Opinión

Puño en alto / Debate electoral

Este mes, el de septiembre, se ha significado por el alto contenido de sentimiento patriótico que se respira. No es para menos, si consideramos que tanto el inicio de la guerra de independencia, como la culminación de esa lucha, son efemérides que transcurren dentro de los treinta días del mes.

La importancia histórica de este mes no está en duda. Tras la conquista española del Nuevo Mundo, el territorio que hoy ocupa México formó parte del Virreinato de la Nueva España, situación que a la postre derivó en conflictos sociopolíticos, por los cuales un grupo de criollos se sublevaron a la corona. Poniéndolo en perspectiva, el virreinato duró cerca de tres siglos, y este año, apenas, cumplimos doscientos nueve años como un país independiente, por eso la trascendencia.

En una nación que se precia de encontrarse pletórica de simbolismos, encuentra en la celebración de la arenga que proclama el Cura Hidalgo, el inicio de nuestro nacimiento como país. Ello no es cosa menor, pues el ser mexicanos nos da identidad. Tampoco ha sido fácil, pues, volvernos mexicanos, sobre todo en una nación que se construye todos los días a través de su cotidianidad misma. ¿Cómo sentirnos mexicanos si no es a través de símbolos que nos transmiten esa mexicanidad?

Un grito, una bandera, colores, un águila y una serpiente, mariachi y un tequila. Pozole, garnachas, papel picado, sobre todo en el centro del país, se estilan en las celebraciones de estos días. Se hace la distinción regional porque México es un país grande y diverso. A la par de sones jaliscienses, colimenses o nayaritas, también hay sones jarochos con arpa y jarana. Igual de mexicano (y sabroso) al maíz cacahuazintle está un buen cabrito norteño o unos salbutes yucatecos. En todo el país, niñas y niños rubios, morenos, altos o bajos, en los honores cívicos a la bandera durante el mes de septiembre, representan a las principales heroínas y a los próceres de la lucha armada insurgente.

Estos y otros símbolos son los que provocan que en la noche del 15 de septiembre, nos inunde un sentimiento de nacionalismo cuando en cada municipio, en las entidades federativas, y en la capital de la república, se representa el grito, y nos hace sentirnos un poco más mexicanos, aunque por múltiples razones no lo tengamos tan presente el resto del año. 

Aunado a lo anterior, un par de hechos azarosos han coincidido en el mes, que fortuitamente han despertado el nacionalismo de todo el país, no solo en la ciudad de México. Dos movimientos telúricos, a cual más fuerte, en 1985 y en 2017, pusieron a prueba el valor de la solidaridad de mexicanas y mexicanos que, heroínas y héroes anónimos, enviaron víveres y herramientas, o salieron a las calles a brindar el apoyo que requerían personas totalmente desconocidas caídas en desgracia, pero con esa condición que los hacía hermanos: eran mexicanos que necesitaban el apoyo.

Así, de una desgracia, nacieron nuevos símbolos para dotarnos en septiembre del recuerdo del ejercicio del valor de la solidaridad y del valor del patriotismo. Topos, especialistas en protección civil profesionales, o rescatistas que nunca en su vida habían empuñado una pala o un pico, ancianos brindando comida y niños acarreando cubetas con escombros en las medidas de sus posibilidades. Negocios ofreciendo café y comida gratis, vecinos convirtiendo sus aposentos como albergues temporales, Fridas y Humos rescatando vivos y despojos.

Pero ningún símbolo me demostró tanto como el puño en alto. Esa imagen quedó grabada en mí y en muchos más como señal de que cualquier cosa es posible. Es posible ponernos de acuerdo y callar una ciudad entera para escuchar mejor los posibles latidos de un corazón bajo los escombros. Es posible luchar contra las adversidades naturales o creadas a mano desnuda, bastando solo voluntad. Es posible vencer cualquier obstáculo que se ponga en nuestro camino, porque somos mexicanos, y eso nos hace encontrar soluciones cuando parecen no existir, y entonces celebrar, puño en alto.

Valoremos nuestra identidad, manifestemos nuestro orgullo por ser mexicanos todo el año, pero especialmente en el mes en que celebramos un aniversario más como país, y ante hechos que nos recuerdan que valores como solidaridad y patriotismo, a veces, van de la mano.

 

/LanderosIEE | @LanderosIEE

 

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Luis Fernando Landeros

Luis Fernando Landeros

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