Opinión

Más cornadas da el hambre / Opciones y decisiones

El asunto para calcular el número de pobres de México, continúa. 

Y ahora la invectiva viene del exterior. La contribución de las remesas es prácticamente ignorada en la medición de la pobreza en México, expone Jesús A. Cervantes González, coordinador del Foro de Remesas de América Latina, instancia del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos (Cemla). (Fuente: Periódico La Jornada. Roberto González Amador. Medición de la pobreza no incluye efecto de remesas. Sábado 14 de septiembre de 2019, p. 17). 

De inmediato, endereza un tiro de precisión a la diana del instrumento rector, en mientes, que produce el Inegi. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), a partir de la cual se hace la medición de la pobreza en el país, capta menos de una décima parte del total de remesas para los hogares, asegura. (Ref.: Medición de la… opus cit., ut supra. El enfatizado es mío). 

Para entender ese porcentaje, el emisor refiere la cuantía del entero que lo conforma: En 2018, los envíos sumaron 33 mil 677 millones de dólares, de acuerdo con cifras del Banco de México. Pero la ENIGH, levantada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), captó que el ingreso de los hogares proveniente de otros países fue de 2 mil 844 millones. Esa cantidad representó 8.4 por ciento del ingreso del país y de los hogares mexicanos por remesas. Hasta aquí, queda plantado su argumento, y evoca para mí aquello del romancero popular: “La vaca era colorada y el becerrito era moro… y el vaquero maliciaba que era hijo de otro toro”. E induce la malicia indagatoria, metodológica. 

A decir verdad, estos tiros de precisión sobre la diana del Inegi, tienen ya una historia interna, que vale la pena evocar, tanto por la importancia metodológica que una medición de esta naturaleza implica, como la magnitud estadística e histórico-social que representa en la realidad de un universo societal como lo es México. Los estadígrafos, expertos en demología y/o encuestadores –como usted guste- han desarrollado un agudo sentido de cómo, al encuestar, la simple formulación de una pregunta condiciona el tipo de resultado que se va a obtener, del encuestado. 

En la simplicidad natural a un aula universitaria, aprendimos que tratándose de las ciencias sociales y de la conducta humana, el marco lógico o conceptual que construyamos para estudiar o aproximarnos a un fenómeno real, histórico es crítico y determinante de los resultados obtenidos, pero no al revés. Es decir, el enfoque inicial aplicado pre-determina la visión que obtenemos de un objeto, pero nunca los resultados definen los supuestos de los cuales partimos. Lo que equivale a decir, lo que no está integrado en nuestro aparato conceptual como punto de partida, pudiera surgir mágicamente de los datos per se (por sí solos). Este deus ex machina puede existir en el Teatro, pero no en la ciencia. Por ello creo que la controversia sobre la precisión, exactitud y veracidad de los datos sobre la pretendida medición de los pobres de un país, para el caso México, ya tiene una historia interna propia, sin demérito del escrutinio externo que ahora viene, con índice flamígero y sendo arqueo de cejas econométricas. Atendamos primero a lo pasado. 

Siendo el jueves 31 de Agosto de 2017, al publicar sus resultados 2016, el Coneval, a la cabeza de primera plana de La Jornada Aguascalientes, tronó con fragor: Dejó el PRI más de 369 mil pobres. (Fuente: LJA. Primera Plana. Jueves 31 de Agosto de 2017). Y, en recuadro, sintetizaba: 43.6% población en situación de pobreza/ equivalente a 53.1 millones de personas; 7.6% en pobreza extrema / 10 mp; más, 26.8%, Reporte: 9,375,581 mp; así, el reporte 2016 publica: 53,418,151 millones de personas en situación de pobreza. 

Resultado que para poder ser justipreciado debe contrastarse con los datos de referencia de origen al año de 2010. Según el alcance actual tenemos que: la población con ingreso inferior a la línea de bienestar es de 50.6%/ que equivale a 62 millones de pobres, indicando una proporción menor a la de 2010, que alcanzó la cota de 52.0%/ y un resultado neto de 59.6 mp; que es sin duda un monto más elevado en términos reales, o más elevado en números duros, lo que resulta explicable por la tasa de incremento demográfico; hasta aquí el primer resultado comparable. 

Y el segundo nivel de comparación se da en el rubro: De la población con ingreso inferior a la línea de bienestar mínimo, con un indicador de 17.5%/ equivalente a 21.4 millones de pobres; un resultado relativamente menor a 22.2 personas, medido en millones de pobres; de donde obtenemos que el gran promedio en pobreza –tal cual- en 2016 es igual al 43.6% de la población actual al tiempo de la medición, que tiene como correlato al anterior 46.1% de 2010; es decir inferior a este punto originario de medición, en sólo un quinquenio. 

La cuestión de fondo, entonces, radica en ¿dónde está la explicación de esta aparente gananciosa reducción de la pobreza? Para el Coneval está en una inaceptable modificación al parámetro tipo de la medición originaria, Asunto respecto del cual él expresa que todavía no está en paz con los resultados del famoso MCS que fuera modificado por el Inegi, el que introdujo -para efectos de su encuesta- una “correcciónpara compensar la desviación resultante por la supuesta ocultación o minusvaloración de datos reales producida por los mismos encuestados. Hagamos un poco de memoria. 

La real y fuerte controversia sostenida entre el Inegi y el Coneval, con base en las modificaciones técnicas que el primero introdujo en un módulo de la encuesta para medir el nivel de ingreso de los hogares; con la intención asumida de afinar o hacer más precisa la captación de información desde las personas encuestadas. Digamos coloquialmente que modalizó la forma de hacer las preguntas críticas a las personas encuestadas, en campo, refiriéndose a su ingreso “real”; bajo el supuesto de que los respondientes atenúan o minusvaloran el monto verdadero que percibe la familia, entendida como unidad económica total. 

De manera que las preguntas modificadas -con afinado colmillo experiencial del Inegi- supuestamente serían mejores “reactivos” para identificar y captar la suma real del ingreso obtenido por las familias más vulnerables del país. El Coneval respondió con un fuerte y airado reclamo a esta modificación, argumentando que la información así obtenida se hace incomparable con la de anteriores mediciones, a causa de dicho cambio metodológico. 

Esta discrepancia tuvo fuerte resonancia en Aguascalientes. Sólo que ya no se adjudicó únicamente al Inegi, como institución responsable de elaborar las estadísticas oficiales que se dio no una mera “libertad literaria”, sino que introdujo modificaciones al módulo de una de sus encuestas, el MCS/ Módulo de Condiciones Socioeconómicas. Esta impugnación se endereza citando algunos encabezados. La pobreza disminuyó 9.5% entre 2014 y 2015. 11 millones de mexicanos ya no son pobres, dejaron de serlo de pronto, sin aviso, milagrosamente. Tal vez sea la magia del cine o tal vez será que la pobreza no existe y son los papas” (¿?). Así consignó la resultante de la lectura de los nuevos resultados, el columnista de estas mismas páginas, José Carlos Sierra, en su escrito Verdades a medios (LJA. Miércoles, 27 de julio de 2016). Y extrae de ello su implacable juicio: El Estado ha encontrado la forma de resolver la pobreza sin la penosa necesidad de recurrir a prácticas extremas como acabar con la corrupción o ponerse a hacer su trabajo. Y añade: 

“Hay que agradecerles que se ahorraron las bardas para esconder a los pobres. Bastaron los medios, su incompetencia, su estupidez y sobre todo la falta de principios”, (en referencia a los medios locales de comunicación, Aguascalientes). Acusación tronante a la que dio cumplida respuesta la propia La Jornada Aguascalientes, en persona de Edilberto Aldán. (Nota que yo comenté en mi propio, ¿Retórica inútil? Sábado 30 de julio, 2016). 

El tremendismo aunado a esta vociferante interpelación, se atenúa un poco en el comedido y diplomático contrapunto del reporte del Centro de Estudios Monetarios: Las remesas en México equivalen a una cuarta parte de las remuneraciones de los trabajadores en la economía formal. La importancia que tienen para el consumo en las familias receptoras, sin embargo, es subestimada en la medición oficial de la pobreza en el país, sostiene un nuevo estudio. (Cfr.: Periódico La Jornada. Roberto González Amador. Medición de la…Ut supra). 

El constructo social que utiliza como argumento el autor Jesús A. Cervantes González se expresa así: Existe múltiple evidencia de que las remesas elevan los niveles de vida de las familias que las reciben y alivian la pobreza, plantea el especialista. Menciona que en nueve de cada 10 hogares beneficiarios de ese ingreso se emplea para cubrir gastos de manutención, seguidos por los de salud y educación. Además, en tres de cada 10 los envíos son la principal fuente de ingreso. 

Y como de soslayo, acredita en parte la tentación del Inegi en afinar y corregir la subinformación que le dan sus encuestados. Dice el estudio: Una de las razones de que la participación de las remesas en los hogares esté subestimada tiene que ver con la resistencia de las personas a informar sus ingresos, ya sea por razones de seguridad o porque no es fácil calcularlos, apunta. Y explica: Es una deficiencia detectada desde hace tiempo en varios países con encuestas similares y que también es tratada de corregir en México por el Inegi, afirma

Para luego indiciar flamígeramente el pecado: Esa diferencia entre las cifras arrojadas por el Inegi, que las levanta por medio de una encuesta, y las del banco central –que obtiene el monto de las remesas a partir de registros de las empresas financieras que participan en la transferencia– ha sido consistente por varios años, según el estudio. Que traduce en datos fehacientes: En 2018, año más reciente en que se levantó una ENIGH, el ingreso de los hogares reportado en esa encuesta fue equivalente a 2 mil 843 millones de dólares, monto que equivale a 8.44 por ciento de remesas registradas por el banco central

Lo cierto es que, ya de tiempo atrás, veníamos observando que: Cuatro de cada 10 mexicanos, el 42.9% no pueden alimentar a todos los integrantes de su familia a partir de los ingresos laborales que se generan en su hogar, y para hacerlo, recurren a formas alternas, como son: programas sociales, remesas e ingresos en especie y otros. Cito textualmente: “El indicador de pobreza salarial se encuentra en rojo, más rojo que nunca desde 2005”. Para Aguascalientes, el Índice Gini más alto ha sido el de 2008, con 0.478 puntos, seguido de 0.471 en 2010; para descender significativamente en los años recientes a 0.442 en 2012; pero, remontar de nuevo a 0.452, el pasado año de 2014. (Fuente: Eugenio Herrera Nuño, “Distribución y transferencias de ingresos”, que publica en su columna El Apunte, de este diario. Martes 11/08/2015), Lo que hace de la concentración desigual del ingreso el desafío más grave para el desarrollo de la sociedad y su fiel medición.

 

franvier2013@gmail.com 

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Francisco Javier Chávez Santillán

Francisco Javier Chávez Santillán

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