Opinión

Yo quisiera aplaudirle / Disenso

El primero de julio del año pasado escribí sobre la profunda envidia que me despertaba ver a la gente salir a la calle, con espíritu triunfalista, con esperanza, con la sensación de haber conseguido un sueño largamente anhelado. Con la sonrisa de quien tiene plena seguridad que de todo irá bien. Yo no podía. Vaya que me hubiera gustado, pero no podía. Andrés Manuel López Obrador ha despertado en mí sospecha permanente desde hace muchos años. Me parece un político “brillante” sólo en el sentido de que encuentra cómo permanecer en la vida pública acaparando agenda y ganando adeptos de uno y otro lado (aunque con el costo de polarizar). No admiro que para ello constantemente espese sus verdaderas posturas, le de prórroga perpetua a los problemas que no le parecen dignos de atención, o incluso últimamente, con la cínica confianza que otorga el poder, se dé lujos socarrones como decir que es dueño de su silencio o que será “lo que diga su dedito”.

Puedo, de todas formas, suspender mi sospecha y conceder que coincidimos en ciertas cosas que me emociona coincidir con un dirigente político: compensaciones para con la clase históricamente vulnerada, justicia social, austeridad gubernamental, y en general redistribución con carácter social del ingreso. Yo no estaba feliz, pero estaba esperanzado, aquel primero de julio, a estar equivocado. No me gustó su discurso de campaña: el contenido claramente irresponsable que funcionaba muy bien para venderse como candidato pero que era claramente falso, o si se quiere ingenuo: “Desde el primero de diciembre se acabará la corrupción decía. Nadie va a robar porque el presidente no roba. El ejemplo bastará”. Esto lo dijo increpado por Gómez Leyva. Las críticas al periodista fueron masivas. Pero alguien tenía que decir que eso era falso. Probado está a la postre que el país no cambiaría de un día para otro. Porque, si se quiere, era obvio. Sin embargo, si alguien me promete que un artefacto me hará ahorrar el 80% de la gasolina y esto, aunque a todas luces sea imposible, se confirma, ¿no es una clara mentira?, y aún si fue con la mejor intención, ¿no es lógico estar desilusionado?

Yo quería estar equivocado, porque nadie podemos negar que el país necesitaba un cambio de rumbo. Que es insostenible la terriblemente injusta distribución de la riqueza. Yo quería estar equivocado porque creo que tenemos los medios para tener una mejor realidad. Porque creo que los números dan para que disminuyamos pobreza, que tengamos una sociedad más equitativa y que empecemos a hacer justicia por los horrores del pasado. Yo no estaba de acuerdo con la suspensión del aeropuerto, pero podría aceptar que se fortalecieran conexiones metropolitanas con otros, en vez de construir uno nuevo en otra parte, o que se buscara una salida donde los bonos y las cancelaciones no le tocaran al estado (permuta de permisos, por ejemplo); yo no estaba a favor de la refinería de Dos Bocas, pero entendía la importancia de limpiar Pemex y venderlo cuanto antes (mientras todavía valía económicamente y no sólo de manera simbólica para los que ven en el petróleo un extraño orgullo nacional); yo no estaba de acuerdo en el tren maya, pero aceptaría que se usara como medio de transporte de carga, no turístico, para reactivar la zona económicamente a través de mejor accesibilidad para muchos pueblos. Yo no estaba de acuerdo con que no se subieran impuestos: toda redistribución es más virtuosa con mayor recaudación; creo que se pudieron buscar estrategias de subsidios directos que ablandaran el golpe de un subidón: no hay más subsidio a gasolinas, pero ese dinero, pesos y centavos, va para un nuevo plan de movilidad pública. Impuestos a productos de lujo, captura de plusvalía, impuestos especiales a super riquezas. Todo eso creo, con el poder de convencimiento de López Obrador, pudo ser vendido al pueblo.



Pero también hay cosas en las que estoy claramente de acuerdo en fondo más no en forma: si había corrupción en las estancias infantiles, entonces lucha contra la corrupción, pero no dejes a madres sin esa opción. Yo estoy de acuerdo con combatir el huachicolero: pero si había robo de combustibles, entonces fortalece la obligación de que se facture cada litro comprado y cada litro vendido, en vez de generar desabasto y tener a buques detenidos en Veracruz. Yo estoy de acuerdo con que los jóvenes tengan una beca, incluso los que no estudian ni trabajan: pero transparenta tu padrón y los mecanismos para construirlo. Yo estoy de acuerdo en que se fortalezca la seguridad pública: pero no con una guardia paramilitar. Suscribo que deben revisarse las instituciones para estatales, pero no las debilites, porque garantizan un sano equilibrio de poder. Yo estoy de acuerdo que los valores morales son también importantes, pero no adoctrines, ni pienses que todo en la justicia pasa por la virtud. Yo estoy de acuerdo en que no se permita más la corrupción en la compra de medicamentos. Pero no dejes de comprarlos y distribuirlos.

Más allá de los seguidores casi sectarios es difícil ver cuál es el verdadero cambio que ha traído la 4T, es espeso el mecanismo y es oscura su evaluación. El avión presidencial ahí sigue, costando dinero al pueblo. Los refugios de mujeres quedaron debilitados y no hay nada aún que nos permita ver una estrategia para que las mujeres salgan del infierno en el que viven. La guardia nacional ha enfocado esfuerzos en cuidar la frontera sur, merced de no enfurecer a un vecino malcriado. Yo estoy de acuerdo en que haya más centros de educación (no sé si universidades, y tampoco sé cómo están funcionando ni cómo evaluar el impacto del 1% que podrían tener). No hay crecimiento económico porque se adquiere deuda pública, pero habría qué ver cuánto aumentó la deuda de las y los ciudadanos en este estancamiento de la economía. 

Pero yo quisiera aplaudir. De verdad quisiera, porque ante el cúmulo de malos presidentes en Latinoamérica, nada me llenaría más de satisfacción que sentir que mi país es una excepción. Que las cosas están cambiando para bien. Sí, ya lo escuchamos muchas, muchas veces: le dejaron un cochinero, pero eso él debía saberlo y luchó 18 años por estar al mando y corregirlo. Tener una actitud de víctima por algo que peleaste con tal tesón parece extraño. Veo en este “tercer” informe a un López Obrador que sigue en campaña, presumiendo más lo que hará que lo hecho. Espero fervientemente que el tiempo le alcance y le dé la razón.

 

/Aguascalientesplural | @alexvzuniga | TT CIENCIA APLICADA

 

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Alejandro Vázquez Zuñiga

Alejandro Vázquez Zuñiga

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