraciones federales, particularmente aquellas que implicaron un cambio de partido en el Ejecutivo, y en la integración de las cámaras legislativas, han mostrado una ligera contracción, derivada del natural ajuste de la visión del nuevo gobierno, del reacomodo de las prioridades y los ritmos e intensidad de las decisiones y acciones involucradas. Asimismo, el entorno internacional juega un rol importante, toda vez que el país está necesariamente inscrito en el sistema económico mundial, que condiciona y gravita sobre las decisiones soberanas que toda administración nacional, debe atender y no puede, en modo alguno, ignorar. Los países guía de la economía mundial, los Estados Unidos, con el cual México tiene un vínculo subordinado de siamés; Europa con su compleja realidad económica y su divorcio con Gran Bretaña; China y su avanzado conflicto con los EU; y mejor ya no hablemos de la economía latinoamericana, que se encuentra hace ya algunos años en franca remisión.

Todo este escenario internacional condiciona y afecta los esfuerzos y acciones del gobierno de México y los actores económicos, y, en alguna medida, los determina y condiciona. Pero, no sólo las condiciones externas juegan su rol en la definición de la situación económica nacional, por supuesto, las decisiones y estrategias del propio gobierno inciden de manera aún más directa en el rumbo y resultado de la conducta económica mexicana. A pesar que en diciembre de 2018, el Congreso de la Unión determinó la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación 2019, en una parte muy importante, como resultado de la “herencia” del gobierno peñista a las finanzas al nuevo gobierno morenista; ya el presidente López Obrador y su equipo fueron definiendo, ahora sí, sobre la marcha, los ajustes y “economías” en que, según su propia perspectiva, sería necesario modificar la aplicación del presupuesto.

En su diagnóstico de arranque, y desde la campaña, el presidente López enfatizó su lucha contra la corrupción que corroía la vida nacional, particularmente las instituciones. Así, el gobierno identificó la grave crisis por la que atravesaba Pemex, empresa insignia de la propuesta política del lopezobradorismo, a la que se había comprometido a rescatar a “nombre de todos los mexicanos”, pero que no tenía una idea precisa del tamaño de la crisis de la empresa petrolera, ni el costo económico que iba a significar para las finanzas nacionales. También, fue significativo que el Gobierno Federal determinara suspender el programa de las estancias infantiles, acusando una flagrante corrupción en su manejo, optando por entregar los apoyos directamente a las madres y padres beneficiarios. Esa misma suerte poco a poco fue alcanzando a otros sectores de la actividad gubernamental. Se cancelaron los comedores comunitarios, se suspendió de tajo la compra de medicamentos del sistema de salud nacional, el IMSS incluido; se recortó el presupuesto a la actividad científica del país, a programas del sector agropecuario, al turismo nacional.

Asimismo, se fueron cancelando organismos autónomos de evaluación y regulación de diversas áreas de la acción pública, con el argumento de la tan manoseada corrupción o de la inutilidad de sus actividades y funciones; así, la evaluación educativa, INEE, la evaluación de los programas sociales, Coneval, la Comisión Reguladora de Energía, el CRE, entre los más significativos, fueron limitando o de plano, deteniendo sus funciones, con el respectivo impacto en la eficiencia y eficacia de los factores económicos y sociales que se debían atender.

Aunado a lo anterior, el Banco Mundial ha difundido otros indicadores que definitivamente nos hacen pensar acerca del “optimismo” del presidente López Obrador, y tienen que ver con la evolución natural del crecimiento demográfico de México, por ejemplo, la tasa de crecimiento de la población ronda el 1.3% entre 2017 y 2018; también, por su parte el Inegi en enero del presente año, señaló que la tasa de participación de la población económicamente activa como porcentaje de la población de 15 años y más creció en diciembre de 2018 en un 0.4%. Estas cifras publicadas por los organismos señalados, siempre corren el riesgo de ser refutadas en alguna conferencia mañanera, con “otros datos”, lo que fríamente van indicando es que la economía nacional va creciendo a un ritmo 10 veces menor a lo que la población va requiriendo para mantener o adquirir una oportunidad básica de atención a sus necesidades de empleo, de ingreso, de consumo.

El gobierno de México, parece ser que se debe, a partir de ya, ponerse a hacer justamente eso, gobernar, dirigir, liderar los esfuerzos nacionales, y dejar a un lado las justificaciones, excusas y pretextos, y hacer su chamba.

Es cierto que hoy los mexicanos no podemos presumir de un espíritu unitario y patriótico, como reacción a un martilleo constante, tempranero, de la separación del país en transformadores comprometidos y conservadores. Todos los mexicanos somos importantes, todos. Al presidente, debe quedarle claro, lo que tiene no le alcanza, debe involucrar a propios y extraños, fortalecer a México y a su gobierno, con nobleza y carácter de hombre de Estado, si ello es posible, y entonces sí, a festejar.

 

mario.bravo58@hotmail.com

 

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Mario Bravo

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