Opinión

Entendiendo lo que pasa en el Amazonas desde cómo se piensa en Aguascalientes y en México

  • Movimiento Ambiental de Aguascalientes, A. C.

Una tormenta de tinta (y bytes) arrecia alrededor del planeta sobre la situación de los incendios en la Amazonía. Dado que ya se discuten las yuxtapuestas causalidades socioeconómicas, las complejas dinámicas geopolíticas y las consecuencias ambientales que agravan aún más la crisis climática global en ciernes, quisiera discutir con usted, que se ha tomado el tiempo de leer estas líneas, sobre las raíces de índoles antropológica y filosófica de esta etapa aguda de una catástrofe que se ha venido gestando en los últimos meses. Y, si me permite, lo haré a la luz de un caso muy local.

Hace unas semanas asistí al “1ER. FORO BIENESTAR ANIMAL EN EL EJERCICIO PROFESIONAL DEL MÉDICO VETERINARIO ZOOTECNISTA (sic)”, organizado por el Colegio Estatal de Médicos Veterinarios en Aguascalientes en el Auditorio Don Pedro García Rojas del Congreso del Estado de Aguascalientes. Una de las personas que expuso en el primer bloque de pláticas hizo una aseveración que me dejó impactado: “Los seres humanos son seres humanos y los animales son animales”. Intrigado por la tajante declaración, a través del formato de preguntas que se nos proporcionó, le solicité brindara una referencia científica que respaldara la afirmación de que la especie homo sapiens sapiens no pertenece a la categoría “animal”. La persona en comento no pudo proporcionar ningún sustento y, en cambio, insistió en que se trataba de una “opinión personal”. En la misma ronda de respuestas, otro ponente intentó atajar la cuestión con tan pobres resultados que un miembro de la audiencia, un doctor del Centro de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, tuvo que acotar con algo de cordura y recordar que hay una disciplina científica que precisamente estudia dichos tipos de relaciones: la filogenética. ¿Y qué tiene que ver eso con los incendios en el Amazonas? Hacia allá voy.

Lo que la comunidad científica ha concluido desde hace siglos es que quienes integramos la especie humana pertenecemos también a la categoría “animal”. Que una persona tenga una “opinión personal” no sólo carente de sustento sino en franca controversia con décadas de avances científicos no es novedad, sino lo contrario. Pero que una persona presentada como profesional multiacreditado en su área vierta ese tipo de nociones en un evento público es tan sorprendente como preocupante; mas no sólo eso: que dicha aseveración se haya expuesto en un recinto público durante un evento en el que una persona integrante de la actual legislatura fungió como anfitriona es simplemente inaceptable. Entonces, ¿no se vale proponer posturas y apreciaciones personales? No sólo se vale, sino que se espera: la exposición profesional de un tema debe estar aderezada por las apreciaciones de la praxis de quien la defiende, la cual debe ser metódica, sustentada y rigurosa debido a que ha de ser, desde luego, científica. Lo decepcionante es que dicha noción no sólo no fue mayormente cuestionada, sino apoyada por buena parte de las personas que le sucedieron. ¿Ya empieza a dilucidar hacia dónde voy?

En un giro interesante, durante dicho foro se destacó, en diversas ocasiones, un problema que no es sino el otro extremo del que estoy delineando: la “humanización de los animales”, especialmente los considerados como “de compañía”. Varias veces se hizo hincapié con distintos ejemplos de cuán nociva era la tendencia (aunque también hubo entre la audiencia quién señalara que el gremio presente era en buena medida cómplice y beneficiario de algunas de sus manifestaciones); y no lo discuto: hay prácticas que trascienden lo curioso para tornarse en evidentes formas de maltrato ya que someten, principalmente a perros y gatos, a situaciones impropias y dañinas sólo por ciertos caprichos del ente humano con el que conviven. Pero para seguir en la misma línea, le planteo una analogía: imagine que usted es una persona que se dedica a la medicina veterinaria y que llega con usted un “cliente” con un animal no humano que adolece, por una parte, de un resfriado, y por otra, de una fractura expuesta. Sin embargo, el “cliente”, que se manifiesta con mucha preocupación por la salud y el futuro de su acompañante no humano, le solicita que solamente trate el resfriado y no la fractura. Coincidiremos en que, si bien el resfriado es una situación por considerar, lo que con urgencia procede atender, por diversas cuestiones, es la fractura, y que la solicitud del “cliente” resulta improcedentemente ilógica. Pues eso es justamente lo que está pasando: por preocuparse en torno a la “humanización de los animales” muchas personas, incluso especialistas y profesionales en la materia, están desatendiendo y aun contribuyendo con algo mucho más relevante: la “desanimalización de los humanos”. Ya casi llegamos al Amazonas.

La vaquita marina no está a un suspiro de extinguirse por que se le “humanice”, así como el ajolote no está amenazado por ser antropomorfizado, ni el jaguar está en peligro por que se le hagan prosopopeyas. Esas y, por desgracia, muchas otras especies y sus hábitats, como el Amazonas, podrían desaparecer antes de que culmine el siglo no porque se exagere una conexión y semejanza, sino porque, en un despliegue incomprensible de pensamiento medieval, mucha gente sigue pensando que la especie humana está completamente disociada del resto de la comunidad de la vida y de los ecosistemas en este planeta. Existe, dolorosamente, una buena parte de la humanidad que considera al resto de los seres vivos y sus hogares como meros recursos de los que podemos indiscriminadamente disponer, dado que se les concibe como ajenos, como diferentes. “Los seres humanos son seres humanos y los animales son animales”. Incluso en el mismo foro que recuento la preocupante situación global de los polinizadores, en general, y de las abejas, en particular, se tocó de manera muy tangencial y gracias a una pregunta del público, pese a haberse desglosado por varios minutos su gran importancia para nuestra especie.

Hay que decir también (aprovechando para darle algún matiz de esperanza a este texto) que no todas las personas que se dedican profesionalmente a la medicina veterinaria y a la zootecnia piensan como quienes ese día expusieron, ni están adscritas a esa asociación que, además, tampoco es el único colegio de “MVZ” en Aguascalientes. Hay que subrayar, además, que muchas personas y organizaciones creemos y vivimos la histórica conexión que tenemos, a través del camino evolutivo, con el resto de la comunidad de la vida, interdependencia de millones de años y los miles de millones que nos anteceden. Y hay que advertir, también, que cada vez son más las voces que nos manifestamos por que al proceso de la política pública en la materia, que nos afecta a usted, a mí, al resto de las y los animales humanos y no humanos, se integren las perspectivas científicas y las reflexiones éticas acordes a los retos que enfrentamos, así como las discusiones y conclusiones internacionales especializadas y las tendencias orientadas a mantener este planeta como habitable. Por eso, hoy en diversas ciudades del país se realizarán marchas para exigir marcos legales que estén a la altura de los desafíos que encaramos y que consideren al resto de los animales como lo que son: como nuestros parientes y semejantes en el milenario camino de la evolución. En Aguascalientes, la cita es a las 11:30 horas en la esquina de Madero y Héroe de Nacozari. Y a partir de ahí, la cita será cada día, con lo que pensamos, hagamos, y exijamos de nuestras autoridades y representantes.

 

sergioreyesruiz@hotmail.com

 

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Sergio Reyes Ruiz

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