Opinión

Las pérdidas que producen las mañaneras / Matices

Hay quienes afirman que las mañaneras son históricas y una práctica que debe imitarse en el ámbito internacional, difiero. Es una buena práctica que el presidente esté a las 7 de la mañana listo para atender a los medios de comunicación, porque el presidente no está listo para recibir cuestionamientos serios, sino preguntas cómodas que le permiten entrar en soliloquios que sólo los verdaderos mártires del periodismo se avientan. Dedica una hora y media al día en promedio a platicar y poner su agenda con declaraciones fáciles sin fact check, esas declaraciones son la nota todo el día y nadie cuestiona ni investiga porque el periodismo no tiene capacidad de periodismo de investigación. 

No están los mejores entrevistadores del país ahí porque para eso hay que renunciar a la vida cotidiana para hacer los sacrificios que significa estar a las 4:30 formados esperando entrar. Claro que deberían de hacer un esfuerzo al menos cada mes, para que las conferencias sí presenten a un presidente respondiendo a los cuestionamientos como lo hizo con Jorge Ramos. Así podrían cuestionarlo verdaderamente Azucena Uresti, Sal Camarena, Carlos Puig, María Scherer, Aristegui, Merkel, Loret de Mola y algunos más que tienen la autoridad moral de cuestionar. Sin embargo, los que se llevan las preguntas son aquellos que buscan simpatizar para obtener publicidad oficial. 

En serio: las mañaneras no sirven de mucho si no hay cuestionamientos serios. Nos quitan más de lo que nos dan. 



Hablando de número fríos, Sal Camarena reportó que en las mañaneras con corte al viernes pasado el presidente ha dedicado 257 horas a atender estas conferencias. Tiempo en el que no lo ha dedicado para atender otros asuntos, además no consideramos los eventos públicos donde también predomina el uso de la palabra. ¿Cuándo se reúne con su gabinete?, ¿cuándo piensa la mejor estrategia?, ¿cuándo reflexiona?, ¿cuándo gobierna? Esas horas pudieran ser útiles para eso. Además de ello, los miembros de gabinete que invierten tiempo, traslado y personal para atender estas mañaneras también reducen su tiempo para gobernar. 

Además del tiempo, sabemos que el tiempo cuesta. Cada quien calcule los recursos públicos que se pierden en tener funcionarios públicos de ese nivel atendiendo las mañaneras. 

Otra de las cosas que perdemos por las mañaneras es posibilidad de generar un debate público de los temas que en realidad importan a la nación, nos detenemos mucho tiempo en la coyuntura, y ni siquiera se hace análisis a fondo sobre eso, sino que se queda en la declaración del presidente, la reacción de la Cámara, de la oposición, de la Coparmex y en si esto se tradujo en iniciativas. Al día siguiente a las 7 de la mañana volvemos a empezar. Se va perdiendo la capacidad del debate público de los temas de Estado. 

Las mañaneras sirven como clases de historia: Emiliano Zapata, Francisco Zarco, Villa, Juárez, las tres transformaciones, las clases de moral, las clases de educación familiar, de valores. No sé si necesitamos un presidente así. No sé si eso abone a la politización de la nación y a aumentar los niveles de debate público. 

Las mañaneras le han servido al presidente para muchas cosas, pero a la nación no. El presidente las utiliza para hacer juicios sumarios sobre ex funcionarios de pasadas administraciones y de su propia administración, ahí señaló a Urzúa de ser una consecuencia de Carstens. Para condenar al Coneval, para atacar al INAI o al INE. Todos los debates y preocupaciones públicas se resuelven en las mañaneras. Por ejemplo, se inició la discusión de la reforma electoral, pero el presidente dijo en la mañanera que no habrá reforma hasta después de 2021, después de ese decreto hablado la discusión sobre la reforma se desaceleró, se quitó preocupaciones a quienes las tenían y se asumió que será hasta 2021, porque en la mañanera lo dijo. 

¿Dónde quedaron las discusiones parlamentarias?, ¿los debates públicos?, ¿los debates académicos?, ¿dónde quedaron las mesas de trabajo?, ¿dónde quedó la sociedad civil? El presidente desprecia a esas instituciones, desprecia esos debates, al CIDE, a Reforma, a la Sociedad Civil, a los académicos, a la oposición. Él es el debate. La mañanera es la agenda pública. Él es la deliberación. 

Hay muchos caminos que recorrer para confrontar esa monopolización de la agenda, pero significa en algunos medios de comunicación, suicidio: crear unidades de investigación a largo plazo para que esas investigaciones le roben agenda al presidente, eso significa dejar de invertir recursos para cubrir la cobertura, generar debates a largo aliento e ignorar la coyuntura, dejar de cubrir la mañanera de la manera en que se está cubriendo y utilizarla para un espacio de cuestionamiento y no de propaganda y difusión. La academia debe arriesgarse y salir todos los días en los medios de comunicación, renunciar al cubículo y arriesgarse a ser señalado en la rueda de prensa: el prestigio está primero. Hemos perdido mucho con las mañaneras, pero podemos recuperar. 

 

@caguirrearias

 

The Author

Carlos Aguirre

Carlos Aguirre

No Comment

¡Participa!