Opinión

Woodstock, tres días de música, paz y amor / El banquete de los pordioseros

Dos importantes cincuentenarios se celebran por estos días, uno y del que nos ocuparemos, si Dios no dispone lo contrario, la próxima semana que es la grabación del álbum doble Bitches Brew de Miles Davis, todo un acontecimiento en la producción musical en el siglo XX, y la realización del Festival de Woodstock que es el que nos ocupa en este Banquete. 

La importancia de Woodstock radica no sólo en lo que musicalmente representó, que ya de por sí es de incuestionable importancia, sino por lo que socialmente representó no sólo para Estados Unidos, no sólo para los amantes del rock, sino para toda la cultura occidental y lo que se relacione con ella.

El Festival inició el viernes 15 de agosto de 1969 en la granja de Bethel, en el condado de Sullivan en el estado de Nueva York, muy cerca del poblado de Woodstock ubicado en el condado de Ulster en donde se había planeado originalmente la realización del evento, no obstante, los vecinos de la localidad se opusieron a la realización del festival al saber que se trataba de un evento masivo con el rock como ingrediente principal, pero aunque el evento se cambió a la granja de 240 hectáreas propiedad de Max Yasgur aproximadamente a unos 64 kilómetros al sudoeste de Woodstock, justamente ahí en Bethel.



Hay muchas dudas respecto a cuántas personas asistieron al festival, pero las cifras más conservadoras afirman que fueron 500 mil personas, ¿te imaginas? Medio millón de hippies conviviendo durante tres días, es decir, atendiendo a los intereses de una sociedad en donde seguramente imperaban, parafraseando a Carlos Fuentes, Las buenas conciencias, se comprende el temor imperante entre los pobladores de Woodstock, no sé en realidad si esas mismas buenas conciencias se asustaban por la barbarie cometida por su país en Vietnam, un conflicto al que no estaban invitados y fueron de colados aunque como sabemos, les costó muy cara la intromisión. Pero se trataba de hippies, de melenudos desarrapados que escuchaban rock y quién sabe cuántas cosas se meterían, no se trataba de disciplinados militares con el cabello bien recortado, las botas perfectamente lustradas, eso sí, entrenados para matar, pero eso no importa, es lo de menos, finalmente a los que iban a matar eran vietnamitas rebeldes. 

Medio millón de greñudos conviviendo durante tres días junto a un lago y escuchando rock, o sea, ¿qué esperar de eso? No sé qué esperaban aquellas buenas conciencias pero lo que surgió ahí, después de tres días de música, paz y amor fue el surgimiento de la Nación de Woodstock, fue la cereza del pastel de la utopía de la segunda mitad de los años sesenta, fue la más completa comunión de jóvenes, y seguramente algunos no tan jóvenes, en torno a un sólo interés, y no hablo de la música, que ya en sí misma era razón lo suficientemente justificable para semejante convocatoria, sino todo lo que en sí mismo representó este evento.

Para empezar debemos entenderlo como un reclamo masivo en contra de la intervención estadunidense en el territorio vietnamita, por ejemplo, Jimi Hendrix cierra su participación en Woodstock, de hecho él es quien cierra el festival ya para amanecer el lunes 18 de agosto, interpretando en su Fender stratocaster, el himno de los Estados Unidos, como diciéndole al presidente Nixon que esos greñudos amaban a su país, pero rechazaban su intervención armada en la guerra de Vietnam. Durante el festival se dieron varios discursos en donde, entre otras cosas, se reflexionaba sobre este asunto, tema al que nadie, en las tierras del Tío Sam, era indiferente, pero además se trataba de una declaración de principios, de proclamar abiertamente, a voz en cuello, los valores de aquella generación idealista que daba sentido a la gran utopía de la hermandad que dio sentido y fundamento al verano del amor, era el sostén ideológico de los hippies que adornaban su cabello con flores y colocaban una flor en el fusil que los apuntaba, un par de años más tarde John Lennon definiría bien esa postura en su canción Mind Games al decir Love is the answer, you gotta let it grow, sí, el amor es la respuesta y debes dejarlo crecer.

En lo que a música se refiere, como sabemos, ahí estuvieron algunos de los más importantes representantes del rock, pero también hubo muchas ausencias. El viernes 15 de agosto inició el festival a las 17:07 horas con la participación de Richie Havens, después, obedeciendo a la influencia hinduista imperante entre los jóvenes de la época, Swami Satchidandana hizo la  invocación del festival para después continuar con Sweetwater, Bert Sommer, Tim Hardin, Ravi Shankar, Melanie Safka, Arlo Guthrie, y Joan Baez cerró la primera jornada. La jornada del sábado 16 inició a las 13:20 horas con Quill, continuó Counry Joe McDonald, John Sebastian, Keef Hartly Band, Santana, Incredible String Band, Canned Heat, Mountain, Grateful Dead, Creedence Clearwater Revival, Janis Joplin, Sly and the Family Stone, The Who, Jefferson Airplane cerró la segunda sesión.

El último día, domingo 17 se abre a las 15:30 horas con Joe Cocker, Country Joe and the Fish, Ten Years After, The Band, Johnny Winter, Blood Sweet and Tears, Crosby Stills, Nash & Young, Neil Young, Paul Butterfly Blues Band, Sha-na-na y Jimi Hendrix sale al escenario a las 8:30 de la mañana del lunes 18 de agosto con muy poca gente ya, la lluvia obligó a suspender el festival por algunas horas.

Hace 50 años medio millón de hippies, greñudos y desarrapados le dijeron al mundo que sí era posible, y así, después de tres días de música, paz y amor se coronó con broche de oro la generación del peace & love, del flower power, todos convocados por el mágico encanto de la música. 

 

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Rodolfo Popoca Perches

Rodolfo Popoca Perches

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