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Es difícil ser escritora y que la gente siga admirando que una no escriba como mujer

  • Entrevista a Ana Fuente Montes de Oca, ganadora del Dolores Castro 2019
  • “La crisis es una ruptura con nosotros mismos, que nos obliga a reconstruirnos, aunque no de la manera más fácil, sí de la más efectiva. Me gusta pensar que todos estamos hechos a partir de fracasos y crisis, que son el material que configura los castillos de la estructura de quienes somos”

 

El jueves 8 de agosto de 2019 se dio a conocer que Ana Fuente Montes de Oca fue la ganadora del Premio Dolores Castro de Narrativa por La ley Campoamor, bajo el seudónimo de Nadia Matteo.

Esta entrevista se llevó a cabo en mayo de 2019. El fotógrafo argentino Ale Meter conducía por la Rumorosa, la autopista que conecta Tecate con Mexicali, una autopista llena de curvas y con una vista que deja sorprendido a cualquiera que la transite. Las formaciones rocosas y salinas le dan una característica peculiar al camino. Descendíamos por la carretera llena de curvas, eran cerca de las 4 de la tarde y el sol iluminaba las rocas que lucían tonos naranjas y amarillos, en contraste con el azul del cielo. Una vista maravillosa para el que viaja de copiloto. Un reto para el que conduce por ahí.

La Rumorosa la conozco muy bien, decía Ale Meter mientras volteaba de un lado a otro, sin ver el camino de frente. Mira, Óscar, qué impresionante se ven las piedras desde aquí. Al voltear a mi derecha, vi unas piedras en tonos ocre que nunca había visto en mi vida, al menos no en vivo. Ale Meter arremetió diciendo, Claro, ese tramo es bellísimo pero también es muy peligroso. Ana Fuente Montes de Oca (Ciudad de México, 1984), que viajaba en el asiento justo atrás del fotógrafo argentino radicado en San Diego, le dijo Tú no puedes dejar de ver el camino, tú mira al frente. La risa de los tres fue espontánea porque fue una risa nerviosa y preocupada. Transitar por la Rumorosa es cosa seria para quien la conduce por primera vez.

Un par de meses atrás había platicado con Juan Nicolás Becerra, quien me dijo que Ana Fuente estaría en la biblioteca que él dirige para presentar su libro Chicharrón de oso y algunos cuentos del fracaso. Un lector no puede quedar como si nada ante tal título. Durante la comida en Tecate le pregunté a Ana qué libro había escrito, me contestó que Chicharrón de oso… y me quedé sorprendido porque no la conocía físicamente. En ese momento comenzó una muy buena amistad.

Óscar Alarcón (ÓA): Antes de comenzar a platicar sobre tu libro, me gustaría saber cómo percibes los cambios de la literatura mexicana conforme te alejas del centro del país. ¿Qué opinas ahora que tienes una distancia no sólo física, sino temporal respecto al centro?

Ana Fuente Montes de Oca (AFMO): Hace ocho años que llegué a Baja California. En algún momento creí que sería imposible escribir y publicar fuera de la Ciudad de México, pero conforme pasó el tiempo descubrí que allá también era una ermitaña. Estando allá tampoco pertenecí a los círculos literarios que a veces funcionan como clubes de Toby, así que realmente no hizo gran diferencia en ese sentido. Me invitan a menos cosas, participo menos en festivales, presentaciones y ferias porque los viáticos siempre son un tema, pero en términos de producción, creo que aquí soy mucho más libre de escribir como a mí me gusta. Cuando me siento alejada del centro y lo veo como un obstáculo, recuerdo que en la FIL de Guadalajara alguien le preguntó a Elma Correa si no era difícil escribir desde acá en vista de la gran centralización del país; Elma respondió que la centralización es una idea del centro, porque a lo largo y ancho del país la gente sigue escribiendo y publicando. Tiene razón. Sobre la distancia temporal, no pasa de tener que despertarse dos horas antes o dormirse dos horas más temprano: toda distancia es zanjable.

ÓA: Más allá de Chicharrón de oso y otros cuentos del fracaso, platícanos cuáles son los temas sobre los que te interesa escribir.

AFMO: Me interesa hablar sobre la violencia. Es inevitable porque permea cada vez más en nuestro día a día: en el tráfico, en las filas, en el banco, en las llamadas telefónicas, en las noticias, en nuestra forma con relacionarnos con otros. Estamos llegando a la cúspide de la intolerancia, del discurso agresivo, del desconocimiento y la negación de la otredad. Veo necesario retratar aquello en lo que nos estamos convirtiendo.

ÓA: ¿Cuál es el papel que juega el humor en tu libro?

AFMO: Uno fundamental, como en mi vida. No se trata de reírse a lo idiota de todo, pero sí de encontrar una lente que nos permita ver el reflejo de lo ridículos que podemos llegar a ser. Aunque ninguno de los cuentos fue concebido con la idea de hacer reír en sí, muchas de las situaciones que abordo en el libro permiten que el lector se sienta identificado y de una u otra manera, expuesto. Más allá de mofarnos de los personajes, quiero pensar que nos lleva a reírnos de nosotros mismos.

ÓA: El título y la portada de Chicharrón de oso pueden confundir al lector y llevarlo a pensar que es un libro de literatura infantil. He de confesar que a mí me ocurrió. ¿Has recibido algún comentario al respecto?

AFMO: Sí, muchos. En una presentación en Metepec sucedió que se llenó de niños que ya habían comprado el libro y esperaban que yo leyera un poco. Les expliqué que no necesariamente era para niños de su edad y podían devolverlo, pero afortunadamente nadie quiso hacerlo. Se quedaron toda la presentación y leí los cuentos que consideré más apropiados para ellos, aunque estoy segura de que, por lo menos en el corto plazo, no estarán muy interesados en los otros. La confusión se ha dado, pero no me incomoda. María José Ramírez, escritora, ilustradora y amiga, hizo la portada y me gustó por varias razones: primero, porque recuperaba un eje de animalidad que existe en varios cuentos y que había pasado desapercibido para mí. En segundo lugar, porque me pareció que la portada quitaba mucho peso a que el libro girara en torno al fracaso; me hubiera preocupado más que la gente creyera que se trataba de un libro muy solemne y pesimista cuando no es el caso.

ÓA: Y a pesar de que el libro está cargado de humor, de pronto siento que también lo invade una gran nostalgia. ¿Qué ocurre con la memoria, los recuerdos y la nostalgia en tu libro?

AFMO: No sé si sea el sentir común, pero me angustia no poder apoderarme del momento. Veo que la vida pasa y se me escurre entre las manos porque constantemente estoy pensando en cómo será mañana o cómo fue ayer. Tengo la sensación permanente de que no estoy viviendo el día de hoy y mañana me arrepentiré de no haberme apropiado de él lo suficiente. Eso aparece en varios cuentos porque reconozco mi propia incapacidad de estar en el instante y mi afán por aferrarme a los recuerdos para que no se me olviden.

La memoria puede ser una herramienta o un arma de doble filo y me gusta explorar ambas posibilidades.

ÓA: ¿Qué papel juega la crisis en los cuentos de Chicharrón de oso…?

AFMO: Tiene una estrecha relación con el fracaso: me atrevo a decir que a todo fracaso le sigue una crisis. Es ir corriendo a nuestras anchas, vestidos con nuestros mejores trapos para llegar a una cita importantísima y caer de bruces en un charco de lodazal y mierda. Ahí estuvo nuestra victoria potencial, nuestro fracaso al caer y no llegar a la cita -o llegar hechos un asco- y justo entonces se presenta la crisis: ahora ¿qué carajos hago y cómo me levanto de aquí?

La crisis es una ruptura con nosotros mismos, que nos obliga a reconstruirnos, aunque no de la manera más fácil, sí de la más efectiva. Me gusta pensar que todos estamos hechos a partir de fracasos y crisis, que son el material que configura los castillos de la estructura de quienes somos.

ÓA: En los cuentos de Chicharrón de oso… encuentro una relación entre lo público y lo privado del entorno de los personajes: las infidelidades, el maltrato, los engaños, las burlas, ¿cuál consideras que son los temas que una sociedad como la mexicana aún no está lista para que salga de lo privado y se vuelva social?

AFMO: Desde donde yo lo veo, la infidelidad, el maltrato, el engaño y la burla pertenecen a la esfera social, lo grave es que están normalizados. Hemos convivido tanto con eso, que tristemente hemos llegado a percibirlo como un rasgo cultural cuando no debería ser el caso. En el caso de los temas que aún me parece difícil que salgan de lo privado, hay varios: la diversidad sexual en nuestra familia -o en nosotros mismos-, el racismo que nos parece tan ajeno y está silenciosamente enquistado en nuestra forma de percibir al otro, los matices negativos de la maternidad, entre muchos otros. Son temas de los que se empieza a hablar pero todavía pisan callos.

ÓA: Otro tema que me llama la atención por la forma en la que lo abordas tiene que ver con la familia, ¿qué ocurre con el concepto de familia en nuestro país? Es notorio que está cambiando, ¿hacia dónde crees que se dirija ese concepto?

AFMO: No sé si el concepto esté cambiando, pero sí la dinámica familiar. Veo una relación directa entre la violencia, la desintegración del tejido social, la desesperanza, la miseria y el hartazgo que se vive en México con la ruptura que hay al interior de las familias: padres y madres buscando a sus hijos desaparecidos, generaciones de huérfanos que el Estado no atiende, infanticidios creciendo en números alarmantes, padres y madres vendiendo a sus hijos o cediéndolos a la trata de personas, el crimen organizado secuestrando niños y niñas para traficarlos. Lo más grave de ese cambio en la dinámica es la forma como estamos abandonando a nuestros niños y la falta de atención a las políticas sociales, la incapacidad gubernamental de ofrecerles un futuro prometedor. A esos niños que dejamos a la deriva, el día de mañana les vamos a exigir que sean hombres y mujeres de bien que respeten las reglas de un Estado que ha sido negligente con ellos y con sus padres. ¿Con qué cara haremos eso? No sé hacia dónde se dirija, pero lo que se alcanza a vislumbrar es poco alentador.

ÓA: ¿Qué ocurre con la cotidianidad y los cuentos de tu libro? Me refiero a que parece ser que ahí donde no se puede decir nada o contar nada de una situación que nos pasa todos los días, como lavar los platos, tú eres capaz de contarnos algo que deja sorprendido al lector.

AFMO: La gran mayoría de los cuentos de Chicharrón hablan de la vida cotidiana. Me gusta observarla, sobre todo la ajena. Sobre la mía reflexiono y hay textos autobiográficos que aparecen por ahí, el problema es que me cuesta mucho convertirlos en ficción porque sé que se están alejando del hecho real. También soy muy metiche en relación a las manías de otros, las dinámicas, el día a día. Mucha gente cree que tiene vidas aburridas y ordinarias, pero en todas ellas hay detalles que las hacen únicas y dignas de ser contadas.

ÓA: Sin adelantar demasiado, sabemos que estás trabajando en un proyecto de cuentos que se basan en noticias absurdas, ¿podrías contarnos un poco sobre esto, cómo fue que se te ocurrió?

AFMO: Uno de mis vicios era navegar por portales de noticias estúpidas, como Yahoo noticias, MSN, etcétera. Ha sido un placer culposo desde que tengo internet y en algún momento empecé a hacer un acervo con las cosas más insólitas que fui encontrado. De ahí empecé a hacer uno que solamente abarcara las noticias en México y posteriormente pensé no sólo en encontrarlas, sino en buscarlas. El proyecto está terminado, ahora estoy tocando puertas para ver si alguna editorial me ayuda a que esos cuentos logren ver la luz.

ÓA: Hace poco escribiste sobre la caravana de inmigrantes que buscaba llegar a Estados Unidos, lo que yo pude percibir del centro del país es que hubo mucha discriminación, ¿cómo viste tú este fenómeno migratorio?

AFMO: Como si fuéramos el hermano de en medio: nos golpea el más grande y nos desquitamos golpeando al más pequeño. En Tijuana sucedió un fenómeno muy interesante cuando llegaron los haitianos: se integraron en una comunidad, encontraron trabajos, trajeron una cultura que aquí no se conocía. Ahora hay lugares deliciosos para comer comida criolla, por ejemplo, haitianos egresados de la Autónoma de Baja California, gente que eligió quedarse aquí.

El fenómeno con la caravana de centroamericanos estuvo tan terriblemente cubierto por los medios, que parecía que conforme avanzaban prometían traernos la peste bubónica. Mucha gente decidió cerrarles las puertas, salir a agredirlos, rechazarlos sin conocerlos. Fue muy triste.

Toda migración tiene matices e implicaciones que hay que trabajar, pero desde la perspectiva de un país que ha generado decenas de millones de migrantes hacia Estados Unidos en los últimos años, la percepción que se gestó aquí sobre los centroamericanos fue dolorosa, por decir lo menos. Se hablaba de que todos eran violadores, drogadictos y pandilleros peligrosísimos; sí, justo como lo hizo Trump.

ÓA: Fuiste becaria del Programa de Jóvenes Creadores del Fonca, ¿las becas generan escritores?

AFMO: No. Las becas apoyan a quien quiere dedicarse a escribir y encontrar un apoyo económico y un tutor que lo oriente sobre cómo mejorar su trabajo. El Fonca es una ayuda y una plataforma de gran utilidad, pero ni es esencial para ser escritor, ni todos los becarios terminan siendo artistas.

ÓA: ¿Es difícil ser escritora en un país como México?

AFMO: En México lo difícil es ser mujer, así sea dedicándose a la enfermería, la medicina, el derecho, el arte o cualquier otra cosa.

Es difícil ser escritora y es sorprendente que la gente siga admirando que una autora “no escriba como mujer”. No sé bien a bien qué signifique eso ni por qué habría de ser un cumplido, pero lamentablemente todavía se escuchan esas observaciones y esos sesudos análisis.

ÓA: Se acaba de anunciar que Cristina Rascón renunció a la dirección de Literatura del Inbal por el asunto de la apertura ilegal de las plicas en dos concursos literarios, ¿qué ocurre con el papel de la mujer en la administración de cultura en México?

AFMO: Cristina Rascón es una mujer brillante y muy talentosa. Tuve la oportunidad de conocerla el año pasado y sé que dentro o fuera de la administración pública, tiene muchas ganas e ideas para contribuir con el panorama cultural de México. Una mujer en una posición administrativa o en una posición de poder todavía incomoda en muchos ámbitos y a muchos niveles de la sociedad, aunque lentamente -muy lentamente- está cambiando con designaciones como la de Alejandra Frausto y Marina Núñez Bespalova.

Entiendo la importancia de esclarecer los protocolos y seguirlos para que sean concursos justos y transparentes, aunque no termino de entender cómo tanta gente que se desgarra las vestiduras con este asunto permaneció en silencio cuando muchas autoras levantaron la voz para denunciar los acosos y abusos -gravísimos en varios casos- de los que han sido víctimas en la comunidad literaria de este país. No sólo guardaron silencio, sino que se enfocaron más en cuestionar los protocolos de denuncia y en defender a los denunciados que en apoyar a las denunciantes.

De eso no se quiere hablar, de eso no se exigió que los señalados y los implicados rindieran cuentas. Han sido denunciados miembros de importantes instituciones y beneficiarios de importantes becas que no han visto ninguna consecuencia de sus acciones, que siguen gozando de sus privilegios con toda impunidad y que no han estado en el ojo del huracán como lo ha estado Cristina.

La balanza sigue inclinada hacia el mismo lado, pero confío en que dejará de ser así. Hay grupos de autoras organizadas por luchar por espacios más equitativos, más justos y más seguros para las mujeres. Estoy convencida de que el patriarcado se va a caer, ojalá que lo tiremos pronto.

ÓA: ¿Qué es el amor?

AFMO. Uy. Mejor pregúntame qué es el fracaso amoroso porque la verdad es que no lo sé. Pienso en la pregunta y solo puedo ver los rostros de quienes son para mí la personificación del amor, pero dudo mucho que a alguien le interese esa respuesta. Para mí el amor es como un limón: creemos que podemos combinarlo con todo y que siempre mejora el sabor, pero basta un limón echado a perder para jodernos toda la comida.

ÓA: Te has desempeñado como traductora del inglés y del francés, Joan Margarit se llama a sí mismo poeta bilingüe porque escribe en catalán y en español. Se ha escrito y debatido mucho sobre la traducción pero ¿qué ocurre con los escritores bilingües y la figura del traductor?

AFMO: Admiro profundamente a los buenos traductores. He hecho traducción pero nunca literaria, es un ejercicio de interpretación y reescritura que requiere de un talento muy especial. El traductor es un lector y un escritor que debe tener una capacidad de análisis descomunal; honestamente no me siento capaz en este momento de hacer traducciones literarias, mucho menos de traducir mis propios textos. El bilingüismo es una condición compleja que muy pocas personas tienen, malentendida a veces por quienes dominan otro idioma y creen serlo; los escritores bilingües tienen un don fuera de serie, aunque no estoy segura de que eso les permita escribir sus obras en dos idiomas sin que sean dos obras distintas. En el caso de la figura del traductor, me parece que es como la del editor: se puede hacer un maravilloso trabajo en equipo que pule y enriquece o puede caer en el protagonismo de transformar la obra en lo que a él le hubiera gustado hacer a través de la pluma del autor.

ÓA: ¿Cómo conviven tu trabajo como escritora y tu papel como madre?

AFMO: La gran dificultad de la maternidad, en el oficio que sea, es que las horas laborales se reducen considerablemente. Hay que ser más eficiente, sentarse a escribir y aprovechar ese tiempo para realmente hacerlo: ya no puedo contemplar la hoja, el teclado o el techo durante un rato antes de escribir la primera palabra. Ahora, cuando me siento a escribir tengo que hacerlo sabiendo previamente a qué voy. Lo demás, la creación en sí, se hace en otros momentos: cuando me baño, cuando manejo, cuando cocino. Al mismo tiempo, eso me ha hecho más productiva y me ha obligado a concentrarme más, a tocar más puertas y buscar más espacios de publicación porque las cuentas no se pagan solas. Mi trabajo como escritora no sería posible sin el apoyo de personas clave como mis padres y el padre de mi hijo, con quien comparto tiempos de crianza y labores del hogar. Soy muy afortunada en ese sentido. Me gusta pensar que llegará el día en que a los hombres también se les pregunte sobre la relación entre su paternidad y su oficio.

ÓA: ¿Cuál crees que sea el sentimiento más ruin del ser humano?

AFMO: La mezquindad.

 

@metaoscar

 

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Oscar Alarcón

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