Opinión

Menos, es más / De imágenes y textos

Definitivamente la realidad ya rebasó toda aquella imaginación, la materia que llevé de prospectiva en la licenciatura quedó atrás, obsoleta. Según mi viejo Diccionario Enciclopédico Océano, aquel que me regaló don Jesús Azocar cuando yo cursaba los últimos años de la primaria y que conservo porque aún es muy útil, el término ficción según el filósofo alemán Hans Vaihinger, es producto de la facultad imaginativa y designa distintos modos de invención científica, las cuales las entiende como construcciones conceptuales auxiliares, que se utilizan como ayuda para el descubrimiento de la realidad. 

Imaginamos vivir en un mundo moderno, que nos permite comunicarnos y acercarnos con las personas que están lejos, nos introducimos a una realidad paralela donde los otros no existen físicamente pero nos responden; desde aquel enero de 2007, cuando el gurú de los dispositivos inteligentes que abrían la puerta a la llamada “Industria 4.0” sacó al mercado el primer iPhone, cambió la manera en que percibimos la realidad, y mire, estimado lector, que no estoy en contra de los avances tecnológicos y mucho menos cuando nos hacen la vida más sencilla, cuando una máquina se comunica con un dispositivo inteligente y trabajan para nosotros, eso está genial, el internet de las cosas, el big data, la 4.0 todo su esplendor, imaginamos vivir en un mundo moderno. ¿Realmente es así?

El uso de ese dispositivo móvil que seguimos empeñados en llamarle teléfono celular; son pocas las llamadas que en este momento se hacen desde dicho aparato, se usa más el servicio de mensajería de texto o de voz instantáneo que la llamada telefónica, bueno, pues el uso excesivo de ese dispositivo puede tener consecuencias de consideración, en marzo de 2019 el Instituto Mexicano del Seguro Social IMSS concluyó que la nomofobia -del anglicismo- (“no-mobile-phone-phobia”), es decir, el miedo irracional a estar sin dispositivo móvil, puede ocasionar malestar en articulaciones, huesos, ojos, oídos, hasta provocar insomnio, ansiedad, depresión y adicción. Escuchamos a las personas que sin su dispositivo móvil de sienten incomunicados; qué sensación experimenta usted sí su celular se quedó sin batería, obviamente lo pondrá a cargar pero mientras eso pasa, la espera le angustia, está impaciente por saber quién le mandó mensaje, qué subieron a las redes sociales, qué pasa allá afuera, o mejor dicho que pasa allá adentro, nosotros estamos afuera, en la realidad, no en la ficción de la red, de lo irreal. 

De pronto el momento se convierte incomodo cuando se da cuenta que en el lugar donde usted se encuentra físicamente las personas que lo rodean y tal vez usted mismo están inmersos en la información que genera su dispositivo móvil; en la mesa, a la hora de los alimentos, en el transporte público y privado, mientras caminamos, cuando charlamos con las personas que están físicamente con nosotros en ese momento, antes de dormir y la primera acción al despertar, en el aula, en los lugares públicos, en los templos e iglesias, en los lugares más recónditos, en todos lados estimado lector, en todos lados y en todo momento, el dispositivo móvil llamado teléfono celular inteligente cambió nuestra forma de comportarnos frente a la realidad, generó un entorno paralelo donde todo puede suceder.

¿Qué pasó, dónde perdimos la realidad y nos mudamos a la ficción? Obviamente cada vez habrá más nativos digitales que inmigrantes digitales, usando los términos que acuño Marc Prensky en 2001, pero eso no garantiza que la información que consuman estos individuos enriquezca su intelecto o apoye a un mejor desarrollo humano, ni siquiera académico; es muy sencillo, sí usted ha estado en un aula impartiendo clase, se podrá dar cuenta que los alumnos están de manera intermitente entre la realidad y la ficción de las redes sociales y lo peor de todo es que no hay aporte a la clase y mucho menos muestras destreza para utilizar la herramienta, ni siquiera para sociabilizar. 

Esta situación no está como para subestimar los riegos que conlleva, estamos perdiendo algo de la esencia de la humanidad, estamos evolucionando, es la razón por la que no leemos, no convivimos, no interactuamos y si nos aislamos, llegará el momento en que no necesitemos a nadie mas que al teléfono celular y toda esa ficción que está dentro de él. Por qué no dejar de depender de este aparato, este gran dispositivo que tiene más tecnología que el mismo Apolo XI o el Concorde, íconos de la Industria 3.0 por ejemplo. Póngase a prueba un día y no me diga que el dispositivo móvil lo usa para trabajar, porque si es una herramienta de trabajo entonces dele ese valor y no se angustie de más, haga menos cosas virtuales y más reales, regrese a la realidad, observe como todavía la gente puede platicar mientras está formada en una fila; el martes por ejemplo estuve formado por 15 minutos aproximadamente, adelante de mi estaba una joven inmersa en la otra realidad dentro de su teléfono celular, en seguida de ella mismo caso, pero la persona que estaba atrás de mi, comenzó a charlar conmigo y entonces esos 15 minutos se diluyeron y yo aprendí que en la Universidad de Chapingo tienen servicio de internado para hombres y mujeres, que su nivel académico es alto y que se puede ingresar desde el bachillerato para continuar con la licenciatura. 

Menos es más, estimado lector, menos exposición al dispositivo móvil es más interacción con la realidad, es mayor acercamiento con lo que existe y está presente en ese momento, convine esa realidad con la ficción, no se deje sorprender, un beso es más apasionante sí se lo dan en persona a que le manden una carita feliz amarilla con unos labios rojos.

Revise su “teléfono”, no vaya a ser que por andar leyendo estas tonterías se haya perdido de algo realmente importante.

ericazocar@hotmail.com | @ericazocar

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Eric Azócar

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