Opinión

Los Presidentes dan Risa / Análisis de lo cotidiano 

Tuve la fortuna de conocer a la periodista Magdalena Mondragón, quien publicó en 1948 el libro Los Presidentes dan Risa, un muy divertido texto en el que describía una larga lista de anécdotas sucedidas a expresidentes de la República que resultaban francamente cómicas. Desde los apodos que el pueblo les acomodaba hasta torpezas en su desempeño internacional y otros hechos francamente hilarantes. Allí narraba las famosas inauguración de Pascual Ortiz Rubio que llegó a cortar el listón para abrir el paso a un pequeñísimo túnel que cruzaba una pequeña calle. Al sobrenombre de “Quince Uñas” aplicada a Álvaro Obregón. A partir de entonces tal parece que los presidente le tomaron tanto miedo al popular librito que se cuidaron mucho de no hacer el ridículo en público, aunque no siempre lo lograron. A don Adolfo Ruiz Cortines había poco que criticarle y la burla se ensañó con su esposa, por vieja y altanera. Adolfo López Mateos fue llamado “El Príncipe Charro” para señalar su baja estatura. Por su particular rostro, Gustavo Díaz Ordaz fue blanco de muchos chistes y bromas referentes a su fealdad. Después por sus acciones del 68 pasaron a destacar su tiranía. A Luis Echeverría se le destacaron su torpeza política y diplomática, a López Portillo su protagonismo y actitudes teatrales, asimismo la imagen cuasi vulgar de su esposa. Tampoco pudieron pasar indemnes Miguel de la Madrid, Carlos Salinas ni Ernesto Zedillo. Vicente Fox resultó ser una fuente inagotable de chistes y vaciladas. Desde su imagen fácilmente caricaturizable hasta sus ocurrencias y desplantes, su esposa y su vestimenta dieron un inacabable manantial de chascarrillos. Felipe Calderón no dio muchos motivos, tal vez las bromas poco ingeniosas sobre su corta estatura. Pero en cambio Enrique Peña Nieto nos dio a llenar por su incultura y su matrimonio concertado. Lo interesante de la época actual es que la comicidad de los presidentes no es casual o accidental. Tenemos en este momento en el panorama mundial a una buen cantidad de mandatarios que voluntariamente se proponen ser comediantes. Su incansable afán por hablar ante los medios de comunicación, por opinar sobre todos los temas y la tendencia a utilizar el lenguaje populachero ha hecho de Andrés Manuel López Obrador, Donald Trump, Vladimir Putin y Boris Johnson objeto de diversión mundial. La opinión internacional está pendiente de sus discursos, decisiones y apariciones solamente para ver que nuevo tropiezo cometen, más que sus aciertos. Desde luego favorecido y al parecer alentado por sus propios comportamientos. En Guatemala ocurrió algo interesante, un comediante de televisión llegó en enero 2016 a la presidencia de la República. Su bandera fue ¿cuál cree usted? Sí, efectivamente el combate a la corrupción. A dos años y medio del ejercicio no le ha ido nada bien. Comenzó con una popularidad del 90% que hora la tiene en 20% y es precisamente por acusaciones de corrupción y acoso sexual. No sabemos cómo terminará, pero todo parece indicar que a los comediantes de profesión la política no se les da bien. Y en cambio a los políticos de oficio, la comedia les resulta como su verdadera vocación.

hecgrijalva@hotmail.com

 

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Héctor Grijalva

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